Vitamina C a altas dosis contra el cáncer I: historia, estudios y mecanismo de acción 1

Vitamina C a altas dosis contra el cáncer I: historia, estudios y mecanismo de acción

Este es el primer artículo de una serie dedicada a la Vitamina C contra el cáncer.

A lo largo de esta serie explicaremos su historia, su mecanismo de acción, los estudios que demuestran que debería haber sido objeto de pruebas clínicas extensas, cómo fabricar vitamina C liposomada de alta eficacia y porqué debería formar parte de toda estrategia anticáncer, integrada con la dieta y los suplementos.

Los reportes ‘anecdóticos’ (esto es, los testimonios directos de pacientes) sugieren que la vitamina C a altas dosis consigue con frecuencia, en combinación con otras terapias, aumentos de supervivencia considerablemente superiores a los obtenidos con los tratamientos convencionales y, en ocasiones, remisiones completas, todo ello sin apenas efectos secundarios.

En este artículo descubriremos la ciencia en la que se apoyan esas posibles remisiones. A pesar de que nadie ha puesto aún el dinero para probar su potencial con fiabilidad estadística, los datos previos la hacen merecedora de recibir mayor atención médica y mediática.

Lamentablemente, jamás verás publicada semejante noticia en un medio de comunicación ‘mainstream’.

Linus Pauling y la vitamina C

Linus Pauling fue un extraordinario bioquímico y biólogo estadounidense, considerado actualmente como uno de los fundadores de la biología molecular. Su aportación a la bioquímica es similar a la de Einstein a la física teórica, y es una de las cuatro personas que han recibido dos veces el premio Nobel.

Fue un versátil científico cuyas aportaciones multidisciplinares han permitido posteriores avances de extraordinaria relevancia, en diferentes campos. Su inteligencia original e inmune al prejuicio le permitió abordar estudios donde sólo le interesaba encontrar la verdad objetiva de carácter práctico, que supusiera un beneficio tangible para la humanidad.

Uno de sus estudios versaba sobre la vitamina C a altas dosis, como remedio y posible cura de múltiples dolencias, una especia de ‘llave maestra’ de extraordinaria eficacia potencial. Durante años, Pauling fue un firme defensor de su aplicación, pero no se limitó a los estudios teóricos, sino que realizó ensayos clínicos en pacientes de cáncer.

Pauling y su colega Ewan Cameron publicaron dos estudios, uno en 1976 y otro en 1978, donde afirmaban haber tratado a 100 pacientes de cáncer terminal a los que habían administrado unos 10 gramos al día de vitamina C, y decían haber conseguido aumentar más de 3 veces la media de supervivencia respecto al grupo de pacientes tratados con medidas convencionales.

Un subgrupo formado por un 10% de los pacientes había sobrepasado en 20 veces la media del grupo no tratado y la media de supervivencia tras el primer año alcanzaba el 22% para los tratados con vitamina C, frente a apenas un 0.4% para el grupo de comparación.

Dichos estudios atrajeron inicialmente la atención de los medios y la clínica Mayo emprendió entonces su propio estudio, para reproducir los resultados obtenidos por Pauling y Cameron. De los 3 estudios que emprendieron, todos concluyeron que la vitamina C ‘a altas dosis’, ‘no había aportado ningún beneficio’.

A partir de ese momento ése fue el dogma oncológico imperante: “la vitamina C no es efectiva como tratamiento contra el cáncer”. Hasta hace bien poco el estamento oficial ha repetido como un mantra esa proclama, y las webs creadas específicamente para denostar toda medida que se aparte de la norma se han encargado de recalcarlo hasta la saciedad.

Webs como la inefable Quackwatch: http://www.quackwatch.com/01QuackeryRelatedTopics/Cancer/c.html, que llega a afirmar también que la vitamina C tiene ‘significativos efectos adversos, como diarrea [sic], y fallo renal’.

Lo de la diarrea es cierto, cuando se sobrepasa la dosis máxima tolerada, pero ninguno de los estudios publicados han certificado que el ácido ascórbico produzca un fallo renal. Sí está contraindicada en pacientes con fallo renal previo, como lo estarían, en ese caso, otras muchas sustancias. Es un dato que no debería, en mi humilde opinión, escribirse a la ligera.

