Dieta cetogénica contra el cáncer (VIII). Evidencia científica disponible 1

Dieta cetogénica contra el cáncer (VIII). Evidencia científica disponible

Continúo con la serie dedicada al estudio de la dieta cetogénica contra el cáncer, que inicié hace ya mucho y que requiere una actualización.

En este artículo analizaremos parte de la evidencia disponible (la mayoría EN HUMANOS) acerca de la seguridad y eficacia de aplicar una dieta cetogénica de forma complementaria al tratamiento estándar contra el cáncer (y contra otras muchas dolencias).

En siguientes artículos analizaremos otros aspectos. Por ejemplo: los potenciales múltiples mecanismos antitumorales de actuación de la dieta; los malentendidos y detalles que se pierden a la hora de diseñar una dieta para enfermos de cáncer y valorar macros y micros; la necesidad de superar el concepto de “restricción de calorías” y ser más precisos; el estudio específico de los cuerpos cetónicos y el potencial de las cetonas exógenas, sus similitudes con los ácidos grasos de cadena corta y la influencia de la estacionalidad y latitud en la dieta; la necesidad de combinar la dieta con otras medidas coherentes con nuestra fisiología, apuntando siempre hacia la sinergia.

Y también dedicaré al menos un artículo a desmontar MITOS y MALDITOS BULOS, poniendo ejemplos que provienen de “prestigiosos” miembros de la divulgación mainstream.

Actualizaré periódicamente este artículo, que irá creciendo conforme la evidencia se acumule.

Última actualización del artículo: 12/12/2019

Una breve explicación previa

La dieta cetogénica no es un “invento” moderno. Sólo son inventos modernos los estudios que la han puesto a prueba. La cetosis es coherente con nuestra fisiología e historia como humanos y no sólo sucede en períodos de escasez. Durante milenios ha sido un estado adaptativo natural, más o menos frecuente según la latitud y la estacionalidad.

No es la panacea, ni la cetosis continua es obligatoriamente la única opción saludable, pero quien tome la decisión de seguirla durante todo el año tampoco estará incurriendo en una práctica peligrosa.

No entro en debates nutricionales estériles con quienes están razonablemente sanos y su metabolismo funciona correctamente. La mayoría pierde el rastro de ciertas variables que le permitiría darse cuenta de lo que tienen en común con quienes discuten.

Estos artículos se enfocan exclusivamente en el estudio de la dieta dirigida a enfermedades con un componente metabólico (es decir, casi todas las enfermedades crónicas) y, en concreto, en cáncer. Su enfoque es, por tanto, terapéutico.

Estudios previos para otras dolencias

El análisis de la utilidad de la dieta cetogénica en otras dolencias puede darnos una idea no sólo de su efectividad en todo proceso donde intervenga un metabolismo dañado, sino de los efectos secundarios que ha podido producir en los enfermos tratados con ella. Como algunas dolencias llevan muchos años tratándose con dieta cetogénica el tiempo ha podido certificar sus beneficios y riesgos.

Epilepsia

Los niños con epilepsias refractarias a los fármacos llevan usando oficialmente este tipo de dietas desde hace unos 100 años, sin más problemas que los derivados de no poder disfrutar de lo que supuestamente “deben” disfrutar todos los niños del mundo occidental contemporáneo: dulces y ultraprocesados.

Los carbohidratos pueden ser restringidos sin que el niño sufra problemas nutricionales, y es la moderada restricción proteica que se requiere para entrar en cetosis la que debe ser minuciosamente vigilada y diseñada con el objetivo de evitar tanto las crisis como los problemas de crecimiento asociados a una posible falta de “ladrillos” estructurales.

Los problemas derivados de su aplicación suelen deberse al excesivo empleo de fórmulas “cetogénicas” artificiales con ingredientes que a veces confirman que pocos entienden de verdad qué significa una dieta cetogénica bien planteada.

En otro artículo de esta serie abordaré ese y otros problemas fundamentales: el olvido de los micronutrientes, perder de vista la calidad y el tipo de grasas, los ratios y cantidades absolutas de ciertos elementos y creer que una dieta cetogénica se define como “alta en grasas”, cuando ésa solo es una consecuencia de su correcto planteamiento.

Cuando las grasas de la dieta se basan en aceite de oliva o se añaden triglicéridos de cadena media, puede sostenerse en el largo plazo tanto en niños como en adultos con epilepsias refractarias (algo que los “expertos” suelen desaconsejar) sin efectos secundarios reseñables (estudio, estudio, estudio).

En numerosos estudios las dietas funcionan MEJOR en niños epilépticos que los fármacos, pero en el mundo contemporáneo ya no resulta extraño que la dieta se considere “la última opción” y parezca obvio drogar a menores de edad (estudio, estudio).

Repito: en otro artículo de la serie explicaré cómo la constante difusión de bulos y mitos han manipulado la percepción pública hasta considerarla una dieta casi demoníaca.

Diabetes tipo I

Hace 100 años la diabetes tipo II era una enfermedad muy infrecuente, pero la diabetes tipo I estaba bien descrita (aunque su prevalencia se ha incrementado constantemente a lo largo del siglo XX –estudio) y era irremediablemente mortal.

No obstante, ¡Desde inicios del siglo XIX! se había descubierto que la restricción de carbohidratos y el ayuno favorecían a los enfermos. Es decir, ya se aplicaba mucho antes de que existiera el tratamiento inyectable con insulina (descubierto en 1922) y proporcionaba más tiempo y calidad de vida a los enfermos, aunque no eran intervenciones curativas, por supuesto (artículo).

