Epidemia de apóstatas 1

Epidemia de apóstatas

Esta es la historia de una conversión. Algunos dirían que de una apostasía.

Una conversión desde la fe absoluta en la tecnociencia hasta la incertidumbre, la duda científica y el empirismo. La pandemia está acelerándolas a un ritmo sorprendente gracias a la gestión nefasta de unas autoridades y unos expertos incompetentes, incoherentes y contradictorios, que dicen basarse en “la ciencia”.

Es una epidemia, paralela a la pandemia Covid, de herejes que acuden en masa a una manera realmente ilustrada de aproximarse a uno de los mayores regalos que la humanidad se ha dado.

No quiere decir que muchos otros no se hayan encastillado aún más en su forma cerril de percibir lo que debería implicar libertad de expresión, debate abierto y consideración sin prejuicios de toda hipótesis. No, y muchos de ellos son quizá irrecuperables, pero muchos otros aún conservan la flexibilidad cognitiva para escapar de ciertas cárceles mentales. La pandemia ha acelerado esos procesos.

Es ficción, pero no del todo: recoge las experiencias personales de algún ex-acólito de la nueva religión del siglo XXI: el cientificismo y su creencia absoluta en la diosa tecnociencia.

***

El protagonista de nuestra historia es un fan de la ciencia deseoso de inyectarse alguno de los tratamientos experimentales planetarios de moda a mediados de 2021, conocidos habitualmente como Vacunas COVID.

Lo que él no sabe es que, como les sucederá a tantos otros, la pandemia supondrá para él una catarsis, no sólo la común derivada de un hecho excepcional, sino una especialmente reveladora.

Tiene 45 años, carrera superior y un trabajo más o menos estable para el que está sobrecualificado. Fue un alumno notable; inteligente, aunque quizá no muy astuto. Con más capacidad para resolver problemas de ajedrez que para sobrevivir a un naufragio. Puede responder preguntas conocidas con las piezas que su formación le ha provisto, pero es menos hábil para hacerse nuevas y mejores preguntas.

Está casado y tiene un hijo de 10 años. Ella fue su primera novia. No ha tenido nunca mucho éxito con las chicas (siempre fue un poco nerd). Es, desde todos los puntos de vista, un seguidor nato, alérgico al liderazgo, pero también un hombre bondadoso y bienintencionado, aunque quizá un poco rígido.

Lo que condiciona su razonamiento y comportamiento es, sin duda, el MIEDO: el temor a los peligros de la existencia le hace refugiarse debajo de dos mantas protectoras: el grupo y la autoridad.

En el grupo encuentra el principal refugio: tiene un puñado fiel de amigos de ideas semejantes, con los que hace escapadas y juega al rol. Daría su vida por ellos y considera la lealtad como el bien más preciado, por encima incluso de la verdad. La soledad le aterra.

En la autoridad encuentra otro tipo de consuelo: la esperanza de que el mundo sea un lugar que albergue significado. La confianza en la autoridad le dice que las cosas son como deben ser, que una figura paterna colectiva vela por ellos con métodos ciertos, elevando ideales eternos a categoría de hechos concretos.

Sabe que las farmacéuticas no son angelitos, pero cree que es exagerado pensar que sólo buscan el beneficio.

Es un poco hipocondríaco y la red de seguridad que le ofrece la confianza en la medicina lo calma. Lee en la prensa seria que “hay constantes avances” en tantos campos que cree que es cuestión de tiempo curar todas las dolencias, y que quizá él o su hijo lleguen a verlas. Percibe la “evolución” y el “avance”, y sabe que eso es lo que persigue “la ciencia”.

Sigue a varios divulgadores acogidos bajo el paraguas del movimiento autodenominado “escéptico”, está suscrito a la revista Muy Interesante desde hace muchos años, ha asistido a un par de eventos de Naukas y se pone enfermo con los defensores de las “pseudociencias”, esa entidad que para él tiene límites perfectamente claros: si se estudia en la facultad de medicina es ciencia; si no, no lo es. Defiende el “método científico” y la “Medicina Basada en la Evidencia”, aunque un par de veces ha tenido dificultades para definirlas con precisión.

Le ha dado “me gusta” a algún ataque en masa en tuiter (insultos personales inclusive) contra algún personaje que, claramente, utilizaba la ingenuidad e ignorancia de los incautos para engañar y enriquecerse a su costa (aunque luego se ha sentido mal por ello).

