el cáncer como enfermedad metabólica
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Publicado en Nov 29, 2012 in Personal | 6 comentarios

¡Viva el mal!, ¡Viva el capital!

¡Viva el mal!, ¡Viva el capital!

Cuando se comprende que una de las mayores ironías que uno ha oído en la vida ha salido de la boca de la Bruja Avería, entiende al fín el dadaísmo. Dadá es la vida. Dadá nos rodea.

Temodal es el nombre comercial de una molécula llamada temozolamida, patentada por una empresa farmacéutica, y que actualmente es el tratamiento estándar para los gliomas cerebrales, el tipo de cáncer cerebral más común.

Gracias al alegre empleo de la palabra tratamiento la gente corriente suele asociarla al sustantivo curación. En la mente de la gente de la calle subyacen unas pocas ideas que emplean para consolarse, gracias al martilleo constante de los medios de comunicación y sus revistas médicas: “cada año se avanza más en el tratamiento”,”es un camino duro y difícil, porque el cáncer presenta una enorme complejidad”, “si seguimos por este camino, en unos años alcanzaremos una cura”.

Pero la gente no acude a las hemerotecas para comprobar que, hace veinte años, se publicaban esas mismas frases clónicas, y ya entonces consiguieron lo mismo que ahora, lo mismo que el resto de frases que el 90% de los periódicos publican: amansar, impedir la reflexión, impedir la rebelión, hacer que la masa permanezcca en su estado latente, siempre infeliz y al borde de la quiebra, nunca definitivamente hasta las narices.

El poder, todo poder, conoce la utilidad de cualquier placebo mental que aporte esa ilusionante y estéril esperanza puesta en los otros , y que permita eliminar cualquier responsabilidad personal, que permita implantar el tan socorrido: “una sola persona ¿qué podría hacer? ”.

Pero leer un poco de historia permite comprender que sólo personas concretas, casi en soledad, consiguieron aportar una visión individual extraordinaria de la que el colectivo se ha beneficiado con sumisión. El mundo aparece dividido entre quienes sacrifican su felicidad por los demás y la de quienes la aprovechan para ser a su vez felices.

Temodal

Un ciclo estándar de Temodal a dosis máxima cuesta unos 1800 euros. Los 6 ciclos estándar cuestan, por tanto, 10.800 euros por paciente.

Temodal en solitario no cura ningún glioma. Voy a volver a repetirlo: Temodal no cura NINGÚN glioma.

Pero ¿Hay alguien que se haya curado, o que haya vivido un número de años que ningún médico habría asegurado ni en sueños? Sí: quienes han investigado individualmente por su cuenta, han aplicado otras terapias y han cambiado íntegramente de vida, de arriba abajo. Generalmente médicos o profesores universitarios con acceso a investigaciones de toda índole.

Qué casualidad.

La esperanza media de vida para un paciente con Glioblastoma Multiforme sin aplicar Temodal es de 12 meses. Con Temodal, de 14. Dos meses más de vida, casi la mayor parte de los cuales el enfermo se los pasa sufriendo los efectos secundarios de la quimioterapia.

Cuando Temodal se combina con radioterapia la vida media sí aumenta de forma más significativa.

Melatonina

Pero, según un par de estudios con un número limitado de pacientes, si en vez de Temodal se aplica junto con la radioterapia una dosis de Melatonina –una hormona que el cuerpo humano segrega naturalmente mediante la glándula pineal, situada en el centro del cerebro- la eficacia de la radioterapia es aún mayor que si se emplease Temodal. A veces mucho mayor, de varios órdenes de magnitud.

¿Cuánto costaría ese tratamiento de melatonina? 10 euros al mes. Voy a volver a repetirlo: 10 EUROS AL MES. ¿Qué efectos secundarios tienen la melatonina? No se conoce ninguno.

La eficacia antitumoral de la melatonina está fuera de toda duda, avalada por decenas de estudios científicos de ciencia básica y aplicada.