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Ejemplo de alimentos prohibidos, en libro de cocina para diabéticos del año 1917. Fuente. Justo los que las guías actuales recomiendan que consuman los diabéticos.

Aunque la dieta en solitario no suele inducir remisiones (pero existen, y sobrepasan el período de “luna de miel” típico de algunos enfermos de diabetes tipo I) sí permite tener un control más ajustado de los niveles de glucosa en sangre, sin los frecuentes carruseles de híper e hipoglucemias que acompañan a las dietas altas en carbohidratos, ni el empleo de cantidades exageradas de insulina exógena.

A la mayoría de enfermos de diabetes tipo I se les ha enseñado a temer a la cetosis y asociarla con mayor riesgo de cetoacidosis, pero la realidad no sustenta esa afirmación.  Numerosos testimonios de diabéticos, a lo largo de todo el mundo, más el trabajo de médicos como el Dr. Bernstein, diabético tipo I él mismo y ejemplo de control glucémico óptimo y mantenimiento de niveles de calidad de vida y salud envidiables, así lo demuestran (estudio).

Aplicaciones más recientes en otras enfermedades

Si todas las enfermedades crónicas comparten problemas metabólicos similares, es lógico que una intervención que sirve en una lo haga en todas las demás.

En esta revisión del año 2013 (alguna de la evidencia considerada entonces “emergente” ya comienza a ser sólida cuando estamos a punto de entrar en el 2020) se resumen las potencialidades terapéuticas de la dieta, que se reflejan en el siguiente diagrama.

Imagen
Evidencias de ayuda terapéutica de las dietas cetogénicas en diversas dolencias con sospecha de compartir componentes metabólicos. Fuente.

Empezamos a comprender entonces por qué intervenciones que se basen en alimentación, ayuno, ejercicio, sueño, luz artificial, sol , contacto con la naturaleza, control del estrés, etcétera, deben ser sistemáticamente desprestigiadas.

Porque impactan en la línea de flotación conceptual de TODO el sistema de salud (mejor dicho, de enfermedad) en que se basa la civilización occidental: en la diversificación de enfermedades y fármacos. En la dependencia del enfermo de algo “externo” a él, “la medicina”, para alcanzar la salud.

La libertad que aporta al ciudadano entender “muchas enfermedades” como diversas manifestaciones de ciertos principios básicos comunes, conceptualmente opuestos a los que pregona la medicina, no puede ser tolerada. El sistema quiere individuos intelectualmente sumisos a una idea de autoridad plegada a los intereses corporativos.

No es extraño que los divulgadores del régimen sean lanzados en masa a dilapidar su credibilidad en pos del beneficio de sus amos, aunque tengan para ello que inmolar la salud de la ciudadanía. Esos divulgadores son igual que fusibles: recambiables cada cierto tiempo por otros clones igual de mediocres, manipuladores y serviles.

Evidencia de eficacia de la dieta cetogénica contra el Cáncer

Hasta ahora el comprobar la ayuda que supone la dieta cetogénica en diversas dolencias nos ha servido para dos cosas:

  1. Establecer una relación metabólica entre enfermedades “distintas”, cuyos orígenes se nos ha dicho que eran diferentes.
  2. Estudiar los efectos secundarios asociados al uso prolongado de este tipo de dietas y comprobar que son inexistentes o leves.

Ahora vayamos al grano.

Analizaremos el papel en concreto de la dieta al aplicarse de forma complementaria al estándar en pacientes de cáncer.

¿Analizamos estudios en ratones?

Si ya hay disponibles estudios de intervención en humanos con dietas cetogénicas bien diseñadas, los preferimos antes que en ratones, salvo si se investigasen parámetros concretos no analizados en humanos, que no es el caso.

Esa razón ya sería suficiente para no analizarlos, incluso aunque las dietas usadas en estudios preclínicos fueran análogas a las dietas cetogénicas en humanos.

El problema es que ese no es el caso: explicaré en otro artículo de esta serie el vergonzoso estado de las costumbres estándar que los “científicos” asumen como ciertas y que impactan en la línea de flotación de TODOS sus resultados: el uso de dietas estandarizadas (como ésta, de Harlan, considerada “alta en grasas” y usada frecuentemente para probar el efecto de dietas cetogénicas en ratones) llenas de grasas insanas, proteínas desnaturalizadas y carbohidratos simples que convierten las dietas “cetogénicas” usadas con los ratones en esperpentos artificiales.

Al no usar dietas cetogénicas saludables y extrapolables a las humanas, los resultados -TODOS los resultados de dichos experimentos, sean favorables o desfavorables a nuestro sesgo- son inválidos. No podemos aceptar conclusiones que se basan en supuestos erróneos.

PERO: uno de los pocos estudios que sí quiero resaltar es el de Seyfried et al en 2007. Thomas Seyfried propone la dieta cetogénica (con restricción calórica) como una de las medidas para controlar el cáncer cerebral y lo prueba en ratones (estudio).

La razón de resaltar éste es que utilizó una fórmula registrada, diferente a la usada habitualmente en ratones, llamada KetoCal y consumida habitualmente por humanos, sobre todo niños, con epilepsias refractarias.

