COVID-19. Distopía y horror (III): restricciones, encierros y mascarillas.

En el primer artículo de esta serie hablamos de los tratamientos censurados y prohibidos y, en el segundo, de autopsias, mortalidad en 2020 y residencias de ancianos.

En éste nos enfocaremos en las medidas restrictivas usadas para inducir un estado de miedo que permitiera a la autoridad manejarla a su antojo.

Confinamientos                                                        

En marzo de 2020 se desató una oleada de histeria aguda en el mundo debido a la “pandemia”, a pesar de que ya había datos para confirmar tanto que existía posible tratamiento para la enfermedad como que la letalidad del supuesto virus era baja y afectaba sobre todo a personas ya muy dañadas, lo mismo que ha sucedido desde siempre con el resto de enfermedades infecciosas.

Tras la primera aplicación de medidas distópicas extremas, exageradas y salvajes, por parte de China, uno de los modelos epidemiológicos predictivos que se usaron en Europa (entre unos cuantos) como base para imponer restricciones duras en tantos países, fue el planteado por Neil Ferguson, del Imperial College de Londres (modelo).

Un modelo que fue amplificado como base incontestable de actuación por medios afines al sistema (artículo) y por la propia OMS, que adoptó la medida como “lógica” y la única “con empatía”.

El gobierno de UK se aprestó a seguir las directrices que se desprendían de dicho modelo (“quédate en casa”) y que tantos otros países adoptaron… salvo Suecia, que fue inmediatamente demonizada como “malvada” por seguir directrices que YA se habían tomado con éxito anteriormente.

Suecia nunca encerró a sus conciudadanos ni impuso mascarillas ni serias restricciones y dejó libertad para que usaran esa herramienta inutilizada por completo en las infantilizadas sociedades occidentales, tras décadas de paternalismo: el sentido común.

Otras propuestas de actuación, en cambio, firmadas por otros científicos tan científicos a priori como los primeros, apoyaban algo muy diferente. Por ejemplo, la declaración de Great Barrington, del American Institute for Economic Research (enlace en español), escrita por Martin Kulldorf, Sunetra Gupta y Jay Bhattacharya.

No sólo ese enfoque fue ignorado, sino censurado por todas las plataformas tecnológicas como Google, Facebook o Twitter, y se han cerrado sin explicación las cuentas de muchos que se atrevieron a tratar de ampliar el debate con visiones diferentes (característica necesaria, imprescindible, para lograr el avance científico), algo que se ha repetido una y otra vez con toda voz discordante, bajo la excusa de que se “propagaban ‘fake news y ‘bulos negacionistas’ [sic]” (artículo).

Por supuesto, toda censura implica miedo a que una mentira que no puede ser defendida con argumentos racionales sea desmontada a ojos de la opinión pública, lo único a la que realmente teme el poder. Y es habitual que el estado paternalista use el argumento emocionalmente manipulador de la “defensa de la salud pública” para imponer torticera y totalitariamente su visión única que, como estamos viendo, no sólo termina por demostrar ser errónea sino profundamente perjudicial. Errónea según los objetivos que CREEMOS se persiguen, claro, quizá acertada si los objetivos son otros.

Y los ataques personales a quienes se atrevieron a disentir fueron brutales, claro está, sucede en toda dictadura: Martin Kulldorf y Jay Bhachatarya escribieron al alimón un libro donde ponían en su sitio a Anthony Fauci (siniestro personaje que lleva décadas dirigiendo -erróneamente- las políticas de salud pública en EEUU y que ha manipulado sin rubor al mundo durante esta “pandemia”; hablaremos mucho más de él en otro artículo) (artículo).

Martin incluso perdió su trabajo por defender sus ideas. Afortunadamente, Martin y Jay han sido acogidos en el instituto Brownstone, donde continúan su labor sin censura. Martin Kulldorf habla ya abiertamente de lo que muchos sabemos desde hace años: que la ciencia y la salud públicas están rotas (artículo).

