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Publicado en Oct 21, 2015 in Contra el cáncer, Medicamentos prometedores contra el cáncer, Suplementos y nutracéuticos contra el cáncer, Terapias alternativas contra el cáncer | 8 comentarios

Historias de supervivientes de cáncer avanzado y terminal I: Ben Williams o el triunfo del sentido común y la experimentación

Historias de supervivientes de cáncer avanzado y terminal I: Ben Williams o el triunfo del sentido común y la experimentación

Las historias de los supervivientes de cáncer avanzado o terminal nos revelan una realidad semejante y, a la vez, profundamente diferente a la que intenta ofrecer la medicina oficial.

Semejante, porque es cierto que el cáncer puede ser vencido, sin importar el tipo, el estadio o la gravedad.

Diferente, porque cuando eso sucede, suele ser porque el enfermo ha llevado a cabo medidas complementarias al tratamiento oficial, y ha aplicado una auténtica medicina integrativa: casi todos los supervivientes de cáncer avanzado o terminal comparten ciertas características comunes, que ya apunté en un post anterior.

Esas 9 características se hacen carne cuando les asignamos nombres y apellidos. Una fotografía, un rostro, una familia, un mundo personal que se ha visto acechado por la enfermedad y que ha sido vencida por la inteligencia y la determinación de un ser humano. No se me ocurre qué historia de superación (alejada de los lugares comunes con los que los gurús de la autoayuda nos bombardean) podría ser más aleccionadora.

Aunque no podemos verificar con certeza la veracidad de todas esas historias, es imposible que todo ellos sean unos farsantes, y muchos han aportado pruebas diagnósticas que certificaban la gravedad inicial de su enfermedad y las pruebas posteriores que contradecían el pronóstico funesto que los médicos les vaticinaban.

En esta nueva serie de artículos comprenderemos la extraordinaria utilidad de aplicar medidas heterodoxas; más aún, la determinante importancia de SER heterodoxos y evitar resultar aplastados por el pensamiento convencional, entendido en su acepción más pedestre.

En esta serie no sólo nos enfocaremos en lo que es semejante en las historias de supervivientes de cáncer avanzado y terminal, sino también en las diferencias, porque el panorama se hace aún más revelador: unos siguieron dietas cetogénicas, a veces estrictas y completamente carnívoras; otros, dietas eminentemente vegetarianas. Algunos consumieron lácteos, otros no. Algunos tomaron determinados suplementos, otros un listado bastante diferente. Algunos confiaron en cócteles de medicamentos convencionales, otros tan sólo en suplementos naturales.

Esa aparente diversidad de dietas me ha servido para comprender los puntos ocultos, comunes a todas ellas, que de verdad pueden ser la base de su efectividad y que desarrollaré en próximos artículos.

El éxito reflejado en estas historias de supervivencia a un cáncer terminal debería invitar a lanzar más hipótesis plausibles y a que los ‘científicos’ de salón comprendan que discutirlas no significa dejarse llevar por la vorágine del oscurantismo, sino todo lo contrario: abrir las ventanas al diálogo y a las pruebas clínicas a aquellas medidas que, realmente, están demostrando eficacia terapéutica potencial y real en casos contrastados, y no sólo a las que permitan obtener un beneficio económico.

Ben Williams

Ben Williams es el primero de esta lista y él sólo bastaría para justificar esta serie. Es el ejemplo más impresionante de determinación e inteligencia de entre las docenas de historias de supervivientes de cáncer terminal que he leído.

Ben es un paradigma de lo que significa ‘pensar fuera de la caja’ y de cómo el añadido de una buena dosis de creatividad consigue en multitud de ocasiones lo que la simple inteligencia académica es incapaz.

Y también el mayor ejemplo de que la medicina basada en la evidencia, con su esclavitud a las pruebas clínicas impide, en vez de favorecer, el avance de la medicina, por mucho que la mayoría del estamento médico, incluso sus componentes más progresistas, estén absolutamente convencidos de lo contrario.

En otro artículo explicaré el porqué de esta afirmación, que parece atentar contra lo más sagrado del método científico.

Ben era un profesor de psicología de la Universidad de San Diego, California, a quien hace 20 años, en 1995 y cuando contaba 50, le diagnosticaron un tumor cerebral del tamaño de una mandarina, que resultó ser un Glioblastoma Multiforme (un glioma cerebral letal al que los médicos denomina ‘Terminator’) y que no pudo ser removido en su totalidad con la cirugía. Se le aplicó también radioterapia, pero ésta no produjo ningún beneficio.

Los médicos le pronosticaron apenas unos pocos meses de vida, así que no tuvo más remedio que asumir la responsabilidad de su tratamiento.

Gracias al acceso que su puesto en la Universidad le franqueaba a estudios e investigadores, se volcó literalmente en recopilar todas las pruebas existentes de fármacos, no sólo antitumorales aún no probados, sino también otros prescritos para otras dolencias pero que habían demostrado en ciertas pruebas que tenían efectos anticancerígenos aunque nadie pusiera el dinero para llevar a cabo pruebas clínicas extensas.