Aunque cualquiera que entienda un poco sabe que su composición está lejos de considerarse del todo saludable o comparable a una dieta basada en alimentos reales, y yo no confiaría en que un niño alimentado exclusivamente con ella vaya a crecer del todo sano, está a años luz de la basura que compone las dietas habituales con las que se alimenta a los ratones en el laboratorio.

Además, en otro apartado hablaremos del error conceptual que creo supone hablar de “restricción de calorías”, sin entender qué elementos son los que realmente debemos restringir, pero de momento detengámonos en los resultados del estudio, porque al poder medir y pesar con precisión lo que comían los ratones los resultados pudieron controlarse con fiablidad.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/corecgi/tileshop/tileshop.fcgi?p=PMC3&id=259348&s=8&r=1&c=1
Resultados en tamaño tumoral en ratones con diferentes dietas. Fuente.

Los ratones alimentados con la fórmula en cantidades restringidas vivieron considerablemente más, y aunque la traslación en pacientes humanos con esa restricción de alimento es dudosa, debemos quedarnos con el CONCEPTO que subyace: que una dieta y el ayuno que conlleva su restricción SÍ pueden actuar contra el cáncer, según parámetros y con una intensidad que debemos medir y estudiar más en profundidad.

Para eso sirven los estudios bien diseñados en ratones. En este caso, éste SÍ cumple su cometido.

¿Qué hacemos con la epidemiología?

Comencemos por una revisión de estudios epidemiológicos. ¿Por qué, si siempre he dicho que la confianza en la epidemiología debe ser baja y se unen en ella demasiados factores como para poder aislar alguno?

Porque algunos divulgadores muy famosos se empeñan en usar los estudios epidemiológicos que favorecen a su sesgo para “demostrar” sus tesis: por ejemplo, que el consumo de “carne” incrementa el riesgo de padecer cáncer.

Pues bien, esta revisión de estudios epidemiológicos “demostró” relación directa entre consumo de carbohidratos simples y mayor riesgo y mortalidad en algunos cánceres, aunque en otros la evidencia no era clara y aceptan que el consumo de fibra se relaciona con menor riesgo. La revisión propuso, además, explicaciones de cómo los carbohidratos simples podrían favorecer ciertas vías metabólicas explotadas por los tumores.

Es una revisión más contenida que otras, y asume la dificultad de aislar variables y de obtener conclusiones precisas, pero el único motivo por el que la menciono es para que entendamos que la epidemiología NUNCA puede ser usada para “demostrar” nada salvo los sesgos. Siempre podremos encontrar algún estudio epidemiológico que confirme lo que ya “sabemos”. Si un divulgador apoya sus tesis en epidemiología su mente será cualquier cosa menos científica.

No recuerdo que todos esos divulgadores mencionaran tampoco, por ejemplo, el estudio prospectivo de cohortes PURE, que siguió a 135.000 individuos de 18 países durante una media de más de 7 años, y que concluyó que la enfermedad cardiovascular y la mortalidad por todas las causas guardaba una relación inversamente proporcional a la cantidad de carbohidratos consumidos (estudio).

Pero tranquilos, aunque es de los estudios de ese tipo más rigurosos, no seré yo quien se apoye en él para afirmar lo que me conviene.

Los estudios epidemiológicos que consideran que la carne incrementa el riesgo de padecer cáncer tienen las mismas limitaciones que todos, y creer que pueden obtenerse de ellos conclusiones precisas es, como mínimo, ingenuo.

Como algunas dietas cetogénicas pueden incluir el consumo de lo que algunos consideran “altas” cantidades de carne, le ha servido como excusa a algunos divulgadores para descartar TODA dieta que induzca cetosis, lo cual implica un profundo desconocimiento del concepto mismo de dieta cetogénica, que puede diseñarse de muy variadas formas, como explicaremos en otro artículo de esta serie.

Para obtener una visión mucho más precisa de las limitaciones de dichos estudios, os aconsejo la lectura de este artículo de Márcos Vázquez.

Estudios de intervención en humanos

Comencemos a revisar algunos estudios en humanos, de forma cronológica: primero los más antiguos. Conforme el tiempo pasa se han ido acumulando e incrementando considerablemente su puesta en marcha, porque la creciente evidencia invita a los investigadores a usar medidas que adquieren cada vez mayor probabilidad de resultar beneficiosas.

El tiempo, ese aliado para unos y verdugo para otros.

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Wilhelm Brüning fue uno de los primeros en usar dietas muy bajas en carbohidratos e insulina exógena para producir acusadas hipoglucemias en pacientes de cáncer, siguiendo los pasos teóricos de las teorías de Otto Warburg.

Casi medio siglo antes del primer estudio que probó oficialmente una dieta cetogénica en pacientes de cáncer, Brüning usó dietas keto más inyecciones de insulina en aproximadamente 100 pacientes (estudio).

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Logros de Brüning e historia breve de los estudios de dieta cetogénica en cáncer. Fuente.

Consiguió regresiones a corto plazo, más tiempo de sobrevida y mejor calidad de vida a sus pacientes. Aunque el tumor terminaba por hacerse resistente a la terapia, debería haber sentado las bases conceptuales para ayudar al tratamiento, algo que, como ya era de esperar en este mundo gobernado por crecientes niveles de estupidez, NO sucedió.

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1995. Dieta cetogénica basada en triglicéridos de cadena media (MCT) en niños con cáncer (estudio).

