Magnesio y cáncer (II): manipulando el magnesio (y el hierro) en el tratamiento del cáncer 1

Magnesio y cáncer (II): manipulando el magnesio (y el hierro) en el tratamiento del cáncer

En el anterior artículo hablamos de la enorme importancia del magnesio (y del ratio calcio/magnesio) en la prevención del cáncer. En éste analizaremos cómo utiliza el tumor el magnesio, para deducir de ese conocimiento medidas prácticas en su contra.

Magnesio y hierro se asocian frecuentemente, así que también lo mencionaremos en este artículo, aunque dedicaré al hierro tumoral un muy amplio apartado propio en el libro y en próximas publicaciones, debido a su gran importancia.

Recuerda que este artículo es un pequeño extracto que pertenece al libro Cáncer Integral.

Magnesio en pacientes de cánceres ya establecidos

Vimos en el anterior artículo que la hipomagnesemia podría ser un factor de riesgo que incrementaría las probabilidades de carcinogénesis. Es razonable considerar esa hipótesis, pero debemos analizar lo que sucede en pacientes que ya padecen un cáncer. A fin de cuentas las células tumorales son células orgánicas con necesidades similares a las sanas, aunque estas sean diferentes cualitativa y cuantitativamente.

La hipomagnesemia es muy común en pacientes de cáncer (estudio), pero debemos diferenciar si podría ser una causa previa o una consecuencia de la patología, bien sea porque las células tumorales acaparen magnesio o porque impidan su absorción. Si se debe al desarrollo de la enfermedad debemos dilucidar si la suplementación con magnesio supone una acción terapéutica válida o no.

Es importante discernir si una acción ejerce una asimetría que beneficia más al cuerpo sano que al tumor, como sucede, por ejemplo, con la glutamina, un combustible tumoral que, no obstante, ha demostrado acción antitumoral al ayudar al organismo sano por la vía de mejorar la capacidad de defensa inmune y la integridad intestinal.

Algunas hipomagnesemias (y depleciones de potasio) en pacientes de cáncer se asocian al tratamiento con algunos antineoplásicos como Cetuximab (estudio) o cisplatino (estudio). Debemos estudiar si dicha depleción, de seguro perjudicial para las células de tejidos sanos, será también deletérea para las células tumorales o contribuirá por el contrario a su crecimiento.

La depleción de magnesio que se observa en los tejidos sanos de pacientes de cáncer puede proceder también de la redistribución hacia los tejidos neoplásicos, que acaparan ese mineral, lo mismo que sucede con la glutamina en estados como la caquexia.

La deficiencia de magnesio parece ser carcinogénica, pero la carcinogénesis induce una concentración en la neoplasia del magnesio, que puede producir hipomagnesemia en tejidos sanos. El magnesio parece evitar también la carcinogénesis de forma indirecta, al oponerse a metales carcinógenos como plomo o cadmio (estudio), pero su participación en el tumor, una vez que este ya se ha establecido, es más problemática.

Las células cancerígenas aumentan sus receptores de magnesio y parece incrementarse también su transporte intracelular, lo cual podría estimular la proliferación, aunque la revisión sistemática en que se basa esa afirmación reconoce que la información procedente de los estudios es inconsistente y escasa (estudio).

En resumen: las correlaciones entre bajos niveles de magnesio y tumorigénesis son abundantes, y el incremento de ingesta de magnesio parece disminuir proporcionalmente el riesgo de padecer cáncer, pero las evidencias son contradictorias en lo que respecta a su uso como tratamiento cuando el cáncer ya ha sido diagnosticado.

Los pacientes de algunos tumores parecen responder a la suplementación, mientras que en otros parece ser perjudicial. En pacientes de cáncer de mama, la suplementación parece positiva, sobre todo en aquellos con elevados niveles relativos de calcio/magnesio (que está relacionado directamente con un empeoramiento del pronóstico estudio), pero en otros casos la suplementación no parece ejercer esos beneficios.

Los estudios en ratones dan pistas de los motivos de esta disparidad de criterios: parece que se produce una independencia entre el magnesio intracelular y el sodio en la célula tumoral: ambos aparecen elevados y el magnesio deja de ejercer un control sobre la captación de sodio, el cual deja de estar inversamente influido por este último. En las células sanas las concentraciones intracelulares de sodio y magnesio son inversas (bajas en sodio y altas en magnesio), algo que no sucede en la célula tumoral (altas en ambos iones).

Además, se produce una sobreexpresión de transportadores de magnesio, todo lo cual convierte a la célula tumoral en una captadora del mineral mientras vacía los depósitos de otros órganos. El magnesio es imprescindible para el correcto funcionamiento enzimático, para la síntesis de macromoléculas, para el equilibrio redox, etc, y es lógico que se necesite de forma aumentada en un entorno hipermetabólico como el tumoral, donde enzimas como hexoquinasa, fosfofructoquinasa, glucoquinasa o piruvato quinasa están sobreexpresadas.