Descartó la aplicación de ciertas terapias que en ese momento parecían prometedoras y decidió abordar el tratamiento siguiendo el siguiente enfoque:

  • El cáncer era una enfermedad sistémica, que debía abordarse de forma integral: había que usar los conceptos de sinergia y cóctel para atacar cada célula cancerígena desde todos los puntos bioquímicos posibles, combinando diferentes estrategias.
  • Aunque ese cóctel produjera considerables efectos secundarios, sería un tratamiento puntual para acabar con la mayor parte de las células cancerígenas, combinado con un tratamiento sistémico basado en cambios de vida.
  • Incluiría cualquier molécula, de cualquier procedencia, sin importar que fuera sintética o natural, a condición de que existiera algún indicio científico de su potencial terapéutico y los efectos secundarios fueran bajos o asumibles.
  • No esperaría a que se completaran pruebas clínicas de dichas moléculas para probarlas, porque no se llevarían nunca a cabo o tardarían tanto tiempo que para entonces él ya estaría muerto. Por lo tanto, debería contentarse con estudios de ciencia básica o preclínicos.

Es decir, un enfoque semejante al de este blog. Es apasionante conocer o leer acerca de alguna persona que ha alcanzado las mismas conclusiones que uno a partir de datos similares, porque esa confluencia indica que tal vez uno no esté loco.

Tras su estudio sistemático, decidió aplicar la quimioterapia existente en ese momento (BCNU y PCV, alternativamente) conjuntamente con otras drogas usadas para otras dolencias, en forma de cóctel y a la vez, en vez de usar el enfoque típico de la medicina: probar una droga primero, y cuando deje de funcionar aplicar otra, de forma lineal. Él en cambio decidió apostar por la sinergia.

Usó, por ejemplo:

  • Cloroquina, un fármaco contra la malaria
  • Celebrex, un antiinflamatorio no esteroideo
  • Accutane, empleada contra el acné.
  • Verapamil, un bloqueador del canal del calcio, prescrito para la hipertensión y la angina de pecho.
  • Tamoxifeno, quimioterapia usada contra el cáncer de mama.

También fue variando de quimioterápicos y combinando diferentes dosificaciones y calendarizaciones, mientras trataba de evitar los dolorosos efectos secundarios.

Adicionalmente cambió su dieta, eliminando la comida industrial y consumiendo grandes cantidades de brotes de brócoli, ajo y otros alimentos considerados por entonces anticancerígenos, y añadió múltiples suplementos: aceite de borraja, selenio, extracto de té verde, extracto de cardo mariano, PSK, etc, todo ello basado en estudios que certificaban, hasta cierto punto, su efectividad.

Los restos tumorales fueron disminuyendo hasta que, unos meses más tarde, un escáner certificó que estaba libre de cáncer, y esa situación ha permanecido inalterada a lo largo de los últimos 20 años.

Ya no toma ninguno de los fármacos, evidentemente, pero lo que no ha cambiado durante todo ese tiempo es la dieta y la suplementación.

El abordaje integral, sistémico y original de su tratamiento contra uno de los cánceres más letales, le permitió sortear un pronóstico que tan sólo le otorgaba unos pocos meses de vida.

Demostró cómo usar el conocimiento como una poderosa arma de salud, cómo desterrar los prejuicios y cómo pensar y actuar por uno mismo.

Lo ideal sería que pudieran obtenerse estos beneficios utilizando moléculas que no presentaran efectos secundarios (y eso sucederá con mayor probabilidad si se trata de moléculas no sintéticas), pero cuando uno padece un cáncer tan agresivo no puede andarse con medias tintas y, al menos a corto plazo, debe abordar el tratamiento con el arsenal disponible (a condición de que realmente pueda surtir efecto).

Puede leerse en inglés la historia de Ben Williams en la web de Virtual Trials, dedicada a informar acerca de los últimos tratamientos contra los tumores cerebrales.

Como consecuencia de sus investigaciones Ben publicó un libro, titulado: Surviving “Terminal” Cancer: Clinical Trials, Drug Cocktails, and Other Treatments Your Oncologist Won’t Tell You About ”Sobreviviendo a un cáncer ‘terminal’: pruebas clínicas, cócteles de drogas y otros tratamientos de los cuales tu oncólogo no te hablará”, en donde sugiere combinaciones de drogas, generalmente prescritas para otras dolencias, que podrían ayudar significativamente al tratamiento de los tumores cerebrales malignos.

Un tratamiento con un espacio muestral n=1 que prácticamente ningún médico tomará en consideración… salvo que él mismo padezca un Glioma.

También pueden leerse en la misma web de Virtual Trials varios documentos de extraordinaria calidad (todos ellos en inglés):

La historia de Ben es extraordinaria, y todas las historias extraordinarias inducen y catalizan otro tipo de reacciones y de reflexiones.

