Cualquier impacto sobre sistema inmunitario o metabolismo impactará indirectamente en el riesgo de inicio de cáncer y en su desarrollo, y todo lo que ayude en determinada dolencia lo hará casi en cualquier otra, pero ahora nos enfocaremos en los estudios que sugieren la influencia directa de la microbiota sobre el cáncer.
Este artículo es un extracto de los libros de la Enciclopedia del cáncer, que supone un punto de inflexión conceptual en el mundo de la oncología, sometido a los intereses de la industria y NO al interés de los enfermos.
Disbiosis y cáncer
Se han estudiado los efectos promotores de la disbiosis en diferentes tipos de cáncer, sobre todo colorrectal, gástrico, esofágico, de vesícula, de páncreas, de mama y de laringe.
La interacción entre los microorganismos y las células comensales es de una astronómica complejidad. Como he analizado en el tomo II de la Enciclopedia del Cáncer, la microbiota ayuda al organismo de muchas formas, pero también puede ser fuente de enfermedad: durante muchos años se ha argüido que el cáncer (o al menos algunos de ellos), podría tener un origen infeccioso, algo totalmente plausible a la luz de las pruebas existentes.
Algunas especies de la microbiota pueden actuar como conductores de las condiciones metabólicas que deriven en un cáncer, especialmente en un entorno tan diferente, anaerobio y abarrotado de bacterias como es el colon (estudio).
Como ya vimos en el tomo II, aunque la capacidad patógena de las especies bacterianas de la microbiota no suele ser absoluta sino relativa a la presencia de otras especies (lo mismo que sucede en cualquier nicho ecológico, donde el papel de cada especie puede ser benéfica o destructora en función del resto de especies) algunas ‘Keystone Species’ podrían ser de importancia capital pese a su reducido número.
Además, la permeabilidad intestinal juega también un importantísimo papel al desencadenar una reacción inflamatoria mediada por ciertas especies del sistema inmune (estudio, artículo).
La mayoría de los estudios se enfocan, lógicamente, en el cáncer de colon. En éste (enlace en sci-hub al estudio completo) se compararon las microbiotas fecales de 19 pacientes de cáncer colorrectal con los de 20 individuos sanos. El resultado fue que los enfermos presentaban una significativa disbiosis: en general había más especies de la familia Bacteroidetes y menos de la Firmicutes, pero eso también sucedía con los Hadza totalmente sanos y en forma, demostrando que ese ratio tan genérico es engañoso (algo que recalco una y otra vez en el tomo II).
Pero al descender por géneros y especies nos encontramos con información más accionable: los enfermos presentaban un especial enriquecimiento de 17 filotipos relacionados con la Bacteroidetes y una escasez de géneros de Firmicutes productores de butirato como Faecalibacterium y Roseburia (que en el tomo II calificábamos como casi universalmente saludables).
Otros 16 géneros de bacterias eran especialmente abundantes en los enfermos de cáncer de colon, incluyendo especies potenciales patógenas de Fusobacterium (identificado en varios estudios como un poderoso propulsor cancerígeno del colon) y Campylobacter.
Estos hallazgos pueden servir no sólo para determinar qué microbiotas fecales podrían indicar peligro pronóstico de enfermedad, sino para tratar a los enfermos con probióticos y bacteriófagos específicos, aunque debemos ser precavidos hasta obtener muestras mucho más amplias de pacientes e individuos saludables.
Algunos estudios sugieren incluso que especies como la Akkermansia, que ha demostrado ser beneficiosa contra dolencias como la enfermedad de Crohn o el síndrome del intestino irritable, y que está universalmente presente en el intestino de individuos centenarios, facilitan el desarrollo de los tumores de colon, pero recordemos de nuevo la hipótesis de las ‘Keystones species’, o especies de escaso número, pero gran impacto, que contrarrestarían la presencia de ratios saludables de familias de bacterias.
Las respuestas inflamatorias a bacterias como la Helicobacter Hepaticus parecen acelerar la carcinogénesis en sitios distantes como la mama (estudio) o la próstata (estudio), mientras que bacterias como la Lactobacillus Reuteri han demostrado sus capacidades protectoras (estudio).
Incluso se ha sugerido que la dieta industrial podría tener consecuencias que afectarían a varias generaciones, y modularían el riesgo transgeneracional de cáncer; ese riesgo sería mucho menor al trasplantar bacterias beneficiosas (estudio).