La apuesta de la declaración Great Barrington era un canto al sentido común y a la experiencia de anteriores escenarios epidémicos: protección de los más vulnerables, aislamiento de sintomáticos, cero restricciones para las personas sanas. Los encierros draconianos, decían, sólo incrementarían los contagios, dañarían la salud mental de toda la población, afectarían profundamente a la economía, pero sobre todo a la de los más pobres y de las pequeñas y medianas empresas (lo que provocaría un brutal traspaso de riqueza de abajo arriba), y se pondrían en peligro a pacientes de otras dolencias.

Pues bien: eso es exactamente lo que sucedió con los encierros masivos. Lo analicé someramente en el segundo artículo de esta serie, y ya es un clamor que el modelo del Imperial College ha sido no sólo un fracaso estrepitoso a la hora de salvar vidas (por mucho que se empecinen en seguir defendiendo lo contrario) sino que ha provocado extensos daños físicos y psíquicos, además de la ruina económica, a millones de personas en todo el mundo (artículo).

En junio de 2020, usando la Medicina Basada en la Videncia, que tanto ha abundado durante estos dos años, los proponentes del estricto modelo Imperial College estimaban que los encierros habían salvado millones de vidas (estudio, artículo con la vergonzosa racionalización de Neil Ferguson), pero tras dos años de negacionismo de la inutilidad de las medidas, es totalmente evidente no sólo el fracaso, sino el crimen cometido.

El hecho de que el propio Neil Ferguson fuera pillado infraganti rompiendo las normas de encierro que él mismo había ayudado a imponer, para tener citas con su amante, habla un poco acerca de la deshonestidad de este personaje; como mínimo no siente el mismo miedo que ha querido imponer, quizá porque sabía que el virus “mortal” no lo era para la inmensa mayoría. Dimitió sólo cuando fue pillado, por supuesto (noticia).

Además, sabemos que el Imperial College de Londres ha recibido desde 2002 nada menos que 304 millones de dólares de la fundación Bill y Melinda Gates. Fundación que promovía los encierros, con el fin de incrementar la histeria y asegurarse que las “vacunas” (en las que la misma fundación había invertido millones) se recibían como salvadoras (fuente). Hablaremos del bueno de Bill en otros artículos, claro está.

Incluso antiguos defensores del mismo modelo restrictivo como la Johns Hopkins Institute of Economics, publicaron en enero de 2022 una revisión de la literatura y un metanálisis  de lo ocurrido tras dos años, y concluyeron que los encierros (que ellos mismos habían defendido), habían añadido una capa de dolor intolerable al sufrimiento y no habían ayudado a mejorar la mortalidad por Covid-19 (artículo).

Sus disculpas llegan tarde, y demuestran que los “expertos” son el enemigo a la hora de hacer predicciones, que fallan sistemáticamente, una y otra vez, y no de forma leve sino estrepitosa, lo cual nos hace pensar si su intención era justo ésa. No nos queda otra que considerar seriamente esa hipótesis, por nuestro propio bien, a la vista del papel vergonzante que interpretan constantemente a lo largo de las décadas, bien sea en cardiología, oncología, nutrición o, como en este caso, epidemiología.

[Nota: para mi vergüenza yo también apoyé en marzo de 2020 encierros de dos semanas; yo también hablé de “aplanar la curva”; yo también pensé que la actuación de Suecia era desconsiderada y yo también apoyé el uso de mascarillas hasta conocer algo más acerca de los modelos de transmisión.

Llegué a discutir con unas cuantas personas que se oponían, porque lo que yo quería era pasarme de precavido hasta tener más datos. Pues bien: YA los hay, y ahora puedo decir que ME EQUIVOQUÉ TOTALMENTE y que las personas con las que discutí tenían razón.

Así funcionan las mentes científicas: usan los datos para modificar su opinión y no al revés, y apartan el ego de la ecuación de la auténtica autoestima.]

En países como España, con confinamiento estricto que duró desde el 14 de marzo al 2 de mayo de 2020, fue donde se produjeron los mayores picos de mortalidad, porque el virus se transmite en interiores, y los hospitales donde se trataba a los enfermos y las residencias de ancianos donde se hacinaba a seres humanos empeoraron la cosa en vez de mejorarla.

