Evidencia científica del uso de vitamina C como antivírico y antitumoral 1

Evidencia científica del uso de vitamina C como antivírico y antitumoral

Escribo esto un 23 de marzo de 2020, cuando la pandemia por COVID-19 ya ha estallado y probablemente aún no haya llegado lo peor a países como España, algunas de cuyas ciudades, como Madrid, ya están a punto del colapso sanitario.

En otro artículo anterior ya hablé brevemente de la vitamina C como parte de 19 medidas antivíricas y expliqué por qué TODA medida antimicrobiana es también antitumoral.

Y en otro post aún más antiguo hice una introducción de la vitamina C como antitumoral y los intentos burdos por evitar su uso.

La necesidad de retomar el empirismo y la aplicación de un ratio riesgo/beneficio

Llevo años alertando de la emergencia que vivimos en el cáncer y, en la serie de artículos que explican por qué perdemos la guerra contra el cáncer, desgrano las razones por las cuales la ciencia está secuestrada y abunda en  prácticas profundamente erróneas, tanto conceptual como metodológicamente.

El corolario de toda mi tesis es que debemos retomar un empirismo de terapias combinadas y pruebas rápidas con pocos pacientes, las mismas que condujeron, en un momento especial de la historia, a la casi curación de la leucemia infantil.

De seguir el actual camino no será posible obtener una solución y NADIE, NUNCA, nos sacará las castañas del fuego. Lo ejemplifico en este artículo, al analizar el especial microambiente tumoral y su desequilibrio de pH.

Hasta ahora, cuando “todo iba como la seda” según la prensa mainstream y los científicos de salón, yo sabía que o los enfermos y los familiares tomábamos cartas en el asunto aplicando nosotros pruebas rápidas de terapias combinadas, llenas de incertidumbre, o NADIE vendría a solucionar nada, salvo los médicos que decidieron romper con todo y aplicar técnicas integrativas y complementarias (donde también hay personas muy perdidas y algún farsante y aprovechado, todo hay que decirlo).

Pero la historia y la naturaleza han llegado para abofetearnos y darnos un baño de realidad: el colapso sanitario YA está aquí, y no podemos esperar a que se lleven a cabo ensayos extensos, que tardarán meses.

Lo primero que llama la atención es que se hayan puesto en marcha, YA, tantos de dichos ensayos, alimentados por la urgencia, y que su fin sea OBTENER UNA CURA, no patentar una molécula (que también los hay, claro está).

Y esos ensayos están probando LO QUE SEA: moléculas patentadas o no, fármacos caros u off-label, sustancias naturales. Y se están probando en COMBINACIÓN y con UN NUMERO PEQUEÑO DE PACIENTES. Y si hay resultados parciales positivos, SE USA YA, sin esperar a pruebas extensas, al tratarse generalmente de fármacos off-label utilizados extensamente desde hace décadas para otras dolencias, cuyos efectos secundarios se conocen bien, o sustancias naturales casi inocuas. Efecto Lindy, que diría Taleb.

Ése es el mismo sistema que llevo años reclamando para el cáncer, como expliqué en este artículo. Pero la urgencia en el cáncer no se percibía, ni se entendía la ausencia de evolución en la eficacia de las terapias, porque los medios se han ocupado de difundir la idea de que “estamos avanzando” y de que “nuevas drogas nos acercan cada vez más a una solución”.

Ese sistema funcionó al no hacer percibir la tragedia colectiva, sólo la individual cuando una familia era tocada por algo que los más estúpidos consideraban “suerte” y fruto de una sociedad casi perfecta que “nos hacía vivir más”.

Y nadie parecía entender que el colapso del sistema sanitario ya se estaba produciendo igualmente debido a la carga de los tratamientos (carísimos e inefectivos) de las enfermedades crónicas: la “lentitud” y progresividad de esas enfermedades, que matan más poco a poco que el coronavirus, permitió que permease en la sociedad, como veneno en una capa freática, una forma de abordar el tratamiento que se asumió sin crítica, como quien se pasa la vida con una bota en la cabeza y acaba por creer que ése es el estado natural de las cosas.

El saqueo que a las arcas públicas han sometido las empresas farmacéuticas ha sido brutal. Y se ha producido gracias a medios de comunicación, divulgadores y márketing que han manipulado la percepción del ciudadano hasta convertir esta situación en algo “inevitable”, porque “si La Ciencia no puede obtener una solución, ¿Quién podrá?”.