Melatonina estuvo prohibida durante años, incluso aunque su uso primordial consistiese en regular los ciclos de sueño y mitigar los efectos secundarios del jet-lag. Hace dos se permitió su uso de nuevo y su libre venta en herbolarios. Ahora, vuelven a aparecer las restricciones, señal inequívoca de que su efecto es demasiado bueno. Se dice que “es que es una hormona”, como si eso dijese algo, como si eso aportase alguna información para quien no permita ser manipulado.

La industria

La industria farmacéutica obtiene al año 700.000 millones de euros de beneficios. Es el negocio legal más lucrativo, creo que tan sólo por detrás de la venta de droga. Eso solo ya da para fabricar jugosas ironías y metáforas.

El 90% de su investigación se destina a paliar enfermedades de países ricos. Y el 10% restante a enfermedades endémicas pero presentes sólo en países pobres, que no pueden pagar un tratamiento, sea cual sea el precio de éste.

Oigo que alguno se pregunta: no son ONGs, son empresas privadas. Deben obtener un rendimiento económico.

Y yo contesto: sí, pero no tienen derecho de hacer valer su opción terapéutica como la única válida. No tienen derecho a intimidar a los gobiernos para que adopten su única visión consistente en aumentar algo la esperanza de vida, sin pretender, ni por asomo, curar, porque entonces eliminarían aquello de lo que viven, que es, digámoslo de una puñetera vez, el sufrimiento humano. No tienen derecho a someter a cualquier terapia que se revele mínimamente válida por la vía de campañas de márketing, compra de noticias en periódicos, cualquier clase de guerra sucia que la mente humana sea capaz de imaginar. ‘El jardinero fiel‘ de John Le Carre es, además de una excelente novela, una versión aparentemente dura, pero seguramente edulcorada de la realidad.

36 millones de seres humanos son portadores del virus del SIDA. De ellos, 26 millones habitan en el áfrica subsahariana. Quienes viven en países ricos vivirán muchos años sin padecer síntomas. Pero muchos de los africanos desarrollarán la enfermedad y morirán tras haber experimentado una degeneración torturante y demoledora, porque no podrían pagar ni el envoltorio de un tratamiento de un día.

Los beneficios de las grandes compañías farmacéuticas revierten, fundamentalmente, como en todas las compañías del mundo mundial, en unos pocos accionistas privilegiados. ¿Cuántos pueden ser? ¿100?, ¿1.000?, ¿10.000? Me importa un bledo, los que sean. Sólo con reducir su margen de beneficios en un 10% casi todos estos 26 millones de personas estarían salvadas. Y la repercusión en el nivel de vida de los accionistas tal vez consistiría en tener que desestimar la compra de un sexto Porsche. Eso es ética y el resto tonterías.

Y la clase media de EEUU, principal perjudicada por la política psicopática de ese país en materia de sanidad, es manipulada sin rubor y, como reses bovinas sin criterio, se muestran temerosas de que se les quiten unos derechos de los que, en realidad, ahora ya carecen, que son sólo entelequias. La realidad es que la reforma sanitaria que Obama propone -por fin un presidente con la valentía de un ser humano que merezca llamarse tal- sería una debacle para esas empresas si saliera adelante totalmente, y sus directivos no podrían comprarse una tercera residencia en las Islas Caimán.

Pero en ese juego de apariencias uno pierde lo que es, de manera simétrica a como el mundo se pierde con cada giro sobre si mismo, y su sensación de que la gente está donde merecen sus méritos.

En realidad la mayoría de la gente está donde la lotería de sus circunstancias manda, sumada a su capacidad para contemporizar sin crítica. Un alto directivo de una empresa farmacéutica suele ser, fundamentalmente, un estudiante que perseveró, que se dedicó a permanecer y ascender tratando de tragar sin sobresaltos todo semen corporativo que le llegase a la boca, y poseyendo la solitaria idea de que él no es responsable de pertenecer a una maquinaria que no ha fabricado y que, si está corrompida, no es por su culpa ni por su responsabilidad. Una manera como otra cualquiera de decir que chupar pollas sale a cuenta.