Países y estados de EEUU con confinamientos más estrictos lo hicieron igual o peor que países con escasas o nulas restricciones, y las “olas” iban y venían en función de las estaciones correspondientes a su latitud: subían en el hemisferio sur durante otoño e invierno australes, y en el hemisferio norte durante el otoño e invierno septentrionales, demostrando lo que muchos decíamos: que COVID era una enfermedad estacional, al igual que las supuestamente producidas por otros coronavirus y por la gripe (artículo).

Datos de mayo de 2020, tras la salida en España del confinamiento, del exceso de mortalidad. Los países con confinamientos más estrictos, en cabeza. Suecia bastante por detrás que España.
“Olas” de mortalidad relativa (por millón de habitantes) COVID en diferentes países europeos, que tomaron diversas medidas: ESTACIONAL y similar en todos, independiente de mascarillas y encierros. Fuente.

Al comparar España (encierros, mascarillas, geles hidroalcohólicos, neurosis e histeria) y Suecia (CERO confinamientos, mascarillas, vida casi normal a lo largo de TODA la pandemia), la conclusión es clara: similares “olas” estacionales y, en todo caso, mayor mortalidad justo en el encierro español.

Y no se debe a la menor densidad de población sueca, porque las olas suceden con la misma cadencia en otros países con similar o mayor densidad que España. Son otros parámetros los más decisivos, como los porcentajes de obesidad y salud metabólica de la población, su envejecimiento y sus niveles de vitamina D los factores clave, que NINGÚN gobierno ha abordado. Sólo saben restringir libertades y pinchar experimentos.

España (verde) y Suecia (azul), registrando olas similares de mortalidad relativa, independientemente de las medidas adoptadas. En todo caso, peor en España. Fuente.

El virus hará lo que debe hacer independientemente de las medidas, incluso se difundirá más gracias a ellas, y sólo el tratamiento profiláctico y temprano (y repito que ya existe también incluso en etapas avanzadas de la enfermedad) podrá marcar la diferencia, evitando además daños a la población (psicológicos, físicos y económicos) debido a mascarillas, encierros y restricciones de movilidad que han demostrado ser inútiles y perjudiciales. Se confina a enfermos con síntomas clínicos y a sus contactos, no a sanos porque lo diga una PCR inútil, basada en conceptos corruptos (que analizaré más adelante)

***

Los daños por el confinamiento y las medidas draconianas han conducido no sólo a la muerte evitable de muchas personas con infartos o ictus, tratables con medidas agudas que la medicina sí sabe cómo manejar, sino a la desesperanza inducida, a la culpabilización de la sociedad, en cuyos hombros las autoridades y expertos psicopáticos que nos gobiernan desde siempre se han descargado la responsabilidad.

Casi todos quienes tenían un familiar anciano que tuvo que recluirse esos dos fatídicos meses de 2020 sabe que muchos no fueron los mismos después del encierro: habían perdido vitalidad física y mental, y aún tendrán que dar las gracias por no haber perecido solos en el triste cuarto de una residencia. Alzheimers acelerados, nuevos problemas metabólicos debido a la inactividad y la ausencia de exposición al sol, tristeza que anula el sistema inmune.

Pero aun siendo terribles los daños infligidos a los ancianos, hay otra pandemia aún más perversa, conducida por la indecente mala planificación y por la insistencia en matar moscas a cañonazos: la de los suicidios, sobre todo de jóvenes, que JAMÁS habrían sufrido por COVID.

El País, como siempre, achacando a “la pandemia”, lo que debería achacar a las medidas delirantes, absurdas e ineficaces contra “la pandemia” (fuente).
El Mundo, demostrando sin querer que las restricciones se llevaron por delante muchas más vidas que COVID, y encima comprobaremos que las muertes achacables a COVID en niños y jóvenes son, casi por entero, fabricadas, no reales. Los suicidios, por el contrario, sí lo son (fuente).

