Magnesio y cáncer (I): importancia del magnesio en la prevención 1

Magnesio y cáncer (I): importancia del magnesio en la prevención

En este artículo analizaremos la crucial importancia del magnesio en la prevención del cáncer y en la segunda parte nos enfocaremos en las oportunidades terapéuticas de su manipulación en quien ya padece la enfermedad.

Recuerda que este es un pequeño extracto que pertenece al libro Cáncer Integral.

Distribución del magnesio en el organismo sano

Al igual que sucede con el potasio, la mayoría del Magnesio (casi el 99%) se encuentra dentro de las células (potasio y magnesio son, por ese orden, los dos cationes intracelulares más abundantes), por eso los niveles séricos de magnesio no identifican posibles deficiencias de este mineral imprescindible. Las mediciones en cabello y en líquido cefalorraquídeo son más útiles (sobre todo los niveles relativos de magnesio/calcio, que explicaremos más adelante).

La mayoría del magnesio (un 90%) se encuentra en huesos y músculos, del cual un 90% está ligado a otras moléculas y el 10% restante aparece de forma libre. En la sangre, la tercera parte del poco magnesio encontrado se liga con albúmina (estudio).

Se absorbe sobre todo por el intestino delgado, aunque las hipermagnesemias asociadas a enemas hacen pensar que puede absorberse también en el colon. La clorofila y la hemoglobina son moléculas muy similares, y se diferencian sobre todo en la presencia de hierro en la hemoglobina y de magnesio en la clorofila (estudio).

Magnesio y cáncer (I): importancia del magnesio en la prevención 2
Estructura de prohemoglobina y de clorofila. Fuente

Funciones del magnesio

Su principal función, de entre las múltiples y de extraordinaria importancia que presenta, es la de ser un árbitro en la homeostasis de otros iones (calcio, sodio y potasio), facilitando que se establezcan saludables gradientes de concentración que impactarán en el pH y en el potencial eléctrico y que abordaremos con más detalle en el capítulo dedicado a la biofísica.

El magnesio mantiene en el interior de la célula sana bajas concentraciones de calcio y sodio y altas de potasio. Una de sus principales acciones es activar la bomba de sodio-potasio (o ATP Na-K) de la que ya hemos hablado y que consume casi un 30% del total de ATP del organismo, lo que da una idea de su importancia.

Es sencillo deducir las consecuencias que una deficiencia de magnesio podría acarrear: la entrada de sodio y calcio, y la pérdida de potasio intracelulares (características típìcas de la célula tumoral) (estudio), conducirían a desajustes del pH (que ya hemos estudiado) y del potencial eléctrico de membrana (que hemos mencionado y estudiaremos con mayor detalle en la entrega dedicada a la biofísica), los cuales alterarían profundamente el metabolismo y el ciclo celular de proliferación y apoptosis.

Pero el magnesio interviene también en otros procesos cuyas alteraciones ya hemos comprobado que están presentes en la práctica totalidad de las neoplasias. Los iones de magnesio (Mg2+) son necesarios para permitir la utilización del ATP por parte de más de 300 enzimas (estudio) y es por tanto un factor clave en la salud metabólica.

Además, el magnesio permite mantener niveles adecuados de esfingomielinasa I, de la que ya hemos hablado al referirnos a las membranas lipídicas, y que presenta capacidad antitumoral al intervenir en el equilibrio de esfingolípidos (estudio).

El magnesio se necesita también para una correcta síntesis y degradación del ADN (estudio).

Su intervención hormonal  es destacable: magnesio y testosterona se relacionan para modular la función física (estudio) y el uso de magnesio parece mejorar la función tiroidea frecuentemente alterada en pacientes de diabetes (estudio).

El magnesio juega un papel esencial en la activación del sistema inmune, mejorando la respuesta a infecciones fúngicas o víricas, pero también atemperando las reacciones alérgicas agudas (estudio, estudio). Un hecho a tener muy en cuenta en estos tiempos de coronavirus, en los que la pandemia de deficiencia de magnesio se extiende igualmente, facilitando posiblemente la gravedad de la dolencia.