Enric Corbera y Josep Pamies son los peores ejemplos de ese comportamiento, pero también otros igual de siniestros como el del blog Cáncer Integral. Se pone literalmente lívido de rabia al ver que se permite a semejantes estafadores perpetrar sus fechorías con los enfermos más vulnerables. Los tres son, para él, lo mismo: mismo discurso, mismas intenciones, mismos métodos, mismos resultados.

Hace años un familiar visitó a “un naturista”, tomó “una hierbas” en vez de ir al médico y murió al poco tiempo. Opina que “esa gente” debería estar en la cárcel.

Tiene sobrepeso, combinado con escasa masa muscular, e hipertensión, y siente un odio mortal por los “divulgadores magufos”. Se pone crema solar hasta para dormir porque el sol es malísimo. Se toma sus pastillas todos los días porque confía en el cáliz de su religión y las vitaminas son entidades extrañas que los magufos mencionan para joder a la gente y ganar dinero.

***

Comienza nuestra historia un día cuando, al llegar a casa, le pide algo a su mujer:

  • Por fin me puse la vacuna, ¡Qué alegría! Prepara la cámara que voy a cachondearme un poco de los bobos del magnetismo. Lo publico luego y nos hacemos unas risas.
  • Muy bien…rodando
  • ¡Pues aquí vemos, amigos, cómo la cuchara y el brazo están secos y, al ponerlo en la zona del pinchazo..!
  • …coño
  • …espera, que igual tengo algo que pega o restos de sudor. Repito.
  • …coño
  • Prueba en el otro brazo
  • No se pega.
  • Repite en el brazo de la vacuna.
  • Coño
  • Oye, que se pega
  • Pues sí. Se pega… Corta

Entonces se dirige en tuiter a la gente de Maldito Bulo y les comunica que, bueno, es que se le pegan objetos metálicos al brazo, en la zona donde se inyectó la vacuna, y necesita que le respondan, con argumentos científicos, por qué está sucediendo esto. Sus compañeros comentan también:

  • ¡Venga, hombre!
  • Que sí, que se pega…
  • Oye, yo sólo quiero saber por qué.
  • El sudor de la zona.
  • La he limpiado escrupulosamente.
  • Es fácil que se pegue una cucharilla.
  • Probé también con una cuchara. Y con un cucharón. Y con un cuchillo de monte. Y con un iPhone. Y casi pruebo con una palangana y una parabólica. Se pegan.
  • …tío, no me jodas, no te dejes sugestionar por ignorantes.
  • Mira, te digo que se pega.
  • ¡Sé ESCÉPTICO, hombre!

Entonces, algo se resquebraja dentro suyo: todas las percepciones intelectualizadas se transforman en algo que él está viviendo y que comprende de forma intuitiva, quizá por primera vez: ¿Y si…? No, no puede ni pensarlo… ¿Y si todos aquellos que relataban OTRAS experiencias, incluso tratamientos que probaron y decían que funcionaban, y de las que YO me reí, tuvieran alguna base? ¿Por qué estos que yo consideraba amigos, gente de mi grupo, no creen lo que digo y, peor aún, no sienten curiosidad ni albergan dudas ni hacen el intento por entenderlo?

Pasan los días, semanas incluso, y su inflamación articular, esas molestias que suelen acompañarle siempre, arrecian. Además, le cuesta respirar. Aunque está condicionado a no pensar que sea por la vacuna, la vivencia en CARNE PROPIA hace que se activen otros mecanismos cognitivos.

No sabe qué le da más miedo: que la vacuna pueda estar haciendo algún daño en su organismo o que todo aquello en lo que ha creído hasta ahora, lo que ha conformado la base de su percepción de la realidad, se revele erróneo.

Va a su médico. Le dice lo que le pasa. Al mencionar la vacuna el médico tartamudea un poco, cruza los brazos con nerviosismo y afirma: “no, no tiene nada que ver”.