Hasta 2022 no se ha lanzado la voz de alarma acerca del aterrador incremento de tasas de suicidio infantil

¿Qué “pediatras” alertaron ahora, en febrero de 2022? Los mismos pediatras que contribuyeron a la histeria y a la tortura infantil. Los mismos que en agosto de 2021 inyectaban el miedo por una vuelta a clase “insegura” ante un virus que ni afecta a los niños ni ellos lo contagian a sus abuelos. Unos pediatras untados generosamente por las farmas, como más tarde justificaré.

Si a este escenario de histeria injustificada le añadimos la incertidumbre y las pérdidas económicas de tantos pequeños y medianos comercios, muchos de los cuales tuvieron que cerrar, nos encontramos con una población cuyos sistemas inmunes han sido bombardeados sin piedad con tácticas de tortura mediática por auténticos terroristas informativos.

Y la correlación entre estrés, tristeza, incertidumbre e incremento de infecciones, enfermedades cardiovasculares o cáncer, mediadas por un sistema inmune desequilibrado es cada vez mayor (estudio, estudio, estudio).

Si a eso le sumamos la bajada de niveles de vitamina D ya de por si bajos, debido a los encierros, que han demostrado una perfecta correlación con gravedad de la COVID, tenemos el escenario perfecto.

Asociación entre niveles sanguíneos de vitamina D y gravedad de Covid. Fuente.

Porque el 90% de los muertos eran obesos (estudio, estudio) y/o deficientes de vitamina D (estudio, estudio).

Y la siguiente noticia del 17/02/2022, que sólo confirma lo que ya sabíamos desde hace años: que la vitamina D es un elemento imprescindible para una correcta y equilibrada activación inmunitaria que nos proteja frente a infecciones (artículo).

DOS años aguantando a una tropa de esbirros machacando con que el tema de la vitamina D era una magufada sin sentido. Dos años donde los “verificadores” alertaban sin parar del “bulo” de la vitamina D como forma de prevenir y tratar Covid y afirmaban que “Lo único que puede prevenir la infección por COVID es una vacuna”

Todas las organizaciones han sido secuestradas por el poder corporativo. Todas. En este artículo escribo la forma como la industria coopta las voluntades en cáncer, pero es igual en todos los asuntos relacionados con la salud

Salud Sin Bulos sólo es otro instrumento de la industria para, vestido con los ropajes de la lucha contra la desinformación, poder desinformar, e impedir que la población adquiera libertad de decisión y criterio, con alternativas fáciles y sencillas.

Por ejemplo, en este documento se aliaron con el Instituto de Inmunología Clínica, la Sociedad española de Endocrinología y Nutrición y el Consejo de colegios de dietistas-nutricionistas (todos subvencionados por la industria), para elaborar un documento que hablase de la “alimentación sin bulos”.

En él afirmaban que, para prevenir la infección por Covid, el ajo, el jengibre, la vitamina C, o la vitamina D no eran útiles frente a Covid, amparándose en “la ausencia de estudios científicos”, identificando ausencia de evidencia con evidencia de ausencia.

Por supuesto he explicado en muchos artículos a qué llaman “evidencia”, y cómo ésta se ha corrompido para igualarla con “estudios” que sólo las corporaciones pueden poner en marcha, manipulados en metodología y recolección de datos.

El riesgo/beneficio es evidentemente bajísimo para esas sustancias naturales y baratas, y la evidencia científica y, sobre todo, la experiencia clínica y su relevancia clínica, aconsejaban usarlos si se buscase realmente proteger a la población y no a las inversiones millonarias en sustancias patentables de la industria.

Dos años mintiendo sin rubor. Dos años en los que habrían podido evitarse miles de muertes con algo tan simple como suplementar a la población de riesgo con vitamina D3 (más Magnesio), (ya de tomar el sol con cabeza ni hablamos). Un suplemento usado durante décadas, a billones de dosis, en la población de Escandinavia y, por tanto, que ha demostrado su inocuidad a dosis adecuadas. Ni de lejos sustituye al sol, pero a ver quién es el guapo que se retracta de décadas de campañas histéricas, dañinas y anticientíficas alertando de los peligros de la estrella que nos da la vida, la fuente primigenia entorno a la cual gira nuestra salud.