El magnesio colabora en la correcta fluidez de la membrana, cuya importancia y alteraciones típicas en la célula tumoral ya hemos estudiado. También activa la proliferación celular. El elevado contenido intracelular de magnesio contribuye, por tanto, a mantener las marcas características del cáncer.

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Resumen de los efectos de un elevado contenido intracelular de magnesio en la célula tumoral. Fuente.

Por su parte, el microentorno extracelular bajo en magnesio (al ser captado por las células tumorales) también contribuye al desarrollo tumoral. La deficiencia en el estroma tumoral de magnesio contribuye a la abundancia de factores inflamatorios y la síntesis de metaloproteinasas, que colaboran con el avance tumoral y el mantenimiento de la “herida neoplásica”. La deficiencia en el estroma tumoral de magnesio contribuye también a la senescencia de los fibroblastos, un hecho que correlaciona con el remodelado del entorno extracelular.

Sin embargo, el tejido endotelial sé ve afectado de forma opuesta por la deficiencia de magnesio: la angiogénesis se ve impedida. Tal vez por ello los ratones expuestos a dietas bajas en magnesio desarrollan más tumores, pero menos vascularizados (estudio).

Por esa razón, en general el crecimiento del tumor primario se ve negativamente afectado cuando la depleción de magnesio es muy grande, pero los ratones deficientes en magnesio desarrollan también muchas más metástasis, probablemente debidas al incremento sistémico de factores inflamatorios ligados a la deficiencia orgánica del mineral. Este arma de doble filo y esta distinción entre el magnesio intra y extracelular, y también entre la deficiencia de magnesio en tejido sano y tumoral, debe guiarnos para deducir medidas terapéuticas, que no son nada sencillas de aplicar en pacientes con cánceres ya diagnosticados.

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Papel contradictorio del magnesio (en ratones) en el inicio del cáncer, en su avance y en su capacidad metastásica. Fuente.

Otro resumen: la deficiencia de magnesio incrementa el riesgo de padecer cáncer, pero el cáncer primario establecido crecerá más si tiene magnesio disponible y formará mejores redes vasculares, aunque metastatizará menos (estudio).

Por tanto una acción terapéutica ideal se enfocará en impedir el aprtovechamiento del magnesio por parte de la célula tumoral mientras a la vez proveemos suficiente para el resto de tejidos sanos. Es completamente lógico que algo vital para la célula sana lo sea igualmente para unas células tan demandantes como las tumorales. Debemos buscar cómo aprovecharnos de esa necesidad aumentada, de esa asimetría de requerimientos para buscar opciones terapéuticas.

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Reprogramación metabólica del tumor, muchas de cuyas vías ya hemos estudiado, pero que descansan, al igual que sucede en la célula sana, en la necesidad de que haya suficiente magnesio presente para llevar a cabo las reacciones enzimáticas incrementadas. Fuente.

Propuestas de orden práctico referidas al magnesio

Parece poco razonable basar una terapia en la depleción sistémica de magnesio, porque eso conllevaría un mayor riesgo de metástasis, pese a que el tumor primario podría ver frenado su crecimiento.

La deficiencia induciría una inflamación sistémica, una peor oxigenación tisular, un exceso de hierro sérico disponible, una función deteriorada de la testosterona o el impedimento de múltiples reacciones enzimáticas, todas y cada una de las cuales son acciones que facilitarían el avance a la larga del cáncer, al inscribirse en un huésped cada vez más debilitado.

El primer objetivo terapéutico debería ser NO hacer daño al organismo sano. No sólo mejorará la calidad de vida del enfermo, sino que estará en mejores condiciones de plantar cara al avance tumoral.

Por lo tanto, parece razonable evitar la hipomagnesemia, con una suplementación adecuada pero no exagerada, mientras que, a la vez, aprovechamos la dependencia de las células del tumor primario del magnesio para aplicar medidas terapéuticas que afecten localmente sólo a la neoplasia: bien impidiendo su aprovechamiento del magnesio o bien usando análogos metabólicos no utilizables por el tumor.

Potenciales acciones terapéuticas agudas basadas en el magnesio

En pacientes de cáncer YA diagnosticado, existen algunas medidas que podría ser interesante consultar con el oncólogo (mucha suerte con eso).

El magnesio está a medio camino entre las acciones prácticas aconsejables al respecto de glucosa y glutamina:

Sabemos que las necesidades de glucosa del organismo sano son muy bajas y que el cuerpo siempre puede proporcionar la que necesita mediante gluconeogénesis, de forma que podemos restringir incluso totalmente el aporte exógeno y, de hecho, es lo recomendable: la asimetría en este caso perjudica al tumor.