Creo que cualquier enfermo de cáncer con sentido del humor que haya probado la quimioterapia se reirá a mandíbula batiente si le dicen que lo peor que le provocará una terapia es una diarrea.

Atención a los posibles efectos adversos que sí puede acarrear

De lo que Qwackwatch no habla es de los efectos adversos reales que las altas dosis de vitamina C podrían ocasionar a un pequeño porcentaje de pacientes con determinadas características, tal vez porque no le interesa realmente aportar datos valiosos sino tan sólo desinformar: el trazo grueso de sus diatribas le impide profundizar con auténtico interés en aquello que denosta.

Deficiencia de enzima G6PD

Casi todo el mundo cuenta en sus glóbulos rojos con la enzima G6PD, que permite que la membrana de estas células se mantenga íntegra. La vitamina C a altas dosis crea un entorno prooxidante que podría destruir las membranas de los hematíes que carezcan de dicha enzima (hemólisis).

Aunque la deficiencia de enzima G6PD (glucosa 6 fosfato deshidrogenasa) sólo afecta, aproximadamente, a un 0.5% de la población (1 de entre 200 personas, y la mayoría de ellos ya son conscientes de su problema), sería conveniente que, en caso de que hayas decidido acudir a un centro de oncología integrativa para recibir terapia de vitamina C intravenosa, te asegures de que te realizan previamente dicha prueba. Lo mismo si has decidido ingerir vitamina C liposomada .

Sobrecarga de hierro

La vitamina C incrementa la absorción de hierro y podría producir sobrecargas cardíacas en pacientes con niveles de transferrina mayores del 40% y de ferritina mayores de 80.

En tal caso sería necesario emprender acciones para hacer descender dichos niveles, previamente a la aplicación de la vitamina C. Acciones como una donación de sangre o, en caso de estar tomando suplementos de hierro, consultar con el médico para decidir la conveniencia de ajustar la dosis o de suspender su aplicación.

Lisis tumoral

En tercer lugar, y aunque existen pocos casos en los que la vitamina C esté relacionada con ella, hay que tener cuidado con la lisis tumoral.

En realidad este proceso no es específico de la vitamina C a altas dosis sino de cualquier terapia que sea efectiva con excesiva rapidez. En ese caso, la muerte repentina de un gran volumen neoplásico produciría un volcado sanguíneo de desechos tumorales que podrían acarrear problemas graves como un fallo renal.

No obstante, esa situación es perfectamente controlable con medidas estandarizadas si se está preparado para afrontarla, pero debe ser un profesional de la medicina o un centro médico quien las aplique.

Debemos tener eso en cuenta si pretendemos tratar un cáncer con medidas ‘caseras’ como liposomas, si bien es muy difícil que dichas medidas tengan una efectividad rápida. Si bien la medicina convencional no ha encontrado ni encontrará a este paso ningún remedio para el tratamiento efectivo de las enfermedades crónicas, es la mejor para tratar procesos agudos y desbalances metabólicos puntuales como una lisis.

La lisis tumoral puede suceder también con el DCA o con cualquier otra medida realmente efectiva: los médicos saben que la lisis tumoral puede ocurrir en algunos tipos de tumor tratados con medidas convencionales, como por ejemplo algunas leucemias o linfomas, por tratarse éstos de los pocos cánceres realmente susceptibles de ser controlados con quimioterapia. En otros tumores, y con otras quimioterapias, hay pocas probabilidades de que llegue a producirse una lisis tumoral.

Mediciones confusas de glucosa

No es un problema del calado de los anteriores, pero supone una molestia para quienes controlan regularmente sus niveles de glucosa, bien porque sean diabéticos, bien porque estén siguiendo una dieta cetogénica contra el cáncer: la vitamina C es un análogo de la glucosa, así que muchos medidores que extraen y miden los niveles sanguíneos de las puntas de los dedos pueden dar medidas falsas de glucosa al confundirla con la vitamina C.