Aunque para pinchar sustancias experimentales sin evidencia científica y profundas incertidumbres en cuanto a eficacia y seguridad, todos de cabeza.

En febrero de 2022, incluso los medios más oficialistas recogen cable a marchas forzadas y reconocen que la vitamina D podría ayudar a prevenir los casos graves de Covid ¿Por qué? Porque ahora interesa terminar con la pandemia, y toda ayuda es poca para ocultar el pantagruélico fracaso de las vacunas, que sólo han hecho más billonarios a las empresas que han inyectado ese veneno a la población de todo un planeta.

También aparece una misteriosa epidemia de sarna (¿Por qué justo ahora, en 2022? ¿Qué le ha sucedido recientemente al sistema inmune de los ciudadanos para explicar la reactivación de una enfermedad antes residual?).

¿Con qué van a tratar la sarna? Con Ivermectina, que acaba de aprobarse en España para ese uso y que, de pronto, deja de ser tan perjudicial como ha sido durante estos dos años en que podría haberse usado para prevenir la Covid. Por fin resulta ser lo que siempre ha sido: extraordinariamente útil y de escasísimos efectos secundarios.

***

A pesar de todo eso, tranquilos: ningún no vacunado se plantea que hacer dieta o tomar el sol sea obligatorio “para no colapsar los sistemas de salud”, ni nos dedicaremos a llamar egoístas a los obesos que permanezcan encerrados en casa sin salir a la calle ni mantener saludables sus niveles de vitamina D, aunque esos dos factores, manipulables con acciones de estilo de vida, podrían haber evitado la mayoría de las muertes, algo que la vacuna NO ha demostrado.

No, aunque los no vacunados seamos acusados de egoísmo por no pincharnos una sustancia experimental que ya ha demostrado ser ineficaz y profundamente dañina (como analizaré con abundantes datos y estudios científicos en otros artículos), no aplicaremos la misma medicina que quienes nos desean la UCI o que nos la paguemos de nuestro bolsillo, a pesar de haber contribuido con nuestros impuestos, como todo ciudadano, a la compra de las vacunas que otros se ponen y de los tratamientos a quienes sufren sus graves efectos secundarios.

Un nuevo ejemplo de algo difícil de creer: acciones diseñadas en apariencia para salvar a la población, que contribuyen a dañarla aún más. Recordemos ese hecho, que se hará más evidente en siguientes artículos.

Mascarillas

¿Han demostrado servir para algo las mascarillas contra virus en general y este en particular?

Respuesta corta: NO (ojo: yo defendí su uso al principio de la “pandemia”, pero sé cambiar de opinión ante nuevos datos porque, como dijo Einstein: “estupidez es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”).

Hay más de 150 estudios que confirman la ineficacia y potencial daño del uso extensivo y constante de mascarillas (artículo con revisión del Brownstone Institute). Sólo las FFP3 pueden servir parcialmente un tiempo, sólo un poco la FPP2, en interiores, y NADA las mascarillas quirúrgicas.

Se ha confirmado que el virus se propaga no sólo por gotículas de cierto tamaño sino por aerosoles, es decir, por el aire. En ese caso, usar una mascarilla para impedir que el virus la traspase es como poner una valla de madera alrededor de una casa para impedir que pasen los mosquitos. Ridículo.

Cómo «ve» un coronavirus nuestras mascarillas

Si el uso de mascarilla en interiores no sirve para casi nada, lo auténticamente bochornoso es usarla en exteriores.

El espectáculo de un 98% de españoles enmascarillados en 2021 y 2022 mientras caminaban solos por la calle (camino del bar donde se sentarán a una mesa con su grupo, y se la quitarán), reflejan la histeria, la ignorancia y la irracionalidad instilados por unos medios embrutecedores y una clase política que usa el pueblo en su beneficio.

