Dieta cetogénica contra el cáncer IV. Niveles óptimos de glucosa y cuerpos cetónicos para hacer manejable el cáncer

Dieta cetogénica contra el cáncer (IV). Niveles óptimos de glucosa y cuerpos cetónicos para hacer manejable el cáncer

Serie dedicada a la Dieta cetogénica contra el cáncer. Suscríbete para recibir información de nuevos artículos

Después de los anteriores artículos, donde establecimos las bases teóricas que justificaban la adopción de una dieta cetogénica contra el cáncer, vamos a comenzar a explicar su aplicación práctica.

El objetivo fundamental, sabiendo que las células cancerígenas necesitan ingentes cantidades de glucosa y que, para muchos tipos de células tumorales, los cuerpos cetónicos resultan tóxicos, es disminuir al mínimo los niveles sanguíneos de glucosa y aumentar los de cuerpos cetónicos.

En este artículo veremos cuáles son dichos niveles.

La estrategia de la dieta cetogénica contra el cáncer persigue esas dos condiciones. Mediante las siguientes recomendaciones explicaremos cómo aproximarnos a los niveles deseados aunque, para afinar del todo el resultado, serán las mediciones sanguíneas individuales y el método de prueba y error las que permitirán a cada enfermo alcanzar el objetivo.

¿Cuáles son los niveles sanguíneos mínimos de glucosa e insulina que podemos alcanzar?

El cuerpo siempre necesitará un determinada cantidad mínima de glucosa para nutrir aquellos órganos que, bien en parte, bien totalmente, la utilizan como combustible metabólico.

Como decíamos en artículos anteriores, los hematíes sólo pueden fermentar glucosa, que constituye su único combustible metabólico, y el cerebro puede obtener aproximadamente un 75% de sus necesidades metabólicas de los cuerpos cetónicos, pero el restante 25% debe cubrirlo con glucosa (los principales destinos de la glucosa en el sistema nervioso central son el cerebelo, la médula espinal y el bulbo raquídeo). Los testículos, la médula renal, las células musculares tipo II y las células de la córnea y el cristalino también dependen por completo de ese combustible.

Los niveles sanguíneos de azúcar pueden descender hasta los 55-65 mg/dl sin que el cuerpo se resienta debido a la hipoglucemia, a condición de que el nivel de cuerpos cetónicos sea lo suficientemente elevado como para servir de fuente de energía alternativa al cerebro.

Los límites de lo que constituye hipoglucemia son difusos y, en muchas ocasiones, no dependen de una cifra sino de los síntomas subjetivos que experimente cada individuo. Además, por regla general, las tablas que regulan los límites sanguíneos que determinan dónde comienza una hipoglucemia no tiene en cuenta un estado de cetosis, que suele ser poco habitual en la civilización occidental.

En cetosis, los ácidos grasos y cetonas sustituyen en gran parte a la glucosa y evitan que esos niveles tan bajos puedan ser perjudiciales.

Alcanzar dichos niveles, y aún más mantenerlos, es bastante difícil, y requiere una monitorización larga y constantes modificaciones de las cantidades totales y del porcentaje de macronutrientes de la dieta, y lo normal es no alcanzar nunca niveles tan bajos, sino que ronden los 63-72 mg/dl.

La insulina, por su parte, cae desde unos niveles ‘normales’ de 40-50 microU/ml, hasta unos 7-10 microU/ml. Ese dato es casi aún más importante que el nivel de glucosa, por cuanto la insulina será la que haga efectivo el transporte de la glucosa a las células y la que impulsa los efectos inflamatorios y proliferativos.

El organismo tiene mecanismos para regular los niveles de azúcar en sangre de manera que, incluso aunque la ingestión de hidratos de carbono sea mínima, se asegure la glucosa necesaria para el correcto funcionamiento de todos los órganos.

¿Cómo se asegura el organismo la glucosa que necesita?

Al inicio de la dieta cetogénica un adulto necesita, aproximadamente, unos 160 gramos de glucosa al día, de los cuales 120 gramos se destinan al cerebro.