La emergencia del coronavirus es como el mordisco de una víbora: un mordisco puntual que inocula un veneno que puede ser mortal. La del cáncer es, por el contrario, como una boa constrictor que va, lentamente, mes tras mes, año tras año, asfixiando sin que la víctima parezca enterarse de por qué.

Quien se ha estado aprovechando de ello han sido las empresas farmacéuticas, que han exprimido la gallina de los huevos de oro sin que casi nadie entendiera, en profundidad, la obscenidad de la estafa piramidal en la que se ha basado “la ciencia” durante 7 décadas.

Las primeras medidas empíricas aparecen

La emergencia del coronavirus (la del cáncer es aún mayor y más dramática, pero nadie la percibía) ha hecho que se entendiera la necesidad de basar la búsqueda de terapias en CURACIÓN, con el uso de variables que importan al enfermo: tiempo y calidad de vida, y no basadas en el objetivo de obtener permisos para comercializar una nueva molécula patentable, como ha sucedido hasta ahora, mediante el empleo de variables surrogadas que NO miden tiempo ni calidad de vida.

Por fin se aplica un empirismo de  pruebas rápidas, con pocos pacientes, con terapias combinadas, con drogas off-label o sustancias no patentables, midiendo tiempo y calidad de vida del enfermo. El mismo sistema que permitió casi curar la leucemia infantil y que dejó de aplicarse inmediatamente después. Repito que en este artículo explico su concepto.

POR FÍN se deja de lado el exceso de precisión y control, propias de un cientificismo extremo, para dejar paso a la RAPIDEZ, el APRENDIZAJE y la COLABORACIÓN, que asumen la INCERTIDUMBRE como parte del proceso.

Gracias a ello, en tiempo récord se ha comprobado que, por ejemplo, hidroxicloroquina y azitromicina, dos fármacos muy antiguos, pueden ser útiles (estudio). La hidroxicloroquina ha demostrado además, como saben bien quienes siguen este blog, utilidad antineoplásica, y ya se usa para el tratamiento de la artritis reumatoide o el lupus, además de como prevención y tratamiento de la malaria, su indicación original.

[Actualización del 28/03/2020: en un estudio con 80 enfermos, se usaron dosis (MAYORES de las usadas en hospitales hasta ahora) de hidroxicloroquina + azitromicina y 78 pacientes parecen haberse curado en 6 días. Uno murió y otro permanece aún en la UCI (estudio).]

Los periódicos comenzaba a darse cuenta de lo que algunos ya sabíamos hace mucho tiempo: drogas viejas usadas para otras dolencias podían venir al rescate (artículo de forbes), aunque algunos ya habíamos hablado de todo esto en artículos como éste, y el proyecto REDO lleva años reposicionando drogas viejas para uso oncológico.

Por esa razón, en algunos hospitales han decidido comenzar a usarlos sin esperar a que las autoridades les dieran permiso, porque el ratio riesgo/beneficio era muy bajo y la situación lo requería.

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Foto parcial del protocolo seguido YA en un hospital de España para el tratamiento de pacientes afectados por COVID-19
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O este de un hospital de Francia

Por supuesto pronto han aparecido algunos IYIs talebianos de manual a reclamar su cuota de protagonismo repleto de necedad y poner el grito en el cielo porque “¡Hay que esperar a que haya ensayos extensos!”. Y lo explican como si sólo ellos supieran qué es el “método científico”.

Como dice Nassim Taleb:

  • “Los IYIs, intelectuales pero idiotas, prefieren lo que funciona en la teoría pero no en la práctica, a lo que funciona en la práctica pero no en la teoría”
  • “El mundo ‘intelectual’ está poblado por un grupo de personas que son mucho mejores explicando que entendiendo”.
  • “El racionalista imagina una sociedad sin imbéciles; el empirista una a prueba de imbéciles o, mejor aún, a prueba de racionalistas”.

La vitamina C entra en la escena mainstream

Y, de pronto, nos llegaron noticias de China.

Presionados por la epidemia probaron medicina tradicional China, fármacos nuevos, fármacos viejos, fármacos baratos, fármacos caros, fármacos patentables, fármacos no patentables, sustancias naturales, lo que fuera, a condición de que tuviera buen perfil de seguridad y evidencia científica previa (preclínica o en humano en grupos pequeños o casos anecdóticos).