Que Pedro Sánchez impusiera de nuevo su obligatoriedad en exteriores en plena navidad de 2021, empujado por los sátrapas autonómicos y tras realizar una encuesta a 1000 personas (esa es la “ciencia” en la que todos los gobiernos del planeta se han basado) es otra más de las acciones estúpidas, miserables, vergonzosas, que producen estupor, con la que los políticos han demostrado su altura ética y cognitiva.

Una medida que no sólo es inútil, sin justificación sanitaria alguna, sino inconstitucional. Pero los gobiernos han visto que incumplir la ley y decretar medidas inconstitucionales, como los estados de alarma de 2020, les sale gratis, y que pueden someter a toda una población con un delirio lleno de manipulación de masas conducidas por el miedo, la ignorancia y la irracionalidad, gracias a unos medios cooptados y sumisos al poder.

***

En Israel, el uso de mascarilla no ha reflejado NINGÚN impacto positivo. Todo lo contrario:

Cada vez que Israel impone mascarillas, suben los “casos”.

Suecia: tras casi dos años, 2 millones de niños y adolescentes suecos han estado en la escuela de forma presencial sin ninguna medida restrictiva (y por supuesto sin mascarilla) y no se puede encontrar ninguna señal de alerta temprana que indique que la educación presencial sin mascarillas haya contribuido a ningún “estallido” negativo que impactara en hospitalización o mortalidad. CERO. NADA.

De hecho, esa ha sido la tónica habitual en Europa y sólo España ha mantenido unas medidas espartanas completamente histéricas con los niños y aquí no ha pasado nada.

Porque (hago spoiler) como veremos más adelante, al analizar incidencia y PCR, los niños NI ENFERMAN DE GRAVEDAD POR COVID NI CONTAGIAN.

Sucede lo mismo en California, uno de los estados que ha impuesto medidas más neuróticas y draconianas en EEUU en oposición a otros como Texas o Florida, donde han hecho vida casi NORMAL: las mascarillas y el resto de restricciones no han parado NADA:

Al comparar Florida y Texas (sin mandatos de mascarillas), con California y Nueva York (con mandatos, en algún período muy estrictos), no se detecta NINGUNA influencia en los “casos”, que varían estrictamente según la estacionalidad:

Pero el mayor problema no es que las mascarillas no sirvieran para detener nada, como hasta el Washington Post, medio oficial por excelencia, reconoce:

El problema es que además son perjudiciales. Ya en 2020 muchos medios alertaban de que en realidad su uso podría incrementar el riesgo de sufrir Covid, y cualquier otra infección respiratoria, al ser el material de la mascarilla un reservorio de virus y bacterias:

Quienes avisaban de que el uso excesivo de mascarillas podía conducir a serios problemas de salud (sobrecrecimiento de bacterias y hongos, disminución de aporte de O2 y problemas de hipoxia asociada, etc) fueron ignorados o directamente difamados y censurados (noticia).

Pero el tiempo no sólo les ha dado la razón en este tema, sino en otros quizá más preocupantes a largo plazo y que afectan al colectivo más perjudicado: los niños.

Los críos podrían desarrollar problemas con su desarrollo emocional, que depende enormemente del sutil reconocimiento de los patrones faciales, al enfrentarse a rostros enmascarados. Somos seres sociales y nuestro éxito colectivo depende de que sepamos interpretar correctamente las emociones ajenas que se expresan a través del rostro (noticia)

Logopedas y pediatras observan un retraso en el desarrollo del habla de los niños debido a las mascarillas y las restricciones.

Pero mientras los niños y los pringados portaban obedientes sus mascarillas, estos tipos hacían esto:

La celebración en interior de la fiesta de El Español en octubre de 2020, donde sólo los camareros la llevaban (ya se sabe que el virus sólo ataca a quienes permanecen de pie) fue la demostración de que la “pandemia” era sólo cosa de pobres.

Allí se presentó en agradable camaradería toda la “elite” (palabra convertida en sinónimo de chusma ética) de España: empresarios, periodistas, políticos o ministros que pedían al pueblo lo que ellos incumplían con cinismo e hipocresía. Porque de eso ha ido toda esta farsa (artículo).