Este post no termina aquí, de hecho es el inicio no sólo de la serie de historias de supervivientes de cáncer avanzado o terminal sino de otros artículos que propondrán soluciones reales.

A partir de la historia de Ben Williams podemos extraer muchas reflexiones que nos ayuden a comprender el camino sin retorno hacia el vacío (para los enfermos) al que la actual forma de investigar nos está conduciendo y porqué la actual medicina basada en la evidencia es en realidad el sueño húmedo de las compañías farmacéuticas.

También comentaremos el caso de otro investigador extraordinario que propone más soluciones reales y efectivas fuera de la caja y un igualmente extraordinario documental.

Y lanzaremos propuestas con las que todos los enfermos podrán exigir a sus médicos que utilicen las herramientas a su disposición, porque jamás se llevarán a cabo pruebas clínicas extensas y la enfermedad no espera.

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Seguiremos informando.

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8 Comentarios

  1. Genial ! Te debo un mail

    • Ok, Marian 😉

  2. Hola Alfonso. Siempre sigo tus publicaciones tan interesantes. Hace poco vi este video donde hacia el final se habla del beneficio del ayuno para proteger al tejido sano antes de una quimioterapia.Me pareció interesante y lo comparto.Saludos

    https://www.youtube.com/watch?v=9jJc1lhJqps

    • Hola, María,

      El ayuno es una poderosa arma terapéutica, y hay indicios de que la quimoterapia es más efectiva cuando se aplica tras dos o tres días de ayuno. Igualmente el ayuno intermitente es una poderosa herramienta que podemos combinar con la dieta cetogénica. Mi idea es dedicarle al menos un post en el futuro

      Gracias por el enlace y un saludo

      Alfonso

  3. Mi mujer tiene los marcadores tumorales en cifras normales. Así mismo desde julio no aparece ninguna masa tumoral en el TAC (realiza un TAC trimestral). Está diagnosticada de cáncer de pecho HER2 +++ que el noviembre del año pasado hizo metástatis al hígado. Empezamos entonces una dieta similar a la que planteaba la Odile Fernández y con la cual evolucionamos paulatinamente a una cetogénica. Con una hora diaria de ejercicio físico diario. Y una suplementación similar a la que has planteado en algún otro post, pero con la inclusión de metformina y algún bloqueante natural de hidratos de carbono. Y sigue cada 21 días un tratamiento de monoclonales que le produce básicamente un cuadro limitado parecido a una gripe y aparición de acné. Y la pregunta es… ¿cuándo, en qué exacto momento, cualquiera de los supervivientes de cánceres saben que ya no están enfermos? Porque conozco la definición oficial de curación, pero no la de la curación no oficial. Puede parecer una pregunta tonta, pero… uno de los problemas que tenemos ahora es que el marco mental que determina el cáncer es tan jodidamente fuerte que sentimos siempre y en todo momento la espada de Damocles sobre nuestras cabezas,… a pesar que físicamente hacía tiempo que no nos encontrábamos tan bien (y hablo en plural porque lo de la dieta y el ejercicio lo realizamos de manera conjunta). Pues eso, físicamente bien y mentalmente acojonados,… ¿cuándo debemos considerar que hemos ganado? ¿Cuándo es razonable hacer este paso? ¿Cuándo lo hicieron los otros supervivientes? Un saludo.

    • Hola, Josep,

      La espada pende igualmente sobre nuestras cabezas, así que sabemos exactamente lo que sentís vosotros. Tu pregunta, por tanto, es muy válida, pero no tengo una respuesta, mejor dicho sólo puedo darte una respuesta basada en simple sentido común: cuanto más tiempo pase con la situación estable mejor os sentiréis. El propio Ben Williams dice que ahora raramente piensa en el tumor ni siente ya ansiedad cuando se hace una resonancia. Un glioblastoma es tan agresivo que su tendencia es a recidivar rápidamente y, si no lo hace, es probable que no lo haga más (aunque esa probabilidad siempre existe).

      Simplemente es cuestión de estadística e ‘instinto. Y de cuando un oncólogo mira de forma extraña al enfermo sin entender cómo sus pronósticos son desbaratados. Lo importante es entender que ciertos cambios del estilo de vida lo son para siempre. Una cosa es el tratamiento agudo y puntual, cuyo objetivo no es aplicarse siempre, y otra el sistémico, de base, enfocado en dieta, ejercicio y suplementos, la mayor parte del cual deberá formar parte de la vida de los enfermos y de su familia para el resto de su vida. Saber que funciona y aporta salud integral no sólo frente al cáncer puede ser un poderoso acicate.

      Espero que todo os vaya muy bien y un abrazo

      Alfonso

  4. Deseo saber si Ud. posee los libros del Dr. Warburg, o donde conseguirlos por favor. Guillermo

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