  • ¿Cómo puedes estar tan seguro?
  • Vamos a ver ¿Vas a ser justo tú quien siembre dudas acerca de las vacunas?
  • LAS vacunas no, ESTA vacuna…es que esto no es normal. A lo mejor, ESTA vacuna en concreto.
  • Ja, ja, ja. No te pongas nervioso, hombre. Mira te receto este antiinflamatorio y toma un protector de estómago también.
  • ¿Puedo enfermar de Covid incluso con las vacunas?
  • Hombre, no, es muy difícil
  • ¿Muy difícil? Pero si con una de la varicela es imposible que caiga enfermo de varicela. ¿Cómo es eso de que con éstas puede darte la enfermedad?
  • Es que ésta es un poco diferente.
  • ¿Quieres decir que las vacunas no son todas iguales? Entonces habrá que hacer diferencias entre ellas, ¿no?
  • No, una vacuna es una vacuna y las vacunas salvan todas muchas vidas. Además, si te da la enfermedad, te da más suave.
  • …he leído casos de gente hospitalizada después de la vacuna, incluso muertos.
  • Oye, vamos a ponernos serios, que estás dejándote convencer por supercherías de pseudocientíficos
  • …en realidad es un estudio que decía…
  • Bueno, ya sabes que hay estudios para todo…
  • ¿Quieres decir que sólo debo leer los que confirman lo que creemos saber?
  • …oye, tú ¿Qué has comido hoy? Ja, ja, ja. Venga hombre, déjame ese tema a mí ¡Y TEN PENSAMIENTO CRÍTICO!

Entonces, al llegar a casa, todavía confundido por lo que sin duda son contradicciones en el discurso del médico, comienza a visitar algunas webs que antes no hubiera tocado ni con un palo.

Tiene referencias de un tal Marcos Vázquez. Dice cosas que hace unos años sonaban “raras”, pero cada vez sale más en los medios y él tiene mucha confianza en el periodismo serio.

Así que va a su web y, con el ceño fruncido, lee algunos artículos (tiene muchos). El enfoque tiene sentido, aunque… eso de que sea ingeniero informático…

Decide aplicar tímidamente algunas de sus recomendaciones: cambia algunos hábitos, pierde parte de su miedo al sol, se ejercita por primera vez en su vida sin excesivo entusiasmo.

Y la inflamación se aminora y su estado mejora considerablemente en unas semanas.

“Tal vez sea casualidad o los antiinflamatorios”, se dice, pero se encuentra tan bien después de años de esa insidiosa y constante molestia general, que persiste. Además sube las escaleras sin cansarse por primera vez en años y se siente anímicamente mejor. Ha perdido bastante grasa y ganado algo de músculo.

Pero lo que le deja estupefacto es que su hipertensión se ha esfumado, y que su “prediabetes” también. Aun así, cuando el médico le entrega los resultados de los análisis lo hace pestañeando con un ceño que parece más preocupación que alivio.

  • ¿Has hecho algo especial últimamente? –le pregunta, cogiéndose el puente de la nariz
  • Sí –contesta- he cambiado algunas cosas: tomo algo más el sol, duermo mejor, hago ejercicio de fuerza y he cambiado hábitos de alimentación
  • ¿En qué consisten esos cambios?
  • He subido el consumo de proteína, he eliminado ultraprocesados y la mayor parte de las harinas y me alimento en función de la temporada, con lo accesible en la proximidad de mi zona. Lo que siempre se ha hecho, vamos.
  • Pero vamos a ver…
  • ¿Qué pasa?
  • No sé por qué has eliminado harinas. Los cereales son parte imprescindible de la dieta, la base en realidad. Y las proteínas pueden dañarte el riñón. Y con las proteínas animales vienen las grasas saturadas. Y cuidadín con el sol…
  • Sí, conozco eso que dices, yo mismo lo repetía, pero el caso es que he estado leyendo y…
  • No me digas más: te han convencido cuatro artículos de blogs de señores que no han estudiado medicina ni nutrición.
  • No es cuestión de convencer, ni de títulos, es cuestión de evidencia científica.
  • Ya sabes que hay…
  • ¿Estudios para todo? Sí, no sólo para lo que confirma nuestro sesgo.
  • ¡Pues tienes el colesterol alto, amiguito!
  • Sí, pero el ratio triglicéridos…
  • A ver, para el carro. Tienes el colesterol alto, y eso es MUY peligroso. Punto. Lo siento, pero voy a tener que recetarte una estatina.
  • No, verás, te traigo estos estudios que dicen que no es tan importante el valor cuantitativo del colesterol como su calidad y eso se mide…
  • Bueno, en fin –dice el médico, mientras sonríe.
  • ¿De qué te ríes? ¿No ves que está claro que ya no soy hipertenso y que he mejorado? No lo entiendo. Lee estos estudios que te traigo. Lee al menos. Además, ¿No ves que…?

Entonces se queda detenido a mitad de la frase, porque comprende lo que ha estaba a punto de decir y su significado: “¿No ves que A MI ME FUNCIONA?”.