Constantemente leo posts en foros donde ingenieros o tipos con mente de ingeniero hablan de los conspiranoicos (aquellos que ven conspiraciones por todas partes) y defienden también la importancia del método científico, como si una cosa tuviera que ver con la otra. Vienen a decir que las farmacéuticas sí aplican ciencia y que ésta debe ir despacio porque aplica, paso a paso, el método que se ha demostrado que descubre la verdad, aunque sea de forma lenta.

Tal afirmación me hace recordar a quienes fueron mis compañeros, y comprendo que sólo puede provenir de ellos, que poseían la inteligencia para aplicar de forma eficaz lo que les decían y la incapacidad absoluta de pensar por ellos mismos.

Porque basta indagar un poco para saber que eso es rotundamente falso: no se investiga para curar, se investiga para prolongar un poco más la vida mediante la aplicación de una droga que pueda ser patentada. No se investiga para erradicar, se investiga para ganar dinero, al menos en ciencia clínica. Y, debido a lo largo de mi argumentación y de las pruebas, puedo demostrarselo cuando quiera a cualquier ingenierillo que lo necesite.

Nuestro ensayo real

Mi ensayo doble ciego es éste: como el oncólogo y yo sabemos, la única solución real que aporta la medicina convencional a la enfermedad de Miriam es eliminar todo el tumor cortando por lo sano. Por lo tanto, cuanto menor sea dicho tumor, más probabilidades tendrá la cirugía de ser curativa. También sabemos que temodal no cura, pero sí puede reducir temporalmente el tamaño de la masa tumoral: así que la mejor solución es aplicar algunos ciclos de quimio antes de la operación, reducir el tamaño y, después, operar, confiando en que ésta lo quite todo. Además, según el oncólogo, “hay muchos mitos acerca de los efectos secundarios de la quimio”. No me digas.

Resulta que los mitos se hacen carne tras la aplicación de sólo el primer ciclo: se le cae casi todo el pelo, tiene unos fortísimos dolores de cabeza y sufre una pancitopenia grado IV: cero plaquetas (las enfermeras repitieron la prueba tres veces, porque no se lo podían creer). Inundada de petequias en las piernas, una pequeña herida en las encías le hace dejar empapada de sangre la almohada.

¿Y el tumor? El tumor bien, gracias. Sin inmutarse.

Con ella aislada en el hospital durante quince días para evitar que un resfriado la mate, me cruzo con el oncólogo por un pasillo, y éste aplica tremendos esfuerzos en hacer como que no me ha visto.

Tal vez ha conocido a demasiados familiares de pacientes que depositan toda responsabilidad en algo externo, como si no fuera con ellos. Pero nosotros hemos asumido que ésa era la mejor decisión, resultase o no, y apechugamos con ella. Pobre, se le ve avergonzado, y quien se avergüenza al menos tiene vergüenza.

La seguridad social y los visitadores médicos

Hemos tenido que pagar por el tratamiento 1800 euros. Entonces yo me voy a un hospital público para tratar de que la Seguridad Social se haga cargo de ese dinero. Accedo a un pasillo repleto de enfermos y familiares que depositan la mirada perdida en el suelo, como si ésta ya no les perteneciera. Y pululando entre nosotros, los visitadores médicos: con su maletín de ruedas, con sus trajes, con su espontaneidad, son los únicos que sonríen en aquel pasillo. Cada dos o tres pacientes, entra un visitador médico, constantemente. En las 3 dulces horas que dura mi espera pasan como diez diferentes.

Entro por fin. Me recibe una doctora, en la cabecera de cuya mesa reza un cartelito: “Todo aquél que agreda a un médico puede sufrir persecución penal”, o algo parecido.