Y las noticias no se hicieron esperar: los primeros protocolos oficiales aparecieron e incluían… redoble de tambores… vitamina C (protocolo).

La cosa no terminó ahí: el primer ensayo clínico para probar la eficacia de la vitamina C intravenosa contra la neumonía asociada al COVID ya se ha puesto en marcha y está reclutando pacientes (ensayo). Si conoces algo del tan cacareado “método científico” sabrás que no se inicia un ensayo clínico sin que haya previamente un motivo: en este caso evidencia suficiente como para merecer gastar el dinero en él.

[Actualización del 29/03/2020: un nuevo ensayo clínico se ha puesto en marcha en Italia, pero SÓLO USARÁN 10g/día de vitamina C intravenosa.

Esa es una dosis muy baja, y si el ensayo sale mal podrán usarlo para desestimar el compuesto.]

También van apareciendo las primeras revisiones sistemáticas (revisión) que proponen hipótesis de qué podría ser útil para protegerse contra el virus. ¡Sorpresa!: vitaminas A, grupo B, C, D, E, omega 3, selenio, zinc, interferones, medicina china, algunos fármacos, flavonoides, cloroquina, emodin, etc.

Pero la noticia más importante es la que nos llega del mundo real, no del fantasioso, endogámico y cientificista mundo académico: los hospitales de todo el mundo comienzan a usarla YA en pacientes.

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Protocolo en un hospital de EEUU aplicado a pacientes no críticos de coronavirus
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Aplicación de vitamina C intravenosa en un hospital de Nueva York a pacientes de coronavirus
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Uso de vitamina C inatravenosa en un hospital de España
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Protocolo de Hospital de Valdepeñas, con un protocolo integrativo, con uso, entre otras sustancias, de Magnesio, Zinc y dosis de 15g/día de vitamina C por vía intravenosa. Aún escasa, pero superior a otros protocolos.

Lo hacen porque ellos tratan con la vida y la muerte, con la realidad sucia, cruda, dura y maloliente, no con el formol intelectual, la esclavitud a las metodologías y el encorsetamiento cognitivo del academicismo decadente que nos ha estado contando milongas arrabaleras.

No obstante, debemos ser conscientes de que aún se usa de forma muy tímida: las dosis usadas son EXCESIVAMENTE BAJAS. Se han usado sin problemas durante muchos años 1-1.5g/kilo de peso (incluso 2g/k), porque su uso en megadosis es lo que permite alcanzar su máxima capacidad terapéutica en cáncer e infecciones.

El peligro de usar dosis tan bajas es que puede no ser efectiva y, entonces, ser descartada por completo, sin entender que no es el compuesto el culpable sino la timorata dosificación. Ya sucedió lo mismo cuando se usaron dosis orales ridículas en la clínica Mayo, que sirvieron para considerarla “ínutil”.

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Portada del Business Insider que describe que YA comienzan a usarse altas dosis de vitamina C en pacientes de COVID-19. Fuente

Algunos se preguntarán, en pleno ataque de disonancia cognitiva: ¿Qué está pasando aquí? Los medios de comunicación y los divulgadores “científicos” más conocidos nos han estado contando, antes y ahora, que la vitamina C no hacía nada, que no servía para nada, que era un cuento chino destinado a engañar a la ciudadanía…

Algo no cuadra, ¿Verdad?

Si ahora se usa y decían que no servía, ¿Será que la historia oficial ha dejado algo sin contar?

¿Habrá testimonios que deberían haber sido analizados?

¿Existirá evidencia que haya hecho considerar razonable probarla ahora, en una situación de emergencia?

La respuesta a todas esas preguntas es un rotundo sí.

Evidencia científica de la utilidad de la vitamina C en infecciones y cáncer

Recordad: una sustancia que demuestre efectividad antitumoral suele tener utilidad antimicrobiana y viceversa, por eso listaré juntas ambas evidencias.

Por supuesto, no se han llevado a cabo ensayos extensos fase III con miles de pacientes. Quien espere a que alguien pague por ellos (la vitamina C NO es patentable, por lo que no obtendrían retorno de inversión), puede esperar sentado, porque antes se congelará el infierno. El nudo gordiano NUNCA se desatará sin tomar medidas diferentes y el círculo vicioso continuará girando ad aeternam como si Sísifo fuera quien lo hiciera rodar.