Con la glutamina sucede algo parecido, pero de signo opuesto: el organismo sano la necesita MÁS que el tumor, que la obtendrá de los tejidos tanto si se la proporcionemos exógenamente como si no.

Por lo tanto, lo recomendable no es restringir el aporte externo de glutamina sino lo contrario: suplementarla para ayudar al intestino, mientras a la vez tratamos de inhibir con otras medidas las isoenzimas tumorales que el cáncer usa para procesar la glutamina.

Con el magnesio la cosa no está clara. Sólo podemos estar seguros de que la deficiencia de magnesio es perjudicial, pero que el exceso probablemente también.

Pero debido al consumo aumentado de magnesio por parte del tumor, se nos abre una ventana de oportunidad: quizá usar un análogo que el tumor “confunda” con magnesio podría ser útil al establecerse una inhibición competitiva.

Y si conseguimos que se acumule específicamente en el tumor evitaremos perjudicar a los tejidos que dependen de su aporte correcto.

Galio

Este puede ser el caso del Galio y quizá la inhibición competitiva del magnesio que induce sea la razón por la cual los fármacos basados en Galio presentan acción antitumoral (estudio).

Todas las sustancias que se almacenan específicamente en tejidos con alta proliferación (y no hay ejemplo más extremo que embriones y tumores) son susceptibles de convertirse en radiomarcadores para pruebas diagnósticas, y eso mismo sucede con el Galio (estudio). Esa cualidad los convierte también en herramientas excelentes como antitumorales directos o como “caballos de Troya” que acarreen otras sustancias al corazón del tumor mientras respetan a los tejidos sanos.

El galio compite también con el hierro (de hecho ése es el uso que normalmente se resalta en los estudios, por encima de su potencial competición con el magnesio) (estudio, estudio) y los elevados niveles de transferrina tal vez dificulten la absorción de moléculas con galio (estudio). Ya hemos visto al analizar la influencia del hierro en el tumor que las acciones terapéuticas que se derivan de ella son de dos clases:

  1. Depleción del hierro tumoral para evitar la replicación, mediante el uso de moléculas quelantes del hierro (como curcumina o deferoxamina, por ejemplo, entre otras).
  2. Lo opuesto: no usar quelantes e incluso añadir más hierro, desestabilizar a la vez la síntesis de antioxidantes por parte del tumor y añadir moléculas oxidantes que se concentren en el entorno tumoral para, con todo ello, conducir a  una reacción Fenton y a una ferroptosis en la célula tumoral (con artemisina o vitamina C a altas dosis, por ejemplo).

Pues bien: será necesario usar la estrategia 1, esto es, vaciado de las reservas de hierro si vamos a usar también moléculas terapéuticas basadas en Galio. Es decir, probablemente los quelantes del hierro hagan sinergia con los fármacos de Galio, pero NO las estrategias oxidantes del tipo 2, porque los fármacos con base de Galio funcionan también vaciando de hierro (y quizás también de magnesio) al tumor (estudio, estudio).

El cloruro de galio (producto) puede administrarse de forma intravenosa u oral. La forma oral se ha usado con enfermos de cáncer de pulmón metastásico y ha producido efectos secundarios asumibles (estudio). La acción terapéutica dependerá del órgano diana debido a la farmacocinética del fármaco pero, como siempre, los estudios analizan variables aisladas y no estrategia combinadas. No he encontrado estudios que aporten datos en uso de enfermos que hacen keto, ayunos, ejercicio físico y usan otros fármacos y suplementos combinados, aunque sí el uso de cloruro de galio junto con otras quimioterapias (estudio).

El cloruro de galio puede inducir una deficiencia orgánica de magnesio que, como hemos visto, podría contribuir a empeorar la situación del enfermo. En ese caso quizás sí esté más que recomendado suplementar.

Por esa razón SIEMPRE busco incrementar la acumulación de una sustancia exclusivamente en el tejido neoplásico, de forma específica, mediante otras formas de administración, que estudiaremos ampliamente más adelante: micelas, nanopartículas, liposomas, etc (estudio). Así induciríamos una deficiencia en la neoplasia, pero NO en el resto de tejidos sanos.

Algún estudio parece demostrar el poderoso efecto antitumoral de las nanopartículas de óxido de magnesio: quizás el tumor se “congestiona” con una forma de magnesio que capta ávidamente pero que no es capaz de metabolizar. La concentración, además, no parece producir resaltables efectos secundarios en células sanas (estudio in vitro).