Se usaron dietas basadas en un 60% de calorías en MCT, 10% de otras grasas, 20% de proteínas y 10% de carbohidratos complejos en niños con astrocitomas malignos en estados avanzados. El objetivo era comprobar el consumo de glucosa tumoral, que descendió considerablemente a las 8 semanas y la tolerabilidad de la dieta, que fue alta y no produjo pérdidas de peso.

Los autores decidieron probar la dieta debido a un estudio previo que la había usado (añadiendo un suplemento de e-betahidroxibutirato) en 5 pacientes adultos con cáncer avanzado y caquexia, y habían conseguido balances de nitrógeno positivo, que demostraban un freno de la pérdida muscular, algo que, como veremos en otro apartado del libro es una medida de extraordinaria importancia (estudio).

Este estudio fue uno de los primeros que hizo sospechar que las recomendaciones estándar que aconsejan a los pacientes simplemente “comer más” y usar además alimentos “muy calóricos” e incluso ultraprocesados, podían estar completamente equivocadas.

Casi en pleno 2020 aún asistimos al espectáculo bochornoso de divulgadores que venden libros apoyados en esas premisas que sólo dañan aún más a los enfermos. Pero ese tema lo abordaremos en otro artículo de la serie.

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2011. Control total de los niveles de glucosa con el empleo de dieta cetogénica más metformina (estudio).

No es un estudio de intervención, pero lo resalto porque los científicos comenzaban a entender que las medidas combinadas, usando fármacos antiguos que han demostrado buen perfil de seguridad junto con la dieta, podrían asegurar mejores resultados.

La potencial hipoglucemia ocasionada al limitar el aporte de glucosa por la dieta y al inhibir la gluconeogénesis con la metformina se vería compensada por el uso extenso de ácidos grasos y cuerpos cetónicos, obligando al hígado a producirlos en gran cantidad, que es a la postre el objetivo buscado.

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2011. Estudio piloto que evaluaba los efectos sobre la calidad de vida de la dieta en 16 pacientes con cáncer metastásico avanzado (estudio).

No se reportaron efectos adversos y en algunos pacientes mejoraron parámetros relacionados con la calidad de vida

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2016. Uso de dieta cetogénica junto con radioterapia en 6 pacientes (estudio).

Sin efectos adversos. Buena calidad de vida. Pérdida de grasa en todos los pacientes (CON CONSERVACIÓN DE MASA MUSCULAR). Regresión tumoral en 5 pacientes. Leve avance en 1 y progresión tumoral rápida tras abandonar la dieta.

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2017. Respuesta completa de un caso de cáncer de mama triple negativo en estadio IV, al recibir quimioterapia, dieta cetogénica, hipertermia y terapia hiperbárica (estudio).

De nuevo, resaltamos el poder de la sinergia con el uso de terapias combinadas. Quien considere este un “caso anecdótico” no entiende que, como he dicho en otras ocasiones, el espacio muestral viene determinado por la amplitud de los efectos.

Se necesita un espacio muestral de miles de pacientes para detectar alguna diferencia entre dos drogas habitualmente igual de malas, pero no significa que, obligatoriamente, el espacio muestral deba ser siempre elevado.

Se obtuvo una cura para el escorbuto con pruebas en 12 marinos repartidos en 6 grupos. O sea, dos “casos anecdóticos” en los que se demostró que la ingesta de cítricos solucionaba el problema, bastaron para cambiar la historia.

Un solo caso en el que se logra que una paciente en estadio IV (el más avanzado) remita, lo que no han logrado cientos de miles de otros casos que usaron exclusivamente la terapia estándar, ya debería invitar al menos a la reflexión.

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2017. Press-pulse: una nueva estrategia terapéutica para el manejo metabólico del cáncer (estudio)

NO es un estudio de intervención, pero quiero resaltarlo porque propone una hipótesis similar a lo que otros llevamos años diciendo: usar medidas combinadas que apliquen acciones puntuales y agresivas, locales o sistémicas, con múltiples dianas que apunten al especial metabolismo tumoral, y otras de carácter crónico, que afecten fundamentalmente al estilo de vida (siempre que sea posible y en función de la capacidad económica, física y psicológica del enfermo).

El estudio de Seyfried et al propone el uso de unas pocas estrategias, pero en el libro propondremos muchas más, cuya combinación puede resultar ganadora.

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Hipótesis de aplicación de estrategia combinada de medidas agudas y crónicas press-pulse. Fuente.

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2017. Efecto “milagroso” de la combinación de ayuno, dieta cetogénica (80% de grasa saturada, 15% de proteína y 5% de vegetales), terapia hiperbárica, ozono intravenoso y suplementación en el tratamiento de varios cánceres (estudio).

Estudio planteado por la Universidad de Cambridge en colaboración con hospital iraní. 54 pacientes tratados en el hospital.

Tras la primera fase de 90 días, continúan 31 pacientes (de los 23 restantes: algunos murieron debido a su avanzada edad, uno murió por accidente de coche y el resto abandonó debido a escasa esperanza en que el tratamiento fuera a surtir efecto o por su deseo de permanecer en sus hogares con sus familias y no en el hospital donde eran tratados).

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Los resultados de la reducción tumoral durante la primera fase del tratamiento se representan en este gráfico. Fuente.

Tras otros 90 días, todos los pacientes restantes habían conseguido la reducción prácticamente completa de sus tumores

 En el siguiente gráfico se representa la reducción de las masas según tipo de tumor.