Citoquinas implicadas en la disbiosis
Recuerda que he analizado las interleukinas conocidas en el tomo I, dedicado al sistema inmunitario.
Lo que se repite en todos los estudios son los resultados de esa disbiosis, sea del signo que sea: es común en los pacientes de cáncer colorrectal una sobreproducción de citoquinas como la IL-17, típica de las especies TH17 y una baja producción de SCFA (ácidos grasos de cadena corta), sobre todo de Butirato.
Las bacterias productoras de IL-10 y que controlar la producción de TRegs (linfocitos reguladores, que actúan como supresores de la actividad inmunitaria) controlan a su vez el entorno inflamatorio intestinal, que influye decisivamente en el desarrollo de tumores lejanos. Las bacterias intestinales inductoras de inflamación estimulan la síntesis de IL-17 (estudio).
Otra de las citoquinas proinflamatorias que dichas especies sintetizan es la IL-6 (que interviene activamente en la permeabilidad intestinal, estudio), y bloquearla consigue detener dicha permeabilidad en ratones con sepsis (estudio). Según otros estudios, dicho bloqueo también previene las metástasis óseas, con lo que podemos identificar cómo esas especies y sus citoquinas pueden contribuir a echar lecha al fuego tumoral (estudio).
De todos esos rastros colegimos que cualquier cáncer se verá potenciado si existe una disbiosis y permeabilidad intestinal previa y que tratarlas aportará acciones sistémicas de gran valor terapéutico.
Recordemos también que el ratio neutrófilos/linfocitos es un excelente predictor de inflamación cuando sobrepasaba un determinado valor de 3 (vídeo). Los neutrófilos son modulados igualmente por la relación de especies intestinales y su exceso se vincula con el avance de la carcinogénesis (estudio).
Disbiosis y cánceres distantes
El aspecto más destacable que debemos recordar es que las bacterias no sólo afectan a los tumores en zonas con las que están en íntimo contacto (microentorno) (estudio; link a estudio completo en sci-hub), sino que la microbiota regula la respuesta ‘lejana’ del microentorno tumoral, a través del sistema neuroendocrino e inmune y de factores inflamatorios (uno de los más importantes, como recalco con frecuencia, es el del ratio TH1/TH2,TH17; otro es el del ratio neutrófilos/linfocitos), facilitando o impidiendo el desarrollo tumoral (estudio).
Algunos estudios ya indagan la posible relación entre la disbiosis intestinal y cánceres no intestinales. Aunque en este estudio se utilizaron larvas de mosca Drosophila, se demostró que, al menos en esos invertebrados, ciertas especies bacterianas intestinales (Bacillaceae), en individuos que desarrollaban tumores en el disco ocular, eran menos abundantes que las de los individuos que no lo desarrollaban.
Además, el estudio discute las implicaciones potenciales del sistema inmunológico en el concepto del eje intestino-cerebro para explicar el efecto a largo plazo de la microbiota intestinal en los tumores cerebrales. También destaca el potencial de los resultados en una perspectiva terapéutica para el cáncer de cerebro que podría generalizarse para otros tipos de cáncer (estudio).
Otro estudio va más allá y analiza la correlación entre el microbioma y las marcas del cáncer, que explico con mayor profundidad en el tomo III, dedicado al metabolismo tumoral (estudio).
En algunos estudios preclínicos, los receptores de ácidos grasos de cadena corta demostraron su capacidad para inhibir los fenotipos invasivos de cáncer, no sólo colorrectal sino de mama (estudio).
Conclusión
Como resumen: el cuidado de la microbiota y la reparación de la permeabilidad intestinal deberían ser dos de las principales prioridades de todo enfermo de cáncer, no importa la localización primaria del tumor, porque impactará de forma sistémica en inflamación e inmunidad, y puede ser tanto el principal aliado antitumoral como el mejor amigo del tumor.
Inflamación y malos hábitos alimentan bacterias patógenas, pero lo contrario también puede ser cierto: disbiosis y permeabilidad alimentan la inflamación, mientras que reequilibrar de manera saludable la microbiota intestinal, la aminora.
En el tomo II abordo una estrategia completa y muchas acciones prácticas para curar tu intestino. Mientras, puedes leer una síntesis sucinta aquí y aquí.
Y en Oncología metabólica abordaremos esas y muchas otras acciones prácticas para curar tu intestino.
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