De igual forma, quien confunda “ausencia de evidencia de eficacia” (molécula “unproven”) con “evidencia de ausencia de eficacia” (molécula “disproven”), que se aclare antes de continuar leyendo o la disonancia cognitiva y la incapacidad de salir de su jaula mental hecha con los barrotes del prejuicio lo abrumarán.

***

La acción antiviral y antitumoral de la vitamina C se produce, probablemente, por dos tipos de acciones que dependen de la dosis: activación del sistema inmune a dosis bajas (generalmente con tomas orales) y acción directa a dosis altas (por vía intravenosa) por inducir un desequilibrio oxidativo debido a una reacción Fenton: la vitamina C reacciona con el exceso de iones de hierro que acaparan células tumorales e infectadas y produce peróxido de hidrógeno, profundamente oxidante.

Esa doble acción deben tenerla en cuenta quienes dicen que la vitamina C es siempre un “antioxidante” y que “¡Cuidado con aplicarla con la quimio, que tiene acción oxidante!”, aunque no saben exactamente cómo actúa, ni la capacidad real que tiene un antioxidante exógeno (comparado con uno endógeno), ni tampoco el amplio cajón de sastre que esa categoría representa. Suelen repetir la lección como loros (artículo).

Su acción antiviral es antimicrobiana en general, porque bacterias, hongos, parásitos y células infectadas por virus parecen exhibir semejanzas metabólicas. Eso tiene una gran ventaja al actuar contra el COVID-19 porque, en enfermos avanzados, como sucede con casi toda infección vírica, se produce una sobreinfección oportunista por parte de bacterias y otros virus.

Aunque la eficacia terapéutica se alcanza sobre todo por vía intravenosa, la toma oral frecuente de suplementos y, sobre todo, el uso de vitamina C liposomal, también ha demostrado servir de ayuda para activar el sistema inmune.

Explico ambas acciones terapéuticas en el apartado dedicado a la vitamina C del artículo con 19 medidas antivíricas que son también antitumorales.

A continuación, muestro una pequeña parte de la evidencia científica que prueba el potencial de la vitamina C como antitumoral y antimicrobiano, de entre la enorme cantidad de estudios disponibles.

[Actualización del 24/03/2020: este post de Andrés Suárez es probablemente lo más completo y riguroso que he leído acerca de la evidencia de la ayuda de las megadosis de vitamina C.]

Evidencia preclínica.

1.

Vitamina C, en concentraciones farmacológicas fácilmente alcanzables en humanos con administración intravenosa, mata selectivamente células tumorales pero no sanas. Se propone como mecanismo la generación de radicales y peróxido de hidrógeno que inducen un desequilibrio oxidativo fatal (estudio).

2.

Altas dosis de ácido ascórbico inhibe sarcoma en ratones. Se demuestra que inhibe la angiogénesis tumoral (estudio).

3.

Concentraciones farmacológicas de ascorbato se alcanzan por administración parenteral y muestran efecto antitumoral en ratones (estudio).

4.

Vitamina C hace sinergia con quimioterapia in vitro (doxorubicin, cisplatin, paclitaxel) (estudio).

5.

Altas dosis parenterales de vitamina C potencian eficacia de quimioterapia en ratones y reducen efectos secundarios tóxicos (estudio).

6.

Vitamina C hace sinergia con Gemcitabine en modelos murinos de cáncer de páncreas (estudio).

***

…me detengo aquí, porque esto sería literalmente un no parar: hay toneladas de estudios preclínicos que certifican el potencial antitumoral de la vitamina C.

Paso ahora a hablar de su capacidad antiviral y para potenciar el sistema inmune.

***

7.

La depleción de vitamina C impide la acción de las Natural Killers contra el cáncer (estudio). Este estudio demuestra que mantener niveles constantes de vitamina C (con suplementación oral) no tiene acción oxidante directa anticáncer, pero sí indirecta, al ayudar a que el sistema inmune actúe en óptimas condiciones.

8.