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En azul, tamaño medio por tipo de tumor al iniciar el experimento. En naranja tamaño medio tras fase I (90 días). En blanco, tamaño tras fase II (180 días). Fuente.

No podemos lanzar las campanas al vuelo porque el estudio debería ser replicado, de forma controlada y usando medidas similares, en otros centros. Tampoco me gusta aplicarles el adjetivo de “milagrosos”, pero los resultados sí son, a todas luces, espectaculares.

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2018. Una dieta cetogénica induce reducción de obesidad central y niveles de insulina en mujeres con cáncer de ovarios o endometrio (estudio).

La importancia de este estudio radica en la relación persistente y probablemente causal entre hiperinsulinemia (y resistencia a la insulina) y peor pronóstico en numerosos “tipos” de cáncer (estudio, estudio).

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2018. Del mismo grupo y con las mismas pacientes. Efecto favorable en  la función física, niveles de energía, y hambre en pacientes de cáncer de ovarios o endometrio. Estudio controlado y aleatorizado (estudio).

Cualquier enfermo o cuidador confirmará la importancia de la calidad de vida, por delante de la cantidad.

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2018. Potencial del uso de dietas cetogénicas en pacientes de cáncer de páncreas tras pancreatectomía (estudio).

En el estudio se incide en la necesidad de cambiar la costumbre de “alimentar a los enfermos recién operados con dietas altas en carbohidratos”.

En otro estudio del mismo año también se aconsejaba el uso de este tipo de dietas en pacientes operados de cáncer de páncreas (estudio).

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2019. Soporte metabólico de 44 pacientes de cáncer metastásico de pulmón tratados con carboplatin/paclitaxel y dieta cetogénica, hipertermia y terapia hiperbárica (estudio).

Disminución significativa de efectos adversos debidos a la quimio, mejoras de  calidad de vida e incremento significativo de tiempo total de sobrevida respecto al tratamiento estándar.

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2019. Obtención de largos períodos de sobrevida en 25 pacientes con cáncer de páncreas metastásico tratados con quimioterapia más dieta cetogénica, hipertermia y terapia hiperbárica (estudio).

Además, mayor control de los síntomas y de los efectos secundarios y mayor calidad de vida.

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2019. Viabilidad, seguridad y efectos beneficiosos de la dieta cetogénica basada en MCT para el tratamiento del cáncer de mama: estudio aleatorizado y controlado (estudio).

60 pacientes completaron el estudio, con estados localmente avanzados o metastásicos. 30 en el grupo que seguía dieta cetogénica, y 30 en el grupo de control. Se aplicó en neoadyuvancia al grupo de intervención dieta cetogénica (con añadido de triglicéridos de cadena media para que la cetosis fuera más intensa) junto con quimioterapia, durante 3 meses antes de la resección quirúrgica.

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Análisis de supervivencia en ambos grupos. Fuente

Se alcanzó mayor pérdida de grasa y peso, mayor calidad de vida y mayor supervivencia total en grupo que seguía la dieta frente a grupo de control, sin efectos secundarios añadidos debido a la dieta.

En el grupo de control habían muerto el 40% de las participantes a los 2 años (12). Mientras, en el grupo que siguió la dieta, la tasa de mortalidad fue del 0% a los dos años. Ninguna  murió. Todas seguían vivas a los dos años.

La diferencia alcanzaba significación estadística  (p<0.04). Aunque esa obsesión por la significación y la adoración de ese p-value cada vez me parece más arbitrario, le vendrá bien saberlo a quien se afana en seguir cumpliendo las reglas estrictas de la medicina basada en la evidencia.

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2019. Caso reporte de paciente de glioblastoma multiforme recurrente.

Tras seguir los tratamientos estándar (cirugía, radioterapia y quimioterapia), el paciente experimentó la consabida recurrencia, que SIEMPRE acontece en un caso de glioma maligno, pese a las medidas previas aplicadas.

El paciente decidió entonces usar, SOLAMENTE, EN MONOTERAPIA,  una dieta cetogénica paleolítica, eminentemente carnívora (estudio).

Tras ello, se produjo una detención de la progresión del tumor durante 38 meses y una ausencia completa de síntomas asociados a la enfermedad.

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Secuencia de resonancias magnéticas periódicas, que demuestran ausencia de progresión del glioblastoma durante los 3 años del seguimiento: desde el momento en que se inicia la dieta hasta julio de 2019.

Este caso, como cualquier oncólogo podrá confirmar, es EXTRAORDINARIO, y raramente se da cuando se aplica el estándar.

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Resumen, que se repite casi cada vez: mayor pérdida de grasa y peso, mantenimiento de la masa magra y mayor calidad y cantidad de vida al seguir la dieta en combinación con el tratamiento estándar.

Revisiones de estudios

A partir de 2012 la dieta cetogénica comienza a aparecer con cierta fuerza en el mapa científico oficial al aplicarla junto con el tratamiento estándar, pero es a partir de 2014 cuando se publican las primeras revisiones relevantes.

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2014. Dietas cetogénicas como terapia adyuvante en cáncer. Historia y potencial mecanismo (estudio).

Esta revisión resume la evidencia que respalda la hipótesis de que las dietas cetogénicas pueden usarse de manera segura como una terapia adyuvante a la radiación y quimioterapia convencionales y discute los mecanismos propuestos por los cuales las dietas cetogénicas pueden mejorar las respuestas terapéuticas de las células cancerosas”.