La desinformación que no cesa

Qwackwatch es el ejemplo de web corporativa, encubierta bajo la apariencia de cruzada solitaria y con escasos medios, dedicada a ‘desenmascarar fraudes’ que ‘pretenden engañar a los desesperados enfermos’. Al paternalismo típico frente a cualquier pensamiento crítico divergente con el paradigma oficial, se añade el desprecio a la inteligencia de los pacientes y a cualquier forma alternativa de abordar la enfermedad.

Lejos de ser un ‘simple’ medio de desinformación, tan antigua como el mundo, representa una manera de perpetuar malentendidos que suponen la pérdida de miles de vidas.

Porque, ¿Se realizaron los estudios de la clínica Mayo en igualdad de condiciones a los de Pauling? ¿Realmente replicaron sus métodos, con el objetivo de estar seguros de que los resultados obtenidos pudieran ser también comparables?

Si escarbamos un poco en los datos comprobamos que Pauling aplicó dosis intravenosas, mientras que la clínica Mayo sólo dosis orales no liposomadas. Hoy sabemos que la absorción oral típica (sin el uso de liposomas) es muy baja y no consigue elevar significativamente la concentración en plasma por encima de niveles terapéuticos, ni aumenta la disponibilidad celular.

En este estudio se recomienda no comparar resultados entre dosificación oral e intravenosa porque la dosificación oral no liposomada no consigue niveles terapéuticos. Algo que sí se alcanza con inyecciones intravenosas (y también, como veremos en otro artículo, con liposomas).

La vitamina C es una vitamina hidrosoluble, que se elimina con facilidad por los riñones cuando las concentraciones orales sobrepasan los 200mg. Es muy difícil elevar las concentraciones sanguíneas con formas orales convencionales de vitamina C (pero más sencillo si se conoce bien su comportamiento; en otro artículo abundaremos en ello)

Por lo tanto, los estudios de la clínica Mayo no reprodujeron en igualdad de condiciones los de Pauling, y alcanzaron conclusiones no comparables. Dichos estudios, tomados por el estamento médico como una especie de investigación definitiva que ‘cerró el caso’ se tratan, simple y llanamente, de mala ciencia (aquí no viene mal un buen subrayado) y a quienes basan sus conclusiones en ella, de Magufos.

Magufos oficiales, pero magufos, los mismos que están acostumbrados a aplicar ese término despectivo a los demás, justo a quienes no se atienen completamente a la famosa ‘medicina basada en la evidencia’, un concepto cuyo objetivo aparentemente respetable produce abundantes manipulaciones, y cuyas costuras deshilachadas serán el tema de un artículo futuro.

Otros estudios

Pero sigamos avanzando y supongamos que hay un empate. Necesitamos más datos que arrojen luz respecto a la efectividad de la vitamina C a altas dosis contra el cáncer.

De entre todos los estudios in vitro que se han llevado a cabo, seleccionaremos tan sólo estos, como ejemplo, (existen muchos más):

En este estudio, de 1993, se demostraba la eficacia selectiva del ascorbato contra las células tumorales.

En este otro se puso a prueba de nuevo su eficacia y la sinergia que se establece entre el ácido ascórbico y moléculas bloqueadoras de la glucólisis.

En este estudio un equipo coreano aplicó 10g de vitamina C intravenosa dos veces cada 3 días, más una dosis suplementaria oral, a 39 pacientes de cáncer terminal. No se enfocaron en la efectividad, sino en la posible mejora que inducía en su calidad de vida.
Dicha mejora fue significativa en todas las puntuaciones relativas a desempeño físico, emocional y cognitivo.

En esta revisión sistemática de la eficacia de la vitamina C, enfocada en tumores de la cavidad oral, el departamento de Patología Maxilofacial del colegio dental de Chennai, en la India, comentan que “…la vitamina C ha probado su efectividad como un poderoso agente citotóxico en células neoplásicas orales, sin aparentes daños en las células normales”

En este estudio japonés, se realizó una revisión de lo publicado hasta la fecha (2009), al considerar que pese a que “la vitamina C tiene una controvertida historia en el campo del tratamiento del cáncer, recientes evidencias indican que el ascorbato merece ser reexaminado como herramienta anticáncer”.