Impacto de la vitamina C en la función inmune (estudio): la deficiencia de vitamina C impide la correcta función inmune contra las infecciones, pero la infección vacía a su vez de vitamina C, al gastar el sistema inmune las reservas durante la lucha, por lo que la reposición constante de vitamina C durante la infección (que puede alcanzarse con frecuentes dosis orales), ayudará a que el sistema inmune luche en mejores condiciones.

9.

Revisión del papel de la vitamina C en la función específica de los linfocitos (estudio): propicia la proliferación de linfocitos T y permite su correcta activación. El estudio considera la vitamina C como un “reconstituyente inmunitario” en infección y cáncer. Recordemos que una de las características de los pacientes críticos por Coronavirus es su bajo recuento de linfocitos.

…repito: hay muchos más.

En humanos: ensayos clínicos y estudios de casos

1

Fase I para evaluar tolerabilidad, seguridad y farmacocinética de altas dosis intravenosas de ácido ascórbico en pacientes de cáncer (ensayo): fue muy bien tolerado y sin efectos secundarios graves.

2

Fase I-II para evaluar acción de vitamina C a altas dosis, combinada con quimioterapia, en pacientes con cáncer avanzado (ensayo).

Concluye diciendo:

Si se lleva a cabo en cantidades suficientes, estudios simples como éste podrían identificar grupos específicos de tipo de cáncer, régimen de quimioterapia y vitamina C IV en los que se producen respuestas excepcionales con la frecuencia suficiente para justificar ensayos clínicos adecuadamente enfocados.

Es decir, dice literalmente que hay evidencia de algunas respuestas excepcionales al usarse en combinación con el tratamiento estándar, lo cual debería obligar a poner en marcha ensayos extensos.

Pero mientras esos ensayos no se inicien, y como en Fase I se determinó su excelente perfil de seguridad, el uso de vitamina C YA, tendría un ratio riesgo/beneficio muy bajo.

3.

Estudio piloto de aplicación continua intravenosa de ascorbato en pacientes de cáncer terminal (estudio): NO afecta la función renal, es segura, suele mejorar bienestar y calidad de vida y produce reducciones tumorales en algunos casos.

4.

Administración intravenosa continua de vitamina C: tres casos (estudio). Inesperada prolongación de la vida de tres pacientes de cáncer avanzado. Consejo de usar ensayos doble ciego pero NO con bajas dosis orales, que no pueden ser de ayuda, sino con altas dosis por vía intravenosa.

5.

Altas dosis de vitamina C en el tratamiento de pacientes con cáncer avanzado (revisión):

Concluye:

Si se puede mostrar un beneficio inequívoco, incluso en algunos casos, el uso de ascorbato debería explorarse en estudios más controlados. Después de todo, incluso un pequeño beneficio vale la pena, ya que el ascorbato no es tóxico y es barato, en contraste con los muchos agentes quimioterapéuticos en uso. Si los resultados muestran una clara falta de beneficio, debe abandonarse el uso de ascorbato como agente quimioterapéutico en el cáncer.

El papel de la casualidad en la ciencia no debe subestimarse. En el tratamiento del cáncer actualmente no tenemos el lujo de descartar tratamientos posiblemente efectivos y no tóxicos. Deberíamos volver a visitar caminos prometedores, sin prejuicios y con mentes abiertas, y realizar estudios sin permitir que la desesperación disminuya el rigor científico”.

Y eso puede aplicarse igualmente al actual tratamiento del COVID-19.

6.

Revisión sistemática del uso de vitamina C como tratamiento anticáncer en su faceta pro-oxidante (a altas dosis) (revisión):

El estudio concluye:

“La actividad pro-oxidante del ácido ascórbico a dosis farmacológicas es una parte de su actividad bimodal, que depende de la dosis y es el resultado de la reacción Fenton que induce.

Estudios in vitro y en animales con ácido ascórbico farmacológico han alcanzado resultados meritorios, que prueban que la vitamina C es un efectivo agente citotóxico contra las células neoplásicas, mientras que, a la vez, no parece mostrar daños contra las sanas”.

Recalco: “no muestra daño contra las sanas”. En esa noción de la medicina como actividad en la que “primum non nocere”, y que se ha olvidado durante las últimas décadas, en favor de una agresiva, lesiva y iatrogénica actuación “á la Gregory House”, la vitamina C debería considerarse TAMBIÉN por ese hecho.

7.