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2015. Eficacia de la dieta cetogénica y la hipoglicemia asociada como terapia adyuvante en el tratamiento de gliomas de alto grado: revisión de la literatura (estudio).

Hallazgos clínicos recientes han demostrado que la hipoglucemia inducida y la dieta cetogénica son tolerables y pueden ser potencialmente adyuvantes de los tratamientos estándar, como la cirugía y la quimiorradiación. Otros hallazgos han abogado por KD como un inhibidor maligno del crecimiento celular, e indican que se necesitan más estudios que analicen cohortes más grandes de pacientes con GBM tratados con KD para determinar la amplitud del impacto que puede tener una KD en el tratamiento con GBM

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2015. La dieta cetogénica para el tratamiento del glioma maligno (estudio).

La dieta cetogénica (alta en grasas, baja en carbohidratos y proteínas), la restricción calórica y el ayuno causan un cambio metabólico, específicamente, una reducción en la glucosa en sangre y un aumento en las cetonas en sangre. Nosotros, y otros, hemos demostrado que estos cambios metabólicos mejoran la supervivencia en modelos animales de gliomas malignos y pueden potenciar el efecto antitumoral de las quimioterapias y el tratamiento con radiación. En esta revisión, discutimos el uso de la alteración metabólica para el tratamiento de tumores cerebrales malignos.

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2016. Dietas cetogénicas: desde el cáncer hasta enfermedades mitocondriales y más allá (estudio)

Aunque el mecanismo completo por el cual las dietas cetogénicas mejoran las condiciones oncológicas y neurológicas aún no se ha dilucidado, su eficacia clínica ha atraído a muchos seguidores nuevos, y las dietas cetogénicas pueden ser una buena opción como terapia coadyuvante, dependiendo de la situación y el alcance de la enfermedad

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2017. Efectos beneficiosos de  las dietas cetogénicas en pacientes de cáncer.: revisión realista enfocada en la evidencia (estudio).

En total, 29 estudios en animales y 24 en humanos se incluyeron en el análisis. La mayoría de estudios en animales (72%) arrojaron evidencia de un efecto antitumoral de las KDs. Los apoyos probatorios para tales efectos en los humanos eran débiles y se limitaban a casos individuales, pero un argumento probabilístico muestra que los datos disponibles fortalecen la creencia en la hipótesis del efecto antitumoral al menos para algunas personas. La evidencia de efectos pro-tumorales no existía. La viabilidad de las KD en humanos contra el cáncer ha sido mostrada en varios contextos. La probabilidad de que exhiban capacidad de lograr un efecto antitumoral parece mayor que el de causar efectos secundarios graves si se ofrece KDs a pacientes con cáncer.

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2017. Revisión sistemática de dietas cetogénicas isocalóricas para enfermos de cáncer (estudio)

En este caso, los autores recomiendan que “hay que esperar a que haya más evidencia” antes de recomendarla a los pacientes. Lo dejo igualmente consignado, porque hay que resaltar los estudios que NO apoyan nuestro sesgo.

Con respecto a aconsejar a los pacientes con cáncer que consideran una KD, se necesita evidencia clínica más sólida y consistente antes de que la KD pueda recomendarse para cualquier diagnóstico de cáncer individual o como terapia complementaria […]Podrían acarrear un conjunto de potenciales efectos secundarios.

PERO:

Cuando revisamos a qué efectos secundarios hacen referencia sus autores nos encontramos con algunos de los típicos asociados a las dietas cetogénicas por los medios mainstream, NO los que se describen en los estudios dentro de la revisión, que NO pueden ser asociados específicamente a la dieta y sí, con mucha mayor probabilidad, al tratamiento con quimioterapia.

Listemos algunos de ellos:

  • Síntomas parecidos a la gripe (sí, al inicio de la dieta se pueden sufrir esos síntomas LEVES).
  • Hipercolesterolemia (la subida del colesterol suele compensarse con una bajada de los triglicéridos, que es el ratio realmente importante, algo que parece confirmar muchos estudios científicos, aunque NO las guías ni ciertos cardiólogos con conflictos de interés con empresas farmacéuticas dedicadas a comercializar estatinas).
  • Hipoglicemia (es justo uno de los objetivos que se persiguen con la dieta, pero una hipoglucemia no se juzga por un número sino por la clínica. SI no hay síntomas no hay hipoglucemia, porque el organismo estará compensando sin problemas la bajada de glucosa con ácidos grasos y cuerpos cetónicos).
  • Hipo e hiperkalemia (ni una sola evidencia de que la dieta y SÍ EL CÁNCER produzca esos síntomas).
  • Pancreatitis, neuropatía óptica, anormalidades cardíacas (asociables al tratamiento, NO a la dieta. No existen estudios que apoyen semejante afirmación arbitraria, que parece querer infundir miedo).
  • Pérdida de peso (identifican “perder peso” con caquexia, cuando lo esencial y terrible de la caquexia es la pérdida de masa muscular. La dieta cetogénica conduce a pérdida DE GRASA mientras preserva la masa muscular, algo comprobado en una tonelada de estudios, algunos de los cuales, específicos en casos de cáncer, ya he hecho referencia en este artículo).