Y concluyeron que, pese a la falta de evidencias irrefutables, aunque tan sólo se lograse la mejora de un pequeño número de pacientes ya merecería ser considerada, sobre todo debido a su relativamente bajo coste de la vitamina C intravenosa comparado con la quimioterapia, y a que presenta, tal vez, “el perfil de toxicidad más bajo de entre todas las vitaminas” (no aparece por ninguna parte el famoso ‘fallo renal’ del que habla Quackwatch).

En toxicología se denomina DL 50 a la Dosis Letal mediana, esto es, a la dosis de una determinada sustancia o radiación necesaria para matar al 50% de un conjunto de animales de prueba.

Algunos ejemplos de DL 50 de algunos venenos y también de sustancias cotidianas:

  • Toxina botulínica – 1nanogramo/kg (estimado)
  • Gas sarín – 17.23 nanogramos/kg
  • Cafeína – 192 mg/kg
  • Aspirina – 200 mg/kg
  • Paracetamol – 1944 mg/kg
  • Sal de mesa – 3000 mg/kg
  • Etanol – 7060 mg/kg
  • Vitamina C – 11900 mg/kg

Por lo tanto nos encontramos con una sustancia de extraordinario perfil de seguridad, una vez realizadas las pruebas que descarten la deficiencia de la enzima G6PD y la sobrecarga de hierro.

Podríamos seguir acumulando estudios que demuestran la efectividad potencial de la vitamina C, pero entonces este artículo alcanzaría las 20.000 palabras al menos.

Espero haber demostrado que los datos previos hacen merecedora a la vitamina C de ser sometida a ensayos clínicos extensos, tal y como se han venido aplicando a moléculas sintéticas de mucha menor eficacia potencial y mucha mayor toxicidad, que conforman el grueso de las terapias ‘modernas’.

Ensayo clínico

Pero, sobre todo: en esta prueba clínica en fase I-II realizada en Montreal, Canadá, se enrolaron a 14 pacientes con cánceres avanzados y bajas probabilidades de que la quimioterapia en solitario pudiera producir una mejora. La vitamina C se administró de forma conjunta al protocolo de quimioterapia.

Aunque el ensayo clínico no buscaba probar fuera de toda duda la eficacia anticáncer del ascorbato de sodio (el número de casos era demasiado bajo y la heterogeneidad del historial de tratamientos de los pacientes era demasiado alto), el estudio concluyó que:

  • El tratamiento no fue tóxico para ningún participante, y sólo experimentaron algún efecto leve: nausea, dolor abdominal, aunque hay que recordar que muchos de los efectos podrían ser debidos a la quimio.
  • De los 14 pacientes, 2 empeoraron al inicio del tratamiento y no pudieron continuar, aunque su empeoramiento no fue atribuible a la vitamina C.
  • De los 12 que continuaron, 6 de ellos no obtuvieron ninguna respuesta a la vitamina C.
  • Los otros 6 experimentaron mejoras significativas y una estabilización de la enfermedad
  • De esos 6, las mejoras de 3 fueron permanentes.

Es decir, un 50% de mejora en cánceres avanzados, para los cuales la quimioterapia en solitario no albergaba esperanzas significativas. De este 50%, otro 50%, es decir, un 25% del total, estabilizó su enfermedad.

El otro 25%, que alcanzó estabilizaciones largas pero inestables, se trataba de 3 casos con cánceres típicamente resistentes a la quimioterapia, que deberían haber muerto poco después de iniciarse el tratamiento.

Sé que estos porcentajes no pueden ser en absoluto extrapolables. El propio estudio reconoce sus debilidades, y que resulta imposible deducir con seguridad estadística a partir de él un patrón de aplicación y una probabilidad de mejora, pero los resultados, pese a proceder de una cohorte limitada de pacientes, son extraordinarios y deberían invitar, cuando menos, a plantear nuevos estudios clínicos con un mayor número de participantes.