Pero ha sido mundial el espectáculo grosero de los adultos sin masacrilla al lado de pobres críos con el rostro tapado:

***

¿Alguien se acuerda de España en marzo de 2020? Desde las altas esferas nos decían que la mascarilla no servía para nada. Esto decía en un tuit el ministerio de sanidad el 5 de marzo:

¿Por qué? Pues porque no había suficientes para todos, y ninguna empresa ni político habían comenzado a lucrarse con ello. Al final reconocieron que habían hecho ese consejo debido a la falta de stock.

¿Qué decía el mismo ministerio sólo un par de meses después, cuando empezaba a haber negociete?

¿Qué ha pasado desde entonces? Que han surgido como hongos los contratos para empresas de mascarillas, y las comisiones a políticos. Resultado: han descubierto su utilidad y penalizado a quien no la use. La memoria de pez de una ciudadanía estúpida y llena de inercia y obediencia ciega ha hecho el resto:

¿Por qué ahora, a inicios de 2022, los esbirros mediáticos se la envainan, tras atemorizar a la población durante estos dos años de delirio manipulador y argumentos torticeros?

Probablemente porque interesa que la gente se olvide de la pandemia para pasar a otra etapa del circo que vivimos (¿Os creéis que la guerra de Ucrania ha coicidido con el fin de la “pandemia” por casualidad?). Y también para hacer creer que “las vacunas” funcionan y no tener que comerse un marrón muchísimo mayor, que haría comprender el tamaño del genocidio ocasionado.

Tomemos al esbirro Pablo Linde, del medio esbirro El País, cambiando con el viento de las agendas políticas (no de “la ciencia”, que tiene claro desde hace mucho tiempo que las mascarillas no sirven para contener el virus, que los niños no contagian y que esto es un sinsentido)

Esto decía el 27 de septiembre de 2021:

Y esto, el 15 de febrero de 2022:

Por supuesto, el señor Linde sabe cómo debatir:

Pero también los pediatras han brillado por su incapacidad para atenerse a consejos basados en ciencia y su tendencia a someterse como veletas a agendas inciertas y cambios que no están basados en el cacareado mantra “es que la ciencia cambia”. No, los que cambiáis sois vosotros, al son de la música del amo de turno.

Lo mismo que Linde, los pediatras también parecían sugerir en septiembre de 2021 que las mascarillas debían incorporarse de forma permanente a las aulas, ahí es nada.

Los mismos pediatras que “alertan” después acerca del deterioro de la salud mental de niños y adolescentes durante la “pandemia”, es decir, durante el período en que la “pandemia” se usó de excusa para implementar medidas distópicas inútiles y dañinas. Ahora viene el crujir de dientes y el escándalo por un deterioro de la salud mental que ellos han ayudado a provocar.

Pero, lo mismo que pasó con Linde y otros paniaguados de los medios de desinformación masiva, cambiaron de opinión a comienzos de 2022, al menos los de Cataluña:

Otros infectólogos y médicos lo han pedido también (artículo).

El baile del cambio de guión está perfectamente orquestado y centralizado, siguiendo directrices únicas y globales. TODOS los esbirros mediáticos y médicos cambian a la vez en todo el mundo su narrativa en función de las órdenes comunes.

Porque recordemos que la Sociedad española de Pediatría recibe anualmente (sólo de Pfizer, es totalmente probable que de otras farmas también) una buena cantidad de dinerito:

Mientras estos cambios suceden, las satrapías españolas se niegan a finales de febrero de 2022 a desprenderse de las comisiones que las mascarillas proporcionan y del control sobre la población, que aman más que un tonto a un lápiz.

Los más estúpidos, despreciables y tabernarios cretinos, empeñados en seguir exigiendo el pago de un secuestro, y que sean los niños los que paguen la no obediencia del rebaño a permitir que los envenenen: Andalucía dice a finales de febrero de 2022 que no retirará las mascarillas en los coles hasta que el 80% de los alumnos sean vacunados.