Le comento el caso. Ella estudia un manual y, con mirada triste, me dice que el Temodal se da después de la operación, y que un tratamiento que no es estándar no puede estar recogido por la SS. Entonces le pregunto:

– ¿Después?, ¿darlo después?, ¿acaso cura el temodal algún glioma?
– Bueno, curar, curar, no –responde.
– ¿Puede curar, en algunos casos, una operación de márgenes lo suficientemente amplios?
– Puede
– Entonces, ¿No encuentras lógico aplicar Temodal antes?
– No importa lo que yo encuentre lógico, sino lo que puedo o no puedo aplicar.

En fin, tiene razón, pero yo me pregunto cuántas personas estarán siguiendo alternativas terapéuticas peores o directamente erróneas, que dependen únicamente de la profesionalidad, la humanidad y la capacidad de pensar por si mismo de un médico u otro.

A pesar de todo, intento seguir argumentando, aunque el dinero es lo que menos me importa. Ella muestra signos de impaciencia y me dice que tiene a otra persona esperando. Le pido disculpas y me voy. Quien le espera es un visitador médico, que entra tras de mí con amplia sonrisa.

– Hombre, cuánto tiempo –dice la doctora- ¿Qué cositas me traes hoy?

Tengo un negro deseo

Tengo un negro deseo: supongamos que los ejecutivos con poder de decisión de las empresas farmacéuticas son, no sé, pongamos 500. 500 personas con capacidad de decidir el destino sanitario de millones de personas en todo el mundo. Podrían ser 1000, o 2000, o 5000. Me es indiferente: llamémoslo X.

Deseo que, en vez de una cantidad X de personas anónimas que padecerán un cáncer este año, lo padezcan ellos, todos a la vez. A ser posible los peores: cerebrales, de páncreas, no sé, algo variado y florido.

Entonces descubriríamos qué harían. Algo me dice, y lo digo porque ya ha habido casos reales de ejecutivos de farmacéuticas puestos en dicha tesitura, que entonces veríamos cómo los márgenes de beneficio serían olvidados, cómo descubrirían el poder de la gente que les quiere –si ésta existe-, cómo comienzarían a aplicar aquello que, en sus documentos estratégicos, era sistemáticamente vilipendiado y perseguido, por constituir una amenaza económica.

Y, de ellos, milagrosamente, una parte viviría más tiempo del predicho o se curarían. Otros morirían, y yo no derramaría ni una lágrima por ellos. De los que sobreviviesen, unos pocos verían la luz y comprenderían.

Cambiarían de vida, serían coherentes con sus vivencias, cambiarían la manera de afrontar su trabajo, tratarían de paliar en los demás lo que han sufrido en carnes propias. Pero la mayoría, tengo pocas dudas acerca de ello, una vez que su vida volviera a encarrilarse en los cauces usuales, regresaría a sus márgenes de beneficio y al confortable cajón acolchado de su hipocresía.

Eso es la humanidad, queridos.

Y, mientras tanto, aquí estamos los demás, preocupándonos por estupideces absurdas que nos aguardarán, como almohadas de piedra, en nuestros féretros.

¡Viva el mal!, ¡viva el capital!

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6 Comentarios

  1. Voy a hacerte un comentario que aunque no relacionado directamente con lo que cuentas, si demuestra lo paradójico de la investigación en cáncer. Es la primera vez que lo hago público.
    En el año 2003 me ocurrió un caso para mi asombroso. Se me empezaron a secar los lunares. En esos momentos tenía muchos picores por todo el cuerpo. Posteriormente me diagnosticaron dermatitis atópica. Me rascaba los lunares y al poco tiempo se desprendían dejando una pequeña señal y a veces nada. Esto que a mí me parecía extraordinario y que pensaba que iba a despertar la curiosidad de la comunidad médica cuando lo supiera,lo único que me produjo fue una gran decepción. Lo comunique a muchos organismos y científicos, de los cuales me contestó una especialista en nutrición, que le parecía interesante y la AECC que me envió a otro organismo que no me contestó. El resto no se molestó en contestar. Les debió parecer la cosa más normal del mundo.
    Hay lunares que desaparecen al cabo de mucho tiempo, los halo neni, pero los mios eran lunares normales oscuros y ligeramente elevados, o sea de los que no hay duda de que son lunares típicos. También a veces los lunares “típicos” desaparecen con la edad. Pero no de forma generalizada y en poco tiempo como me ocurrió a mí.