El propio estudio arroja luz acerca de sus intenciones: hacer salir del oscurantismo a una terapia ampliamente utilizada por oncólogos integrativos, pero que es sistemáticamente ignorada por los oncólogos oficiales:

“The present study neither proves nor disproves IVC’s value in cancer therapy, but it provides practical information, and indicates a feasible way to evaluate this plausible but unproven therapy in an academic environment that is currently uninterested in it. If carried out in sufficient numbers, simple studies like this one could identify specific clusters of cancer type, chemotherapy regimen and IVC in which exceptional responses occur frequently enough to justify appropriately focused clinical trials”

[quote]Traducción: este estudio no prueba la validez o invalidez de la Vitamina C intravenosa como terapia anticáncer, pero provee información práctica e indica una manera de evaluar esta plausible pero no probada terapia en un ambiente académico que actualmente no está interesado en ella.
Si se lleva a cabo con un número suficiente [de pacientes], estudios como éste podrían identificar grupos de tipos de cáncer, regímenes complementarios de quimioterapia y de vitamina C cuyas respuestas excepcionales ocurren con la suficiente frecuencia como para justificar apropiadas pruebas clínicas.[/quote]

¿Puede deducirse que la vitamina C a altas dosis sea una cura contra el cáncer? Por supuesto que no, pero hace sospechar que sí puede conseguir remisiones completas en algunos casos, una mejora significativa en tiempo y calidad de vida en otros y -extraordinariamente importante- es una medida de gran seguridad que no aporta más dolor a quienes no consiga ayudar. En realidad las pruebas sugieren que, allí donde no pueda alargar la vida, la vitamina C sí podría mejorar su calidad, y creo que todos podemos estar de acuerdo en la importancia de ese hecho.

Además, el ensayo clínico sólo ponía a prueba la vitamina C como tratamiento complementario a la quimioterapia, sin otras medidas adicionales. Los casos anecdóticos de remisiones completas tienen, casi siempre, el denominador común de la sinergia (algo que no me canso de recalcar), múltiples acciones terapéuticas aplicadas a la vez, que se refuerzan unas a otras, y que producen un efecto multiplicador contra el cáncer: dieta más suplementos más vitamina c más un largo etcétera. Es muy probable que el efecto terapéutico de la vitamina C se hubiera incrementado extraordinariamente de haber aplicado a la vez algunas de dichas medidas.

Además de los estudios científicos, es necesario consignar los casos ‘anecdóticos’: casi todos los días, en infinidad de lugares de todo el mundo, muchas personas consiguen que su enfermedad, considerada incurable por la medicina, remita radicalmente.

Otros casos menos espectaculares consiguen sobrevivir, con excelente calidad de vida, 3 o 4 veces más de lo que las estadísticas oficiales habían estipulado.

Y por supuesto, y por desgracia, hay muchas otros que no lo consiguen, esto no es una oda banal a lo ‘alternativo’ (lleno de unos y ceros y con total ausencia de matices), sino sólo un intento por que el sentido común se abra paso.

Por lo tanto, no sabemos si la vitamina C puede ser un tratamiento efectivo para todos los enfermos de cáncer, pero los indicios previos nos permiten establecer las siguientes hipótesis:

[quote]La vitamina C a altas dosis contra el cáncer es un tratamiento muy seguro, susceptible de producir remisiones completas en un porcentaje indeterminado de pacientes, mejoras significativas en otros y una mejora generalizada de su calidad de vida.
Esas hipótesis de partida merecen ser puestas a prueba en estudios clínicos extensos que produzcan datos con fiabilidad estadística. [/quote]

Y, por supuesto, es totalmente razonable que un enfermo de cáncer decida someterse a un tratamiento de vitamina C a altas dosis pese a no estar comprobada su eficacia, debido a su alta seguridad, sus leves efectos secundarios y la posibilidad plausible de que le permita mejorar su condición.

Si alguien considera que tras estas hipótesis (que no aseguran nada, sino que tan sólo solicitan que la famosa ‘medicina basada en la evidencia’ actúe y la ponga a prueba), hay tan sólo una ‘magufada’ o una ‘aseveración anticientífica’, estaremos seguros de que se trata de un cínico o de un necio.