En conflictos de interés, uno de los participantes en el estudio declara haber  recibido un galardón honorario por parte de B. Braun, CSL-Behring and Fresenius Kabi, empresa dedicada, entre otras cosas, a la nutrición enteral y parenteral.

No es un hecho aislado: de vez en cuando aparecen revisiones “ovejas negras” que dicen lo opuesto a todas las demás en algún tema usualmente controvertido. Es una manera de “sembrar dudas razonables” en la unanimidad.

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2017. Revisión sistemática del rol de la dieta cetogénica en el tratamiento del glioma maligno (estudio).

Una cantidad considerable de literatura preclínica demuestra la eficacia y seguridad del KMT en sistemas modelo de glioma maligno. La literatura clínica indica la seguridad y viabilidad del KMT; 2 estudios clínicos sugieren eficacia antineoplásica asociada a KMT y beneficio clínico. Los ensayos clínicos en curso abordan la seguridad del KMT y el impacto metabólico, el cumplimiento del paciente y el beneficio clínico / de supervivencia del paciente.

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2017. Dietas cetogénicas y otras estrategias de intervención dietética en el tratamiento del cáncer (estudio)

Varios autores especulan sobre la posibilidad de evaluar KD como un enfoque novedoso en el tratamiento del cáncer. En esta revisión, evaluaremos los datos que respaldan el uso de dicho régimen alimentario y su impacto en el desarrollo y progresión del tumor.

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2018. Dieta cetogénica en la terapia del cáncer (estudio).

Cada año que pasa las revisiones pueden ser más completas y pueden considerar que las hipótesis son más fiables, debido a la acumulación de estudios. En 2018 las cosas empezaban a aclararse aún más.

No obstante, esta revisión mezcla estudios en ratones (algunos con serios defectos metodológicos) con estudios en humanos. En otro artículo revisaré, como ya he comentado, la imposibilidad de obtener conclusiones extrapolables al usar modelos preclínicos en ratones que parten de ciertas asunciones que se adoptan casi axiomáticamente. No es posible construir edificios si los cimientos son de barro.

Uno de ellos, considerado en este diagrama, afirmaba que el acetoacetato aceleraba el crecimiento de melanomas en ratones con mutación BRAF. El estudio entero es, IMHO, descartable y NO podemos afirmar que el acetoacetato haga eso si las condiciones son diferentes a las impuestas en dicho estudio.

Aunque este gráfico es muy atractivo, debemos tener en cuenta las limitaciones de su planteamiento.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/corecgi/tileshop/tileshop.fcgi?p=PMC3&id=403703&s=75&r=1&c=1
Resumen de efectos antitumorales de dietas cetogénicas en diversos tipos de cáncer, en modelos preclínicos (que hay que tomar con escepticismo, por tanto). Fuente.

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2018. Dietas cetogénicas para pacientes con tumores cerebrales. Retos y lecciones aprendidas (estudio).

El estudio propone que se estandarice una dieta que pueda servir como “medicina” a los pacientes, y revisa los diferentes ratios y grasas usadas en otros estudios.

Creemos que la dieta seleccionada debe estandarizarse dentro de ensayos clínicos individuales y, lo que es más importante, los niveles en sangre de glucosa y cetonas  de los pacientes deben controlarse dos veces al día para que el dietista supervisor pueda trabajar con el paciente y sus cuidadores y realizar los cambios apropiados en el dieta.

El cumplimiento de la dieta es mejor en pacientes altamente motivados que tienen un excelente apoyo en el hogar de un miembro de la familia o un amigo que puede ayudar a superar las deficiencias administrativas, físicas y cognitivas asociadas con la enfermedad.

El tratamiento de GBM usando un KD representa un enfoque de investigación razonable. Esta perspectiva resume los desafíos y las lecciones aprendidas al implementar y continuar la terapia KD mientras los pacientes reciben tratamiento simultáneo con radiación y quimioterapia.

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2018. Revisión sistemática del uso de dieta cetogénica en adultos con cáncer (estudio)

La evidencia de alta calidad sobre el efecto de las dietas cetogénicas en la antropometría, el metabolismo, la calidad de vida y los efectos tumorales no se encuentra actualmente en pacientes oncológicos

 La heterogeneidad entre los estudios y la baja adherencia a la dieta afecta la evidencia actual. Existe una brecha obvia en la evidencia, lo que destaca la necesidad de ensayos controlados para evaluar completamente la intervención.

Esto, que no es más que algo lógico: que existe una “ausencia de evidencia”, será tomado por divulgadores oficiales como que existe “evidencia de ausencia”. Lo único que reclama esta revisión son estudios de mayor extensión, que permitan hacer mejores recomendaciones. Pero:

  1. Esos estudios probablemente JAMÁS llegarán, porque una empresa no invertirá en un tratamiento que no puede patentar y recuperar su inversión
  2. La evidencia disponible, tanto de eficacia como de ausencia de efectos secundarios YA permitiría usar la dieta en casos que la medicina sabe no serán curables.
  3. La mayoría de las prácticas clínicas actuales se realizan basadas en evidencia MÁS endeble que la que disponemos para la dieta cetogénica, y con muchos mayores efectos secundarios. Traté ese tema, asociado a la inefectividad y toxicidad de los antineoplásicos, en los artículos II y III de la serie dedicada a “¿Por qué perdemos la guerra contra el cáncer?”

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2019. Tratamiento de glioma maligno con dietas cetogénicas o con restricción calórica. Revisión sistemática de estudios preclínicos y en fases previas clínicas (estudio).