Problemas de la deficiencia de magnesio

Es decir, una deficiencia de magnesio se une al batallón de causas potenciales que podrían facilitar o inducir el inicio de una carcinogénesis, y que con mayor probabilidad contribuirían a la progresión de un cáncer ya establecido, aunque su inicio hubiera ocurrido por otros motivos. Otro posibles factor más que colabora en el derribo de la deficiente hipótesis de las mutaciones genéticas debidas a “la suerte”.

El impacto que una deficiencia subclínica de algunas piezas claves en la salud tiene, hace insensato el camino farmacológico que apunta tan sólo a los síntomas y no a las causas subyacentes. El magnesio comparte con otras moléculas como la glicina su ubicuidad, su presencia en una enorme cantidad de procesos orgánicos de excepcional importancia, y la facilidad para revertir su deficiencia con acciones inocuas, sencillas y baratas.

El nexo entre deficiencia de magnesio y cáncer puede ser seguido al entender cómo dicha deficiencia facilita otras dolencias metabólicas. Ya hemos observado las numerosas correlaciones y los potenciales nexos comunes entre todas las enfermedades crónicas, así que parece razonable investigar si la deficiencia de magnesio se encuentra también asociado a ellas.

1. Posible papel de la deficiencia de magnesio con la osteoporosis (estudio), relacionado no sólo con la deficiente incorporación de magnesio al hueso sino con la escasa producción de vitamina D, ya que contribuye a su activación (estudio). Es necesario resaltar este hecho debido a la importancia vital de la vitamina D.

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Influencia del magnesio en la activación dela vitamina D y su influencia en la fijación del calcio en sangre, huesos, dientes, etc. Fuente

El magnesio permite que la vitamina D cumpla algunas de sus funciones e influye en la función del calcio, de forma que muchos problemas óseos se deben en realidad a una deficiencia de magnesio. La vitamina D25, forma semiactivada se crea en el hígado a partir de la vitamina D, fabricada en la piel. Luego, los riñones la activan del todo a forma 1,25, gracias a la presencia de hormona paratiroidea, que también necesita magnesio. Hablaremos más extensamente del papel de la ‘hormona’ D más adelante.

Cuando hay una deficiencia de magnesio, éste puede ser obtenido de los huesos, músculos y órganos internos para mantener los niveles sanguíneos normales. Eso explica que la deficiencia no se detecte en análisis séricos simples, pero que la deficiencia oculta pueda conducir a una osteoporosis y un mayor riesgo de fracturas: culpar únicamente de los niveles de calcio de esa condición es un reduccionismo que no bucea en causas previas más decisivas (estudio).

2. Asociación entre epilepsia e hipomagnesemia (estudio).

3. Relación compleja entre hipomagenesemia y fibromialgia. La deficiencia puede ser un mecanismo causal de la enfermedad, o bien la disrupción de los ciclos de sueño podría conducir a una deficiencia de magnesio (otra razón por la cual la cantidad y la calidad del sueño es imprescindible, así como el mantenimiento de un estilo de vida que respete los ciclos circadianos) (artículo).

4. Posible tratamiento de osteoartritis con magnesio, lo que implica un posible origen de la enfermedad en un déficit del mineral (estudio).

5. Hipertensión: revisión sistemática que encuentra significación en reducción de riesgo de hipertensión con cantidad de magnesio consumido. No obstante, debemos ser cautos con los estudios propectivos que intentan deducir la influencia de variables aisladas: muchos otros factores pueden correlacionar con las cantidades de magnesio (estudio).

6. Arritmias: uso profiláctico de magnesio para prevenir arritmias post cirugía cardíaca (estudio) y potencial aplicación para tratamiento de arritmias (estudio).

7. Enfermedades cardiovasculares, calcificaciones y aterosclerosis: suplementación mejora función endotelial, presión sanguínea y atenúa aterosclerosis (estudio), rol de la deficiencia de magnesio en disfunción endotelial y aterosclerosis en pacientes hipertensos (estudio).

8. Síndrome metabólico inversamente relacionado con nivel de consumo de magnesio (estudio). Correlación inversa entre consumo de magnesio e hipertensión, diabetes tipo II y enfermedades coronarias (estudio).