El anatema de su religión acaba de caer con todo el equipo. Y en una décima de segundo entiende, con los huesos, con el estómago y con el páncreas, con todo el peso de la intuición, lo que muchos antes que él entendieron, justo aquellos a quienes él ridiculizaba habitualmente en el pasado.

Su opinión acerca del médico que permanece frente a él, ciego a las evidencias empíricas, alertándole contra algo que, no cabe ninguna duda, ESTÁ funcionando, cuando los fármacos no lo habían ayudado, acaba de ser también reconfigurada por completo: es un individuo que no hace el intento por entender su postura, basada en datos científicos que también se niega a revisar. Que permanece estático, sentado cerril en el trono de su castillo de opiniones y prejuicios.

Por un lado siente pena por haber sido igual que él, por haber condescendido con profesionales como él, pero también siente alivio, el mismo que un prisionero sentiría con toda probabilidad al escapar de una prisión asfixiante.

Lo que inicialmente le aterraba ahora construye un mundo nuevo de posibilidades, porque ha demostrado que, por sí mismo y con la información aportada por un ingeniero informático (no ha sido necesario ser ni médico ni nutricionista), ha mejorado una condición que los médicos consideraban sólo a duras penas controlable con fármacos.

Aunque respeta los beneficios que las medicinas aportan, y sabe que lo han ayudado hasta ahora, decide que va  a dejar de tomar los antihipertensivos porque su situación ha cambiado. Rompe también la receta de estatina: aunque sabe que otros sí se beneficiarían con ella, A ÉL no le reportaría AHORA más que problemas.

No sólo ha dejado de tener miedo a la hipertensión, sino que ya no tiene miedo del COVID, que sabe que se ceba en obesos e hipertensos. La sensación de no tener miedo es agradable, adictiva. Ahora entiende, de verdad, más allá de banales intelectualizaciones, el significado de esa palabra repetida hasta la náusea: “empoderamiento”.

La disonancia cognitiva inicial ha dejado paso a la curiosidad: si esas autoridades en quien él confiaba estaban completamente equivocadas en esto, ¿Podrán estar equivocadas en todo lo demás? ¿En qué más se han estado equivocando? ¿Qué consecuencias tienen esas equivocaciones? Y, sobre todo, ¿POR QUÉ se equivocan? ¿Acaso no decían basarse en “ciencia”, apoyada en el infalible “método científico”? ¿Tendrá que entender de nuevo todo lo que creía entendido?

La grieta en la credibilidad de autoridades “expertas” es irreparable. Una vez iniciada sólo puede crecer hasta estallar en mil pedazos.

***

Entonces se atreve a leer artículos de otras webs que proponen otras tesis: la del doctor Jack Kruse, por ejemplo. También visita e incluso a cuentas de tuiter como @mitokondriac , a quien reconoce haber despreciado por las ridiculizaciones que el grupo que conforma la cuenta @illborregos y cada uno de sus miembros le infligió en varias ocasiones, y que él consideraba justificadas.

Tras dedicar un tiempo a leer sus tuits y los artículos de Kruse, las piezas encajan, tienen coherencia y justificación. Son personas muy inteligentes que proponen hipótesis razonables y se siente mareado ante su cerrazón pasada y por haberse dejado influir por quienes sólo buscaban dañar, tumbar a personas sin duda mucho más brillantes que ellos. Empieza a sospechar que la universidad no prepara para pensar con claridad, y que incluso oscurece el juicio al llenar el cerebro de supuestos axiomas sólidos que se revelan humo.

Va visitando muchas otras webs y perfiles que antes despreciaba y que ahora, una vez abierta la caja de Pandora, muestran auténtica mentalidad científica: que considera las hipótesis como probabilidades razonables, no como leyes grabadas en piedra, que dialoga sin creerse poseedora de La Verdad y que justifica sus afirmaciones con tentativas cimentadas en datos: Cecilia Lobato, Andrés Suárez y muchos otros.

Con el tiempo incluso visita la web del tipo de Cáncer Integral, y se sorprende de la extensión de sus posts. No comulga con todo lo que dice, pero alberga dudas de que alguien que dedica tanto esfuerzo y tiempo a investigar, esté o no en lo cierto, lo haga exclusivamente para engañar a los enfermos. Tal vez sea justo que cobre un dinero por vender un libro, como hace todo quien escribe y publica.