Tras la adopción de una dieta cetogénica contra el cáncer hay que distinguir dos fases:

Etapa inicial:

Durante esta etapa el cuerpo establece los cambios metabólicos necesarios (explicados en artículos anteriores) para adaptarse a la dieta cetogénica contra el cáncer. Su duración es variable, dependiendo de lo estricto de la aplicación de la dieta cetogénica.

En ayuno total, dura entre 1 y 3 días, pero puede extenderse más tiempo cuando se ingieren alimentos, un número de días que dependerá de las cantidades de nutrientes y sus proporciones.

En esa primera etapa el cerebro “se resiste” a dejar de depender de la glucosa, el resto de órganos aún no se han adaptado a depender sobre todo de los ácidos grasos como combustible metabólico, y los cuerpos cetónicos no llegan al cerebro en cantidades suficientes como para servir de base metabólica.

Inicialmente el cuerpo utiliza las reservas de glucógeno almacenadas en hígado y músculos pero, cuando éstas se preagotan, debe obtener la glucosa por medios alternativos.

Es por esa razón por la cual esta primera etapa se caracteriza por una rápida pérdida de cierta cantidad de masa muscular: el organismo no encuentra manera de reponer la glucosa que le falta y degrada la proteína muscular para transformar gran parte de ella en glucosa, en el hígado, mediante el proceso de la gluconeogénesis.

Ese proceso dura pocos días, porque el cuerpo no se puede permitir perder una materia tan valiosa.

Por ello, y sólo en caso de que desee minimizar la pérdida de masa muscular, el paciente deberá incrementar temporalmente su ingesta de proteínas (más tarde calcularemos las cantidades) hasta que se alcance la siguiente etapa.

Al degradarse las proteínas se produce nitrógeno, que se almacena en el torrente sanguíneo y, al ser un producto tóxico, se incrementa durante esta etapa su excreción por la orina.

Etapa final:

Pasadas unas semanas (un mínimo de 3), el cuerpo ya funciona casi totalmente gracias a los ácidos grasos y el cerebro utiliza sobremanera cuerpos cetónicos como combustible.

Las cantidades de glucosa que necesita el organismo se obtienen sobre todo por gluconeogénesis del lactato (procedente de la glucólisis en músculos y glóbulos rojos, unos 40g) y el glicerol (procedente de separar en ácidos grasos y glicerol los triglicéridos de las grasas ingeridas o acumuladas). También se metabolizan algunos aminoácidos libres, sobre todo glutamina, en el riñón.

Una vez alcanzada la última etapa, en la cual se consolida la cetosis, las necesidades corporales de glucosa se limitan a unos 75 gramos al día, de promedio, en un individuo adulto.

El cerebro, en esta etapa, ha pasado a requerir tan sólo unos 40 gramos de glucosa. Los 35 gramos restantes se destinan al metabolismo del resto de células dependientes del azúcar.

En esa etapa se produce un fenómeno inverso al de la etapa anterior: una degradación mucho menor de las proteínas musculares, para impedir que se use como fuente de energía un recurso extraordinariamente valioso.

Hace cientos de miles de años, cuando la privación y el ayuno eran frecuentes, los hombres debían evitar perder aquello que les permitiría desplazarse, perseguir y cazar a sus presas. Esa adaptación fisiológica permanece y, por ello, una vez bien establecida la cetosis, la pérdida de masa muscular se minimiza, así como la excreción de nitrógeno por la orina.

Teniendo en cuenta el dato numérico de glucosa antes consignado, así como la forma como se metaboliza cada macronutriente, que explicaremos más adelante, podremos establecer las cantidades necesarias de cada macronutriente para minimizar el nivel sanguíneo de glucosa y aumentar el de cetonas.

Algo que haremos en próximos artículos de esta serie, dedicada a la dieta cetogénica contra el cáncer.

¿Cuáles son los niveles máximos de cuerpos cetónicos?

Los niveles de cuerpos cetónicos en sangre dependerán de la profundidad de la cetosis alcanzada. Un mayor nivel de cuerpos cetónicos se relaciona con una mayor capacidad de hacer descender sin problemas los niveles de glucosa.

Aunque está muy difundida la idea de que un alto nivel de cetonas es peligroso, lo cierto es que suele deberse a la confusión entre cetosis y cetoacidosis.