La hiperinsulinemia dificulta el acceso intracelular del magnesio y facilita su eliminación por la orina, Además, el exceso de oxidación incrementa el uso de enzimas antioxidantes que necesitan magnesio y vaciarían aún más las reservas de magnesio destinadas a otros usos. Una dieta que no aporte suficiente magnesio y que además impida su utilización al inducir resistencia a la insulina es una muy mala cosa (estudio).

9. Trombosis: aunque recordemos que los niveles séricos de magnesio no predicen deficiencias subclínicas, se han encontrado que son predictores de mayor riesgo de trombosis (estudio). La correlación es tan estrecha que la hipercoagulación tiene una relación directa con la disponibilidad intracelular de magnesio (estudio).

10. Depresión y ansiedad: el simple magnesio como antidepresivo atentaría contra un negocio multimillonario. Se han encontrado signos de apatía, depresión y ansiedad en individuos con deficiencia de magnesio (estudio).

Aunque la suplementación con zinc y magnesio no parece asociarse con mejoras en depresión post parto, tal vez sea debido a otras deficiencias asociadas al proceso de gestación, lo cual nos recuerda el peligro de gravitar sobre uno o unos pocos componentes el peso de determinada dolencia (estudio).

No obstante, en un ensayo randomizado se encontró que la suplementación con magnesio mejoraba significativamente el humor en pacientes de depresión ligera y moderada (estudio).

11. Migrañas: algunas rtevisiones han encontrado que la suplementación oral o intravenosa de magnesio alivia los síntomas de la migraña (estudio), aunque la evidencia aún no es sólida y con seguridad intervienen otros factores (estudio).

12. Alzheimer: no se ha encontrado correlación entre niveles séricos de magnesio entre pacientes de Alzheimer e individuos sanos, pero sí una fuerte correlación en niveles del líquido cefalorraquídeo (estudio). De hecho, la suplementación con magnesio ejerce una fuerte sinergia con acciones de enriquecimiento del ambiente en pacientes con Alzheimer, y mejora su memoria (estudio).

***

Por tanto, las funciones del magnesio son tantas y su presencia tan ubicua que una deficiencia alterará profundamente numerosas funciones orgánicas. No es extraño que tantos estudios se dediquen a profundizar en el magnesio como sistema de prevención y terapia. Una forma barata y sencilla de garantizar que al menos ese ‘punto de presión’ específico está atendido (estudio).

Sólo con los anteriores estudios y con las funciones intracelulares y fisiológicas que sabemos tiene el magnesio, podemos deducir su importancia en el cáncer: la depleción de magnesio conduce a un vaciado de potasio y a un ‘llenado’ intercelular de calcio y sodio, características típicas de la célula tumoral, que alteran profundamente su metabolismo y proliferación.

La deficiencia de magnesio, además, promueve la hipercoagulación, que ya hemos explicado anteriormente y que facilita la progresión neoplásica. La resistencia a la insulina, la hipertensión o las alteraciones endoteliales son conocidos factores que también correlacionan con la progresión neoplásica y con peores pronósticos, al apoyarse en factores metabólicos comunes (estudio).

El magnesio en suelos y fuentes de alimentos

El contenido de magnesio (y de potasio) de los suelos y del agua se ha ido empobreciendo radicalmente durante las últimas décadas. Se han encontrado correlaciones directas (que, como todo dato epidemiológico, debe ser tomado con escepticismo) entre los niveles de magnesio (y de otros minerales, esto es, dureza de las aguas) y longevidad, muertes por enfermedad cardiovascular o riesgo de cáncer (estudio, estudio).

La dieta actual presenta una seria deficiencia de magnesio (y potasio), sobre todo en su relación con el contenido de sodio (estudio). Se añade éste a una serie de factores adicionales que conforman una tormenta perfecta de deficiencias y desajustes evolutivos, y que ofrecen pistas de la epidemia de enfermedades crónicas que asolan a los países “desarrollados”: deficiencias nutricionales y balances macronutricionales desequilibrados debido a alimentos ultraprocesados baratos y fácilmente accesibles (una de las muchas razones por las cuales la probreza conduce a la enfermedad), exceso de azúcares y grasas trans y de origen vegetal, estrés, contaminación ambiental y lumínica, ruptura de la coherencia latitudinal, estacional y circadiana, sedentarismo, debilitamiento de vínculos sociales, etc.