¿Os acordáis del: “vacunemos al 70% y alcanzaremos la inmunidad de grupo”?

¿Y luego del: “bueno, no, es el 80%”?

¿Y luego del “en realidad queríamos decir al 90%”? En otros artículos futuros sabréis por qué estos detestables corruptos deben alcanzar cupos de número de vacunados, establecido por contrato con el amo Pfizer.

Ahora sabemos que mienten y mienten y mienten. Lo hacen siempre que abren la boca. Y cuando no la abren también.

***

En definitiva: las medidas anti COVID en general, y sobre todo las aplicadas a la infancia en particular (geles dañinos que atentan contra la microbiota de la piel, mascarillas antihigiénicas que son un criadero de bacterias y hongos, distancia social yatrogénica, grupos “burbuja” absurdos y aislamiento inhumano) sólo pueden considerarse maltrato. Cuando se trata de maltrato infantil la cosa se convierte en sadismo.

Porque la ciudadanía (que no puede concebir que la autoridad, el sistema, no busque el beneficio colectivo) “razona” de una manera especial, basada en su creencia en un axioma: que los expertos y las autoridades buscan el bien común y son los depositarios de unos conocimientos que ellos no pueden alcanzar por su cuenta y, por tanto, deben limitarse a confiar en la competencia y buena fe de quienes mandan.

Su razonamiento es: existen medidas restrictivas, por tanto eso significa que la pandemia es proporcionalmente peligrosa. De esa forma identifican lo que sólo es un signo, una señal, con lo que parece indicar dicha señal. Así, cuando las restricciones ceden, ellos creen (lo mismo que el perro de Pavlov) que es porque la pandemia cede. Y que si se vuelven a imponer es porque objetivamente así se requiere.

Pero NO es cierto, sólo es algo que quien manda sabe muy bien: que la mayoría se dejará llevar, confiando ciegamente en una autoridad en la que ha depositado decisiones muy importantes.

Lo que deberíamos hacer es invertir el orden del razonamiento: comprobemos la gravedad de la pandemia y el resultado de las medidas y veamos si son adecuadas. Eso no se ha hecho, pero quienes sí lo hemos hecho hemos sido llamados inconscientes, magufos, anticientíficos, negacionistas o cosas mucho peores.

***

Debemos luchar para que estas medidas no vuelvan a imponerse jamás, ni en esta “pandemia” ni en las nuevas que muy probablemente nos preparan quienes han planificado ésta.

Porque esto aún no ha finalizado aunque la “pandemia” parezca terminar o incluso aunque realmente termine: quedan nuevos episodios de la farsa global que nos conducen al resultado que llevan mucho tiempo esperando.

De momento ya ha llegado la guerra para sustituir a la pandemia y seguir manteniendo la espiral de miedo que justifique medidas excepcionales y echarles la culpa de la torta económica que se viene y que pagaremos los de abajo y que proviene en realidad de la incompetencia, avaricia y maldad de una clase planetaria infame.

Debemos resistir unas medidas que sólo nos acondicionan para acostumbrarnos a la distopía auténtica, al motivo real de todo este circo de tres pistas donde los trileros despliegan su juego mortal de engaño y manipulación, y que explicaré en otros artículos, poco a poco, ante tus incrédulos ojos.

***

En el siguiente post hablaremos de la herramienta fundamental para entender esta manipulación suprema: la PCR. Será casi divertido cuando comprendas cómo la humanidad ha sido manejada mediante un palito.

Un ejemplo paradigmático de la clase de cretinos en que nos han convertido.

***

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Foto de cabecera de Words as Pictures on StockSnap

6 Comments

  1. Ludmila 4 marzo, 2022
    • Alfonso Fernández 4 marzo, 2022
  2. HUGO FERNANDO MAFLA CASTILLO 5 marzo, 2022
    • Alfonso Fernández 5 marzo, 2022
  3. Santiago del Fresno Gonzalez 5 marzo, 2022
    • Alfonso Fernández 6 marzo, 2022

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