Mecanismo de acción de la vitamina C a altas dosis

Aunque no hay datos concluyentes que certifiquen porqué la vitamina C muestra actividad anticáncer, parece estar implicada en mecanismos terapéuticos diversos, que tal vez ejerzan una acción combinada y sinérgica.

Refuerzo de la matriz extracelular

Uno de los paradigmas que están cobrando fuerza en la actual investigación del cáncer tiene como objetivo reforzar la matriz extracelular, esto es, el material cohesivo donde ‘flotan’ las células, y que conforma un sostén estructural para los tejidos del organismo.

Una de tantas características específicas de las células tumorales (de TODAS ellas, no importa el tipo de cáncer, y volvemos a encontrar otro rasgo común que desmiente eso de que el cáncer son ‘más de 200 enfermedades’) es su capacidad de producir enzimas hidrolizantes, sobre todo hialuronidasa. Dichas enzimas ‘licuan’ la matriz extracelular y permiten el avance de las nuevas células tumorales que conforman el tejido neoplásico.

Ingerir las vitaminas y aminoácidos que permitan construir eficazmente colágeno y, por tanto, ‘cementar’ la matriz extracelular, implicaría levantar una muralla física frente al avance del tumor. En otro artículo hablaré del importante papel que juegan aminoácidos como la glicina o la lisina en dicha ‘cimentación’.

La vitamina C es uno de los componentes básicos para la fabricación de colágeno. No solo eso, sino que interviene en la fabricación de IFH (inhibidor fisiológico de la hialuronidasa), lo que conlleva un ataque doble contra el tumor: resistiendo físicamente su avance y debilitando su arsenal químico hidrolizante.

La vitamina C se emplea como recurso múltiple frente a cualquier ataque: heridas, infecciones o tumores. Ésa es la razón por la cual los niveles de vitamina C de los enfermos de cáncer pueden decaer peligrosamente debido a sus requerimiento aumentados, hasta provocar un escorbuto funcional, con síntomas similares: pérdida de tejido conectivo debido al ataque, por parte del tumor, de una matriz extracelular incapaz de mantener su solidez y sin vitamina C que inhiba la producción de hialuronidasa.

Mientras que la mayoría de los animales conservan la capacidad de producir vitamina C de manera endógena, a partir de la glucosa, como respuesta a dichos ataques, los seres humanos carecemos de la enzima que convierte dicha glucosa en vitamina, y necesitamos un aporte externo por medio de la dieta (aunque informes muy recientes hablan de que el cuerpo humano sí podría sintetizarla en determinadas condiciones).

Una razón más para atender a los requerimientos de micronutrientes, y no sólo a los porcentajes de macronutrientes, como hemos hecho hasta ahora en la serie dedicada a la dieta cetogénica contra el cáncer.

Por esa razón, en el futuro completaré la serie con más artículos que abordarán el consumo adecuado de aminoácidos y micronutrientes hasta alcanzar lo que creo puede llegar a ser una dieta anticáncer definitiva y optimizada.

Refuerzo del sistema inmune

Desde hace muchos años se viene sospechando acerca del papel protector de la vitamina C frente al resfriado común (y frente a todo tipo de infecciones en general). Un hecho que parece nimio, pero que debe ser considerado con perspectiva: toda la ciencia del mundo ha sido de momento incapaz de afrontar esa ‘simple’ infección leve, que produce enormes pérdidas materiales acumuladas en todo el mundo en forma de bajas y descensos productivos.

De entre la ingente cantidad de estudios dedicados a demostrar el papel de la vitamina C en el refuerzo del sistema inmune podemos destacar los siguientes:

Un estudio que demuestra que la vitamina C promueve la maduración de los linfocitos-T , o este estudio que puso a prueba con éxito una encapsulación liposomal de vitamina C para el tratamiento de la leishmaniosis visceral.

En este estudio del año 2015 se describe un nuevo mecanismo por el cual la vitamina C podría proteger frente a las infecciones.

Efectos antiangiogénicos

En algunos estudios se ha comprobado que la vitamina C tiene efectos antitumorales incluso a concentraciones en las cuales no tiene efecto citotóxico directo mediante la generación de radicales de oxígeno (que explicaremos más adelante), y se ha atribuido su capacidad terapéutica a la inhibición de la angiogénesis tumoral.