Además, algunos fármacos como diuréticos o inhibidores de la bomba de protones, al ser consumidos por largos períodos de tiempo, o la toma aguda de quimioterapia, pueden incrementar la hipomagnesemia (estudio).

Relaciones complejas entre magnesio y calcio

Es muy importante comprender, aunque sea de forma sucinta, las complejas relaciones de los minerales, entre sí y con vitaminas y otros compuestos.

El magnesio compite con el calcio a la hora de ser absorbido y antagonizan entre sí fisiológicamente: el calcio permite la contracción muscular y el magnesio la relajación, contribuyendo a las señales eléctricas mediante el correcto equilibrio de potenciales de concentración dentro y fuera de la célula. El exceso de calcio conduce a los conocidos calambres musculares, pero también a las arritmias o las anginas de corazón. El magnesio actúa como un bloqueador natural de los canales del calcio, impidiendo el exceso de acumulación intracelular y distribuyendo adecuadamente el calcio extracelular.

Numerosos estudios confirman la necesidad de que el ratio calcio/magnesio se mantenga bajo y que sólo cuando dicho ratio está equilibrado los aportes adicionales de calcio resultan protectores. Los ratios elevados incrementan proporcionalmente el riesgo de padecer cánceres como el colorrectal (estudio).

En estudios que comparan los niveles de calcio y magnesio en el contenido del agua y sus efectos protectores frente a muertes relacionadas con hipertensión, sólo los niveles adecuados absolutos de magnesio resultaron protectores (estudio). Los países con ratios más elevados de calcio/magnesio presentan correlaciones con mayores tasas de enfermedad cardiovascular.

El calcio, como el potasio, no puede ser eficientemente absorbido ni distribuido sin la presencia de niveles adecuados de magnesio (el calcio se eliminará por la orina o se depositará en zonas donde puede hacer mucho daño), por lo que buena parte de las deficiencias de calcio no se solucionarían ingiriendo más calcio sino más magnesio, que también permitirían producir una vitamina D activada que actúe como reguladora hormonal.

Los efectos del exceso de calcio extracelular (relacionados con rigidez arterial y enfermedades cardiovasculares) y los necesarios bajos niveles de calcio intracelular se regulan gracias al elevado contenido intracelular de magnesio y a una cantidad adecuada (pequeña pero imprescindible) de magnesio extracelular.

En la célula tumoral los niveles de magnesio pierden su “coherencia”, al no relacionarse de forma fisiológicamente saludable con los niveles de sodio, potasio y calcio: el desequilibrio de cantidades absolutas y relativas convierte también en este tema a la célula tumoral en especial, completamente diferente a la célula sana y, por tanto, se nos presenta otra oportunidad terapéutica.

Gran parte de la energía de la célula se usa para expulsar el calcio intracelular. Si se acumula en el espacio extracelular cada vez será más difícil seguir extruyéndolo, debido al fuerte gradiente que se opone a ello.

La acumulación extracelular de calcio puede conducir a una calcificación de los tejidos (artritis, enfermedades cardiovasculares) y la acumulación intracelular, más concretamente en la mitocondria, conduciría a una potencial disfunción mitocondrial. Ya hemos hablado del calcio y de los problemas de su homeostasis, asociados a múltiples neoplasias.

Los problemas podrían proceder de su membrana celular, que conduce a cambios en las concentraciones de iones y alteraciones del potencial de membrana (hablaremos de esos temas más adelante y en el capítulo dedicado a la biofísica celular). O quizás la relación causa-efecto podría ser la contraria y las diferencias de concentración y otros problemas de ingestas alteradas o de peroxidaciones conducirían a alteraciones de membrana que provocarían los cambios de concentraciones de iones dentro y fuera de la célula.

El ratio de ingesta calcio/magnesio en las agrupaciones “civilizadas” puede ser tan altos como 6:1, mientras que probablemente en el paleolítico el ratio se acercase a 1:1.