Se atreve más tarde a leer su historia y comprende que tal vez él también hubiera seguido un proceso catártico, tal y como él ha seguido. Que como mucho tal vez sea un hombre profundamente equivocado e ignorante, pero no un estafador, como él creía. Lo que no entiende es por qué aquellos más preparados que él siguen insistiendo en que sólo cuenta chorradas pseudocientíficas. Está claro que justifica lo que dice, y es coherente con el resto de cosas que está leyendo.

Incluso se atreve a escribir acerca del por qué de la situación sanitaria mundial, y cuando lee algunos de sus artículos al respecto la coherencia  continúa, y sus paralelismos entre el tratamiento del cáncer y la gestión de la pandemia Covid son razonables.

***

Tras un tiempo de reflexión, luego de que su salud mejore drásticamente al ignorar los consejos de tantos a quienes veneraba y seguir los de aquellos a quienes despreciaba; tras asistir a las contradicciones de los gestores “expertos” de la pandemia; tras abochornarse por los mensajes acientíficos y contradictorios de tantos divulgadores oficiales; tras comprobar por sí mismo los datos de la pandemia y sentir horror, la conclusión es clara: el mundo no es como le habían enseñado. “La ciencia” es un asunto profundamente humano, con todo lo que eso conlleva de sesgo, suciedad y corrupción.

Descubre que las vacunas Covid tienen riesgos desconocidos a largo plazo, y sus beneficios justifican vacunar sólo a ancianos; que hay innumerables combinaciones de tratamientos baratos, eficaces y sin riesgos que habrían salvado quizá al 80% de los muertos (Ivermectina, Hidroxicloroquina+zinc, vitaminas D y C, etc), pero se ocultaron intencionadamente para no poner en peligro el permiso de usar vacunas en situación de emergencia; que la pandemia se basó en ciclos de PCR que cambian al albur de organizaciones corruptas; que aunque la enfermedad es bien real los casos han sido hinchados; que los medios han mentido sistemática y deliberadamente para ayudar a quienes invierten en ellos, los mismos que invierten en vacunas; que las redes sociales censuran para beneficiar a la industria y a costa del ciudadano; que los fact-checkers son sólo mamporreros del poder; que el miedo es un arma de destrucción y control masivo; que la democracia ha sido asesinada por un estamento político ávido de control totalitario, justificado con medidas sanitarias que son meras coartadas; que la industria ha penetrado en todos los estamentos, corrompiendo lo que toca y torciendo el brazo al ciudadano y a los sistemas públicos de salud; que la medicina es conceptual y prácticamente un brazo armado de la industria. Que Cáncer Integral tenía razón al alertar que es lo mismo que ha estado sucediendo en cáncer durante 80 años.

Eso le aterra un poco, pero también lo alivia. Le aterra porque se siente solo, acompañado solamente por personajes virtuales y sus artículos y tuits. Lo alivia porque conocer lo que sucede le permite entender mejor lo que vaya a suceder y protegerse, a él y a su familia.

Su mujer lo mira con extrañeza, pero también con ojos nuevos: es físicamente más atractivo, tiene más energía sexual y más confianza en sí mismo. Ha pasado de ser para ella una sucesión de certezas a una incertidumbre con aplomo… Y eso es sexy.

Sus amigos lo perciben diferente. Es más taciturno pero más sosegado. No saben cómo ubicarlo cuando deja caer opiniones que antes no sostenía, y lo hace con lacónica seguridad.

El mundo ha cambiado para él porque él ha cambiado. O quizá sea al revés. Como quiera que sea su horizonte se llena de una sucesión de posibilidades ilusionantes y liberadoras: ya no siente tanto miedo. Está preparado.

40 Comments

  1. Gabriel 18 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 18 junio, 2021
  2. Julio 18 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 18 junio, 2021
  3. Elena Plantón 18 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 18 junio, 2021
  4. Sagrario 18 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 18 junio, 2021
  5. Sagrario 18 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  6. Josep 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  7. Felipe 19 junio, 2021
  8. Sagrario 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  9. José María 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  10. Andrés 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  11. Laura Fernández 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  12. FELIPE 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  13. isabel 19 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  14. GERARDO RODRIGUEZ POLO 21 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  15. SILVINA 21 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  16. Manuel 21 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 21 junio, 2021
  17. Helena 21 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 22 junio, 2021
  18. Regina 22 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 22 junio, 2021
  19. Helena 22 junio, 2021
    • Alfonso Fernández 23 junio, 2021
  20. Vanesa 26 junio, 2021
  21. Javier 7 julio, 2021
    • Alfonso Fernández 19 julio, 2021

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