Existen otros compuestos basados en Galio que podrían formar parte de un protocolo de aplicación (estudio). En algunos centros en el mundo se aplica ya el Maltolato de Galio (artículo, artículo), que cuenta con ensayos clínicos en marcha, apoyados por algunos resultados preclínicos prometedores (estudio, estudio).

Magnesio en alimentación y suplementos

Aunque, repito, no está claro que la suplementación con magnesio vaya a ser siempre beneficiosa si hablamos de cánceres ya iniciados, está bastante más claro que la deficiencia sí resulta prejudicial al propiciar desequilibrios hormonales, al dificultar la síntesis de vitamina D activa y al facilitar la anemia, entre otros muchos problemas.

Puede que, por tanto, el magnesio sea más similar a la glutamina que a la glucosa, y debamos inclinarnos más a suplementar que a evitar la suplementación, pero siempre pensando que hay demasiadas cosas que no sabemos, y lo único claro es que debemos no entrar en cotas de deficiencia.

Donde sí tiene sentido su aporte es si usamos algunas de las medidas ya listadas que apunten al magnesio (y al hierro) tumoral. Si usamos drogas basadas en galio con o sin quelantes de hierro adicionales, tal vez tenga sentido suplementar con magnesio para evitar deficiencias en tejidos sanos.

En alimentos

Los alimentos que, por cada 100 gramos de peso, contienen mayor cantidad de magnesio son semillas y especias, pero no pueden consumirse en grandes cantidades (referencia).

Las mayores fuentes de magnesio son de origen vegetal: algunos vegetales contienen considerables cantidades de magnesio, pero recordemos dos hechos: uno, que también aportan antinutrientes que dificultan la absorción de minerales como el magnesio y suelen ser también fuentes de altas cantidades de calcio.

Otros minerales, algunas fibras (celulosa, hemicelulosa, ligninos), fitatos y oxalatos dificultan la absorción del magnesio, mientras que las proteínas, triglicéridos de cadena media y algunos carbohidratos no digeribles (almidón resistente, oligosacáridos, lactulosa y, en general, aquellos que mejoran la microbiota, como ya hemos visto) incrementan su absorción (estudio). El magnesio interacciona también con los estrógenos, así que la biodisponibilidad suele ser menor en mujeres que en hombres.

Y dos: el ratio magnesio/calcio es el realmente importante. Si atendemos a ese ratio, y si eliminamos la opción de los cereales (grupo de alimentos terrible por muchas otras razones) y del arroz, que no está aconsejado en la dieta cetogénica, resulta que el mejor ratio lo presenta la carne de cerdo (referencia).

Ambos hechos tal vez explican que los carnívoros no presenten deficiencias de magnesio pese a que, teóricamente, consumen menos cantidad.

Cacao, setas, aguacates y frutos secos son las opciones vegetales más aconsejables dentro de una dieta cetogénica y las fuentes animales colaboran a que el relativamente escaso magnesio de sus fuentes se absorba mucho mejor y en un ratio más equilibrado respecto al calcio.

Formas de suplementación y biodisponibilidad

La web examine.com ha recogido la evidencia disponible acerca de la ayuda que la suplementación aporta en diferentes problemas de salud (referencia) incluida la evidencia de sinergia con melatonina y zinc que son otros dos suplementos con elevada evidencia de ayuda individual en cáncer.

Las sales inorgánicas de magnesio (óxido, cloruro) son más baratas pero poco biodisponibles, y las más propensas a producir los leves y escasos efectos secundarios asociados al magnesio: hinchazón y diarrea (el magnesio en altas dosis puede usarse como laxante).

Las sales orgánicas (citrato, gluconato, orotato, taurato, malato, glicinato) son más biodisponibles, aunque más caras. Y parece que la solubilidad del suplemento contribuye ampliamente a la biodisponibilidad final (estudio).

Aunque todas las sales orgánicas son buenas opciones, bisglicinato y taurato permiten incluir glicina y taurina, dos suplementos interesantísimos para pacientes de cáncer.

Otra opción es el aceite de magnesio, que se absorbe por vía dérmica.

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Por último, recordemos que el flúor vacía de magnesio el organismo, añadiendo este daño al que ya de por sí ocasiona este halógeno. Tal vez por eso el Yodo molecular pueda añadir los numerosos beneficios antitumorales que ya ha demostrado, al competir con y eliminar el flúor del organismo.

Concluyo diciendo que sabemos que el hierro tumoral es uno de los objetivos terapéuticos más prometedores contra el cáncer y quizás el magnesio lo sea también.

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Recuerda que este artículo es sólo un pequeño extracto que pertenece al libro Cáncer Integral.

4 Comments

  1. Iñaki Barinaga Argoitia 10 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 11 marzo, 2020
  2. Iñaki 13 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 14 marzo, 2020

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