Relación entre el magnesio, el hierro y el cobre

Es trascendental (y menos conocida), la relación del magnesio con el hierro, la capacidad de los glóbulos rojos para realizar un intercambio eficiente de gases y el riesgo de anemia.

Ya hemos analizado cómo la célula tumoral es una trampa de hierro, y que los niveles intracelulares de hierro incrementados colaboran con el avance tumoral. En algunos estudios se ha relacionado la deficiencia de magnesio con un exceso de absorción del hierro libre, que coincide con un descenso de ferritina, concentración de globulos rojos y hemoglobina (estudio, estudio). Por lo tanto, no parece extraño saber que la suplementación con magnesio pueda aminorar la anemia en un modelo murino de beta-talasemia (estudio).

No es tampoco extraño que quienes son deficientes en magnesio tengan peor rendimiento atlético, necesiten más oxígeno y que sus corazones latan más deprisa (con toda probabilidad para compensar los problemas de la escasa disponibilida de oxígeno debidas a la menor cantidad de glóbulos rojos y menor hemoglobina) (estudio, estudio).

Este escenario es doblemente peligroso en el cáncer: exceso de disponibilidad plasmática de hierro, que puede ser aprovechado por el tumor, y escasa capacidad de oxigenación derivada de la anemia que, como ya hemos visto, es un factor de mal pronóstico en el cáncer.

La deficiencia de magnesio también incrementa la absorción de cobre, otro mineral que se presenta en abundancia en las células neoplásicas, y recordemos la importancia de mantener un bajo ratio cobre/zinc, habitualmente elevado en numerosas dolencias, cáncer incluído, donde correlaciona con la capacidad angiogénica tumoral (estudio).

Por lo tanto, en la pugna por decidir si la suplementación con magnesio puede ser o no beneficiosa para un paciente de cáncer no sólo debemos observar los mecanismos directos en los que interviene el magnesio (ya hemos visto que tanto la deficiencia como la suplementación tienen ventajas e inconvenientes), sino en los indirectos, en este caso relativos al exceso de hierro y cobre, y a la defectuosa capacidad oxigenativa con la propensión a la anemia y a exacerbar la tan temida hipoxia.

Otras relaciones con el magnesio

La interrelación entre minerales, vitaminas, hormonas, neurotransmisores y aminoácidos es tan compleja que seguramente NUNCA podremos comprenderla de forma exhaustiva.

Razón de más para abordar medidas pleiotrópicas en forma de cambios globales de estilo de vida que garanticen con mayor probabilidad que la nutrición sea equilibrada, y sólo después atenderemos a medidas puntuales que puedan incidir en desequilibrios muy evidentes que la mayoría de pacientes de cáncer padecen.

Sólo vamos a mencionar dos medidas que sí afectan a los niveles de magnesio, una de forma positiva y otra negativa:

– La vitamina B6 (piridoxal 5-fosfato), actúa como un “fijador” del magnesio, aunque facilita el transporte transmembrana de otros minerales (estudio).

– El flúor interacciona con el magnesio (entre otros minerales), impidiendo su absorción, aunque lo contrario es también cierto y los elevados niveles de magnesio protegen contra la toxicidad por flúor: ambos reaccionan entre sí y se facilita su eliminación conjunta, pero mientras que el flúor es un poderoso tóxico, el magnesio es un mineral fundamental para mantener la salud.

Al daño de la extendida deficiencia de magnesio en la alimentación moderna se añade el insulto del exceso de flúor que puede agravar aún más esa condición (estudio). Por eso el uso de yodo, otro halógeno que contrarresta los efectos del flúor, podría acarrear una normalización de niveles de magnesio, que se sumaría a las ventajas propias. Y por esas y otras muchas razones hablaremos de él en el apartado dedicado a las acciones prácticas.

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Recuerda que este artículo es sólo un pequeño extracto que pertenece al libro Cáncer Integral.

6 Comments

  1. Javi 6 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 6 marzo, 2020
  2. Javier. 6 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 6 marzo, 2020
  3. javier 6 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 6 marzo, 2020

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