    Mi hipótesis es que se produjo el efecto por algunos alimentos que tomaba unido probablemente a la alergia.

    Si se confirmara mi hipótesis sería algo que se podría utilizar como preventivo del melanoma. Pero la prevención interesa poco a los científicos, da más prestigio la cura.
    Estoy escribiendo un libro y pronto lo publicaré.

    Supongo que alguien, sobre todo al que le afecte, muestre más curiosidad que el mundo de los oncólogos.
    Un saludo, Julián

    • Hola, Julián,

      Me alegra que hayas eso ese comentario, porque éste que escribe será el último que considere eso que dices ‘magufadas’.

      Como ya he comentado anteriormente, la ciencia depende de quienes observan sin prejuicios, reflexionan y establecen hipótesis, que no hacen daño a nadie, sobre todo cuando se basan en conocimientos previos que construyen una sólida base de credibilidad.

      Puede que el relato de Newton y la manzana sea apócrifo, pero es un buen ejemplo de detalle aparentemente nimio que una mente predispuesta y no abotargada por lo oficial o el “qué dirán científico”, utiliza para obtener una ley universal.

      O el sueño de Kekulé, gracias al cual pudo comprender la geometría cíclica del benceno. Y, como ése, cientos de casos de personas que trascendieron sus observaciones con creatividad, justo la que siempre falta en los estamentos oficiales, pegados a sus pliegos de condiciones y su burocracia cerebral.

      Un lunar no es más que un tumor benigno y, como tal, se rige por idénticas leyes metabólicas que el resto de tumores, luego puede desaparecer mediante procesos que pueden parecer magia.

      Una reacción alérgica es un estado de alarma del sistema inmunitario, que saca la artillería pesada de su química a pasear, y la relación entre sistema inmune y cáncer es ya bastante sólida.

      ¿Sabías que si uno padece un estado de fiebre muy alta, de más de 40 grados, tiene casi un 80% menos de probabilidad de padecer un cáncer los dos siguientes años?

      ¿Has oído hablar del ‘veneno de Coley’? busca por internet, aunque creo que sólo podrás encontrar referencias en el libro ‘las traiciones de la medicina’ de Kurt Langheim, que te recomiendo.

      Es el típico libro escrito por periodistas serios que nadie conoce pero muchos descalificarán –sin haberlo leído- como conspiranoias. Eso sí, conspiranoias muy curiosas, de ésas que están perfectamente documentadas.

      En definitiva, vivimos tiempo cínicos y mediocres, capitaneados por rufianes. Quienes están al mando en casi cualquier puesto con cierto poder han sido promocionados debido a que se avienen con la corriente oficial.

      Por eso cada vez escucho más a los apartados del sistema, a los vilipendiados y olvidados, porque seguro que son honestos y, equivocados o no, no buscaron una ventaja material.

      Te animo a que concluyas el libro. Prefiero 10 lectores de mi blog como tú a 10.000 zombis sin criterio. Me gusta la gente que se moja y que no tiene miedo de verter opiniones en las que creen, aunque reciban palos por ello.

      Y espero que me envíes un ejemplar cuando lo publiques 😉

      Un abrazo

      Alfonso.