En este estudio in vitro se comprobó que la alta concentración de ácido ascórbico induce un poderoso estado antiangiogénico, y en este estudio coreano se inhibió el crecimiento en ratones de sarcomas por la vía de impedir el desarrollo angiogénico del tumor, tras la aplicación de altas dosis de vitamina C.

Agente quelante y desintoxicante

La vitamina C parece exhibir un efecto antagonista contra diversas toxinas y también evita gran parte de los efectos secundarios de la radiación:

Los oncólogos oficiales tienen miedo de la interacción de la Vitamina C con la quimioterapia, aunque por razones equivocadas: consideran que la vitamina C siempre es un antioxidante y puede neutralizar los efectos oxidantes de la quimio.

Trataremos esa cuestión en el siguiente artículo, pero en realidad el posible “peligro” está en la capacidad demostrada del ácido ascórbico para neutralizar venenos. Y la quimioterapia es un potente veneno.

Dicho efecto puede sortearse aplicando la quimio horas antes de la vitamina C, y aunque los niveles incrementados de ácido ascórbico en sangre pueden proteger al cuerpo sano, hay casos reportados de remisiones aplicando la quimio a dosis bajas más vitamina C a dosis altas.

Citotoxicidad directa mediante peróxido de hidrógeno

La vitamina C presenta siempre actividad antioxidante, neutralizando radicales libres de oxígeno, pero también, a dosis elevadas, tiene una poderosa acción prooxidante con efectos citotóxicos que se limitan, casi exclusivamente, a las células neoplásicas.

En este interesante estudio del año 2015, la Universidad de Iowa ha revisado el mecanismo citotóxico directo de la vitamina C aplicada de forma intravenosa a altas dosis, demostrando que, si bien a bajas dosis la vitamina C muestra una clara acción antioxidante, las dosis altas en presencia de iones metálicos (de hierro o cromo) provocan la aparición de peróxido de hidrógeno. Los iones hidrógeno que quedan libres producen un alto estrés oxidativo, limitado casi exclusivamente a las células tumorales.

Una breve digresión: la vitamina C como paradigma

El caso de la vitamina C es un epítome perfecto de lo que es el mundo: una sustancia que demuestra su efectividad a diario y que acumula pruebas aplastantes (ojo, de su potencial, porque lamentablemente nadie pone el dinero para llevar a cabo pruebas clínicas extensas), pero que es sistemáticamente bloqueada y ridiculizada por un mundo oficial sometido a partes iguales a una mezcla de estupidez y simple maldad.

La maldad de quienes necesitan mantener su margen de ganancias; la estupidez de una masa crítica de ciudadanos dotados de la suficiente inteligencia como para medrar, pero no la suficiente como para comprender que sólo protegen a sus verdugos.

Me ha llevado muchos años concluir que la “conspiranoia” es una triste realidad y no una invención, y que una simple fábula infantil, la del Traje nuevo del emperador, explica con certeza este mundo postindustrial que ha venido creciendo a partir de los años 70 del siglo XX y que nos conduce directos al abismo de la especie.

¿Qué más hace falta para que el sentido común despierte? Sencillo: que un medio de comunicación de masas, el que sea, arranque el motor y haga que la reacción en cadena se ponga en marcha.

Tal y como está construido el mundo es muy difícil que eso suceda, pero quien maneja los hilos del poder sabe bien que éste puede ser volatilizado si el conocimiento alcanza a una masa crítica de ciudadanos.

Son pocas las personas bien informadas, y su potencial está convenientemente neutralizado por el tiempo que deben dedicar a pagar sus créditos y sus hipotecas. Quienes de verdad marcan la diferencia son el grupo de ciudadanos indiferentes a todo, cuyas principales aspiraciones vitales son llegar a fin de mes, ver un partido por televisión y no ser molestados con pensamientos extemporáneos pero que, de ser expuestos a la suficiente carga informativa adecuada podrían inclinar la balanza hacia el bien común, siempre y cuando ellos mismos obtuvieran alguna ventaja.