La cetoacidosis diabética es un fenómeno que acontece cuando las cetonas sobrepasan determinados niveles y, a la vez, la cantidad de glucosa se dispara. Ese fenómeno sólo puede producirse cuando se sufre diabetes, y puede conllevar un desequilibrio ácido de la sangre muy peligroso, con valores de ph que pueden bajar de 7,30.

La sangre tiene unos rangos de variación máximo y mínimo del ph muy estrecho, por encima o por debajo de los cuales se compromete seriamente la vida.

Mientras que durante la cetosis fisiológica, producida por una dieta cetogénica contra el cáncer, la concentración de glucosa alcanza unos 63-72 mg/dl y el de cetonas unos 4-9 nmol/día, durante la cetoacidosis diabética se alcanzan niveles que pueden superar los 300 mg/dl de glucosa y más de 20 nmol/día de cuerpos cetónicos. La diferencia entre ambos estados es evidente.

Lo cierto es que se han relacionado los niveles de cuerpos cetónicos en el cerebro con fenómenos neuroprotectores y preventivos de enfermedades neurodegenerativas.

Igualmente, se ha demostrado que los cuerpos cetónicos son tóxicos para muchas líneas celulares cancerígenas, como las del neuroblastoma, por lo cual el efecto beneficioso de la dieta cetogénica contra el cáncer no se limita a producir bajos niveles de glucosa, sino altos de cetonas.

Los cuerpos cetónicos se revelan, por tanto, como excelentes aliados de nuestro cerebro, y eso explica que la dieta cetogénica sea recomendada sobremanera para enfermos de tumores cerebrales y también para pacientes de Alzheimer o Parkinson.

Haciendo“manejable” el cáncer

EL bioquímico Thomas Seyfried ha confeccionado un gráfico (publicado en su libro “Cancer as a metabolic disease”) que muestra la evolución en el tiempo de los niveles de glucosa y cuerpos cetónicos conforme avanzamos más profundamente en al cetosis impuesta por la dieta cetogénica contra el cáncer.

Niveles de glucosa y cuerpos cetónicos en dieta cetogénica contra el cáncer

Niveles de glucosa y cuerpos cetónicos en dieta cetogénica contra el cáncer

La zona que se dibuja a partir del momento en que ambas líneas se cortan e invierten la tendencia (la de glucosa que baja y la de cetonas que sube, aproximadamente dos semanas después del inicio de la dieta cetogénica), es la que permite hacer ‘manejable’ el cáncer, por cuanto su sutrato metabólico está bajo mínimos y existen una serie de condiciones añadidas que dificultan su crecimiento, tal y como explicaba en el anterior artículo de la serie.

Thomas Seyfried hace referencia concreta a los tumores cerebrales, por ser el cerebro el único órgano donde, una vez instalada la cetosis, los niveles de cetonas son considerables.

En el siguiente artículo de la serie veremos cómo calcular las necesidades calóricas individuales que debe cubrir la dieta cetogénica contra el cáncer. Hasta ahora hemos visto el porqué de la dieta cetogénica; en los siguientes artículos iremos aproximándonos al cómo.

24 Comments

  1. nerjeño 10 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 10 mayo, 2013
  2. nerjeño 11 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 11 mayo, 2013
  3. jgonzalezg 13 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 13 mayo, 2013
  4. Olga Lucia 13 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 13 mayo, 2013
  5. Marina 16 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 17 mayo, 2013
  6. Marina 18 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 18 mayo, 2013
  7. nerjeño 19 mayo, 2013
    • Alfonso Fernández 21 mayo, 2013
  8. Natalia 29 junio, 2013
    • Alfonso Fernández 1 agosto, 2013
  9. Mariano Calderon 7 septiembre, 2013
    • Alfonso Fernández 7 septiembre, 2013
  10. Alejandro Galindo 27 noviembre, 2013
  11. miguel 12 junio, 2015
    • Alfonso Fernández 23 junio, 2015
  12. Sunny 26 octubre, 2017
  13. vanessa 4 mayo, 2019
    • Alfonso Fernández 1 septiembre, 2019

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