Los KCRD tienen efectos positivos sobre los gliomas malignos en estudios preclínicos publicados. Los datos clínicos preliminares sugieren que los KCRD son seguros y factibles. Sin embargo, debido a la escasez de datos clínicos, la eficacia de los KCRD para mejorar la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes con glioma aún no se ha demostrado en estudios prospectivos.”

Otra vez lo de siempre: hay que hacer MÁS pruebas, pero el potencial es indudable.

Mientras, fármacos que NO han demostrado NINGÚN efecto mejor que placebo, pasan los cortes de aprobación basados en variables surrogadas que NO correlacionan con supervivencia global o calidad de vida y que ponen de rodillas las finanzas de los sistemas de salud, y sí son considerados como pertenecientes a esa familia putativa de la “Medicina basada en la evidencia” por parte del mismo grupo que considera la aplicación de dieta cetogénica colaborando con el estándar como pseudociencia (artículo).

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2019. Dietas cetogénicas en el tratamiento del cáncer ¿Dónde estamos ahora? (estudio)

 “La dieta cetogénica probablemente crea un entorno metabólico desfavorable para las células cancerosas y, por lo tanto, puede considerarse un adyuvante prometedor como una terapia multifactorial específica del paciente. La mayoría de los estudios preclínicos y varios estudios clínicos abogan por el uso de la dieta cetogénica en combinación con terapias estándar basadas en su potencial para mejorar los efectos antitumorales de la quimioterapia y radioterapia clásicas, su buena seguridad y tolerabilidad en general y el aumento de la calidad de vida. Sin embargo, para dilucidar aún más los mecanismos de la dieta cetogénica como terapia y evaluar su aplicación en la práctica clínica, se necesitan más estudios moleculares, así como ensayos clínicos controlados de manera uniforme.

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Y, así, constantemente, se repite el mismo mantra en el caso de la dieta cetogénica, similar a lo que sucede con muchas otras medidas no patentables: hay un gran potencial, debemos hacer más estudios y más extensos. Una y otra vez la posible ayuda terapéutica es evidente y los científicos reclaman que se amplíe la investigación.

Pero NO se hace, porque una empresa farmacéutica, casi la única capaz de poner en marcha los estudios que la MBE considera los únicos fiables (lo cual es FALSO, como explicaré en otros artículos) NO invertirá en obtener la evidencia que se reclama porque no podría obtener beneficio de ella.

El limbo aguarda para albergar, esperando eternamente, todo lo no patentable, y los divulgadores del régimen aprovecharán para confundir “ausencia de evidencia” con “evidencia de ausencia”.

¿Podemos usar este hecho para descartar esas dietas como anticientíficas y peligrosas? Rotundamente NO.

La evidencia dice que probablemente serán útiles y su uso en pacientes que no tienen nada que perder será tal vez beneficioso y debería plantearse su uso YA, porque NO producen efectos secundarios de gravedad.

Decir lo contrario es mentir. Inducir el miedo en pacientes de cáncer con efectos secundarios fantasmales, para que NO prueben nada que se salga del estándar es mentir y, probablemente, perjudicarlos al impedirles usar una medida que tiene más probabilidades de ayudar que de dañar.

Los divulgadores oficiales contra la evidencia.

¿Qué evidencia sólida hay para que esos mismos divulgadores hayan recomendado durante años 5 comidas al día, lo saludable de los granos integrales y de una dieta baja en grasas saturadas y en colesterol, o el peligro del ayuno? Ninguna.

¿Qué evidencia sólida hay para que algunos siniestros personajes recomienden a enfermos de cáncer “comer más” si hay caquexia, incluso comida ultraprocesada? Ninguna

Yo dediqué mucho tiempo a la lectura de decenas de estudios a escribir un artículo donde demuestro que esas afirmaciones NO se sostienen (artículo). Por su parte, ¿Qué datos convincentes aportan estos individuos? Porque yo no los encuentro.

Esta es la evidencia: que la “evidencia” nunca será suficiente para los que necesitan defender sus sesgos, so pena de ser descubiertos por la ciudadanía como lo que son: marionetas de la industria (estén pagados o no por ella) y que temen perder su “prestigio”, que cada vez pende más de un hilo finísimo.

Mientras tanto, sí defenderán a muerte terapias aprobadas sin la evidencia que sí reclaman para terapias no patentables y en esa defensa cerril de su ego dejarán por el camino cadáveres de enfermos que podrían haberse beneficiado de medidas que desecharán debido a sus consejos.

Probablemente no responderán jamás por ese hecho: el altavoz que el poder les facilita los hace casi inatacables (de momento), pero no será porque algunos no lo intentemos con fuerza.

Su virtue signaling y su mediocridad venden bien en redes a corto plazo, pero dejemos que pase el tiempo y cosas inesperadas y graciosas pueden comenzar a ocurrir.

Algunos no cejaremos hasta que todos recibamos lo que merecemos.

8 Comments

  1. Cecilio de Angelis 4 diciembre, 2019
    • Alfonso Fernández 5 diciembre, 2019
  2. Juan 4 diciembre, 2019
    • Alfonso Fernández 5 diciembre, 2019
  3. Karlos Smith 6 diciembre, 2019
    • Alfonso Fernández 6 diciembre, 2019
  4. Enrique 7 diciembre, 2019
    • Alfonso Fernández 7 diciembre, 2019

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