El poder sabe que debe controlar eficientemente cómo la información es suministrada al pueblo, porque son conscientes de su debilidad y de que la bola de nieve, una vez lanzada ladera abajo, es muy difícil de detener. Por esa razón la desinformación debe permanecer siempre vigilante y mantener a la plebe en su redil, estúpida y conforme con su suerte.

Han conseguido que una palabra reservada al ámbito de la bioquímica como “Colesterol”, pertenezca al vocabulario de cualquier persona, analfabetos inclusive, porque el marketing así lo ha querido. Pero con artes similares podremos conseguir que otras palabras, éstas sí ligadas al ámbito del bien común, se instalen en el número suficiente de seres humanos como para que la reacción en cadena se ponga en marcha.

Sólo hay que observar las reacciones airadas y las manipulaciones gruesas de los psicópatas que nos gobiernan y nos controlan (en múltiples países y desde instituciones diversas, no sólo me refiero al gobierno ejecutivo) para comprender que son conscientes de su debilidad y necesitan atajar cualquier conato de rebelión en forma de pensamiento crítico o divergencia de la doctrina oficial, sea de la forma que sea.

Por esa razón buena parte de los medios de todos los países son clones del pensamiento oficial y el periodismo ha pasado a convertirse en muchos casos en un vergonzoso ejercicio de adoctrinamiento panfletario.

Y por esa misma razón desde hace tiempo me acojo a esta norma: escucha a los heterodoxos, a los apartados del sistema, a los apestados a quienes todos consideran locos. Escúchalos al menos. No te creas nada, pero no deseches nada. Reflexiona y dedica una parte de tu día a salir de tu jaula mental para dejarte infectar por ideas de quienes la mayoría se burla.

Haz caso a Mark Twain cuando escribía: “Cada vez que comprendas que estás en el lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. Y también que “Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”.

43 Comments

  1. M 7 octubre, 2015
  2. Nerjeño 7 octubre, 2015
    • Alfonso Fernández 7 octubre, 2015
  3. Saúl Amparán Estrada 8 octubre, 2015
    • Alfonso Fernández 8 octubre, 2015
  4. medinaconde@gmail.com 8 octubre, 2015
    • Alfonso Fernández 8 octubre, 2015
  5. Campillero 8 octubre, 2015
    • Alfonso Fernández 8 octubre, 2015
  6. Elizabeth Hernández 9 octubre, 2015
    • Alfonso Fernández 9 octubre, 2015
    • Carlos 14 octubre, 2015
      • Alfonso Fernández 15 octubre, 2015
  7. Cipriano Jose 6 noviembre, 2015
    • Marina 21 noviembre, 2015
      • Alfonso Fernández 22 noviembre, 2015
      • Marcelo 23 septiembre, 2016
  8. victoria 7 diciembre, 2015
    • Alfonso Fernández 8 diciembre, 2015
    • Pierre 27 abril, 2016
      • Alfonso Fernández 27 abril, 2016
    • Javier 5 diciembre, 2016
  9. Pierre 29 abril, 2016
    • Alfonso Fernández 1 mayo, 2016
  10. MIMI 23 junio, 2016
    • Alfonso Fernández 23 junio, 2016
      • Carlos 30 julio, 2016
      • Alfonso Fernández 30 julio, 2016
  11. Javier 5 diciembre, 2016
    • Alfonso Fernández 5 diciembre, 2016
      • Javier 6 diciembre, 2016
  12. Josep Climent 28 diciembre, 2016
    • Alfonso Fernández 28 diciembre, 2016
  13. Cristina 26 enero, 2017
    • Alfonso Fernández 26 enero, 2017
  14. isma 30 marzo, 2017
    • Alfonso Fernández 30 marzo, 2017
  15. Patricio Pino 26 diciembre, 2017
  16. Dr:Manuel Guajardo Jáquez 25 enero, 2018
  17. Fernando Nuñez Miranda 17 agosto, 2018
  18. Cesar 5 octubre, 2018
  19. A .C.H. 19 octubre, 2018
  20. Antonio 28 noviembre, 2018

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