  2. Gracias, Alfonso, llevo mucho tiempo dándole vueltas a lo mismo y convencido de que tengo razón, pero el silencio de los científicos te crea muchas dudas. Una cosa que se dice mucho es que el que afirma algo tiene que demostrarlo. Como si el que descubre algo tuviera la obligación de demostrarlo, algo que actualmente es imposible para una persona y hasta para muchos organismos. Yo creo que el que descubre algo o le ocurre algo que considera importante , como estoy seguro que es lo que te he contado, tiene la obligación de contarlo y de hacer sus hipótesis. Ante casos como el mío lo más cómodo,es decir que no se lo creen, o que como no eres médico seguramente no has interpretado bien lo que has visto. Un dermatólogo al que se lo comenté, me dijo que el era científico y que solo se creía lo que veía.
    Es curioso que hasta el que comete un crimen tiene la presunción de inocencia , pero en el mundo científico te condenan sin juicio. Si cuentas algo que parece raro, o no te creen, o has visto mal o te has dejado engañar por el placebo o por mil otras cosas. ¿Por qué no pensar que puedes tener razón y te ha ocurrido realmente lo que cuentas? Sobre todo cuando están en juego cosas muy importantes.Yo comprendo que hay personas que mienten y se aprovechan y otros que de buena fe defienden algo y están equivocados. Pero si juzgamos a todos por igual, nunca nos aprovecharemos de hallazgos importantes.
    Otro tema es que se hagan todas las comprobaciones científicas.
    A mi no me entra en la cabeza que un científico que está estudiando el cáncer no sienta al menos curiosidad por lo que digo.
    Conozco lo de la temperatura y de la toxina de Cooley también he leído algo.
    Un abrazo, Julián

    • Ni tú ni yo pedimos que nadie crea nada a pies juntillas, porque sí. Sólo quiero que me contradigan con argumentos o que intenten poner a prueba lo que decimos y acataremos el resultado si es coherente y estadísticamente significativo.

      Lo que no haré es callarme cuando alguien dice que ‘eso son chorradas de conspiranoico’, sin aportar más argumentos. Y si alguien lo dice, es muy probable (sé lo paranoico que suena esto) que sea un blogger pagado para desacreditar toda opinión peligrosa. La mayoría de la gente carece de personalidad para decir: ‘yo también opino igual’, porque temen que los llamen crédulos. De hecho, por eso usan esos descalificativos ‘magufo’ o ‘conspiranoico’ o simplemente ignorante, para que nadie se una a esa especie de rebelión.

      Yo tampoco entiendo cómo alguien que se supone es científico no siente al menos curiosidad de poner a prueba un hecho que se aparta de la norma y que, por ello, puede aportar información útil… supongo que porque no somos médicos…

      El problema es que la verdad es contagiosa (llamemosla mejor objetividad, que suena menos dogmática). Una vez instalada, como la historia nos revela, constantemente, con presuntos herejes que resultaron tener razón, es difícil desacreditarla: una vez que los datos legan a una masa crítica de personas que se atreven a gritar también que ‘el emperador va desnudo’, la cosa está hecha. Por eso tienen tanto miedo a las voces discordantes que podrían desencadenar una reacción en cadena.

      A propósito: el cuento del vestido nuevo y el emperador es un fiel reflejo de la manera de comportarse de la mayoría de humanos, que pierden la capacidad de mirar con ojos limpios, libres de prejuicios, como haría un niño.

      Un abrazo

      Alfonso.

  3. Yo por desgracia he visto esto en mi padre que padecio cancer pero murio por la quimioterapia.Decir que alargan la vida es que ni lo creo y si alargarla es mal vivir,pues prefiero vivir lo que me quede a poner un dia mas.
    Los oncologos solo son los comerciales de las farmaceuticas y como tal se comportaron con mi padre al que persuadieron incluso con el miedo a una muerte horrible para que tomase su tratamiento.
    Hay buenos oncologos pero son los apestados de su profesion,son aquellos que prefieren recomendar el no tratamiento ante un cancer terminal que dar falsas esperanzas al paciente y que este malviva sus ultimos dias.

    • Hola, Luis,

      Lamento vuestra historia, por desgracia tan frecuente. La mayoría de oncólogos sólo adolecen de falta de personalidad y criterio, y están atados de manos para prescribir algo diferente al estándar. Lo malo es que, lo sepan o no, actúan como testaferros de intereses corporativos. Otros (espero que pocos) son simples psicópatas. Y otros, aún una minoría, desafían lo establecido y se interesan por terapias complementarias, en la búsqueda de lo mejor para sus pacientes.

      Un saludo y gracias por tu comentario

      Alfonso

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