Otra reciente revisión sistemática (2019) en el uso de vitamina C en pacientes con cáncer (revisión): se repite, por enésima vez, la cantinela: hay evidencia de efectividad, por favor, ¡Hagan ensayos extensos! Quienes digan que NO es efectiva, mienten, porque si no hay ensayos para saber si lo es tampoco los hay para saber si NO lo es.

***

8.

Papel de la hidrocortisona, tiamina y ácido ascórbico en el tratamiento de la sepsis, enfocándose específicamente en ácido ascórbico (revisión).

El estudio resalta que:

Más de 100 agentes farmacológicos ‘novedosos’, dirigidos a moléculas o vías específicas, no han logrado mejorar el resultado de la sepsis.

Pero una combinación de agentes conocidos, baratos, seguros y fácilmente asequibles conduce a menor reducción de fallo orgánico y mortalidad de una condición que afecta cada año a cientos de miles de pacientes.

De nuevo, el efecto Lindy: lo “nuevo” en ciencia fallando, mientras la colaboración de viejas terapias ayuda en una escala mucho mayor y con un coste que supone una fracción de los nuevos tratamientos.

Os aconsejo este artículo relacionado que escribió Andrés Suárez en su blog (tiene más, también muy recomendables).

9.

Hidrocortisona y ácido ascórbico actúan sinérgicamente para prevenir y reparar la disfunción de la barrera endotelial de los pulmones (estudio).

10.

Revisión del uso de vitamina C en pacientes críticamente enfermos, de dolencias tan heterogéneas como enfermedades cardiovasculares, quemados, cáncer, dolor, shocks hemorrágicos y graves infecciones (estudio). El estudio concluye que, debido a la evidencia de considerable ayuda y mejora de calidad de vida en estos pacientes críticos, debe considerarse su uso como herramienta simple, barata e inocua.

11.

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Mecanismo de acción de la vitamina C en sepsis: Ascorbato modula la señal redox del endotelio y mejora la función microvascular.

Potencial ayuda a pacientes críticamente enfermos (estudio).

***

Me detengo aquí porque el grueso de la evidencia ya es suficiente como para no albergar dudas de que DEBEMOS aplicar YA un empirismo basado en un ratio riesgo/beneficio (y coste/beneficio) muy bajo y ACTUAR de igual forma a como lo hacen tantos hospitales.

Y no escuches a divulgadores de pacotilla que te dicen que la vitamina C “no sirve para nada”. Les está reservado un infierno de disonancia cognitiva que les asaltará, o eso espero, muy pronto. Tendrán que responder también ante sus lectores, los que suelen atacar a gente como yo por creer a pies juntillas a sus autoridades. Veremos cómo reparan su cada vez más exigua credibilidad.

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Julio Basulto, rey de la epidemiología.

Las afirmaciones tajantes sólo pueden provenir de ensayos extensos, que demostrarán si algo sirve o no. Si no hay evidencia suficiente para afirmar, tampoco la hay para negar.

Quien no entiende eso, no entiende nada.

Centros y terapeutas que llevan muchos años usando vitamina C

La vitamina C es un secreto a voces. Quienes llevamos ya un tiempo en esto conocemos a muchos terapeutas con décadas de experiencia en el empleo de vitamina C (y de otras terapias también de alta efectividad).

Aunque hay muchos más, pondré aquí sólo el ejemplo representativo de Ernesto Prieto Gratacós, a quien entrevisté en este podcast, y que ha tratado a miles de pacientes en su centro de Buenos Aires.

Luchando cada día a brazo partido, ha conseguido que muchos enfermos recuperen su salud o vivan considerablemente más de lo esperado, añadiendo por el camino, además, mayor calidad de vida. Si existe un cielo, espero que esté aguardando a quien demuestra que la decencia es posible.

También ha escrito varios libros, entre los que se encuentra uno dedicado en exclusiva a la vitamina C.

Si visitáis la página del podcast y hacéis scroll hacia abajo, veréis que inserté varios vídeos donde se entrevista a varios de los muchos pacientes que Ernesto ha ayudado.

Quien me venga a decir que “sólo” son ”casos anecdóticos” le contestaré que su ignorancia estadística aburre, y que el espacio muestral requerido es inversamente proporcional a la eficacia terapéutica exhibida: un solo caso extraordinario ya debería invitar a la reflexión a quien tenga un mínimo de inteligencia y buena voluntad.

[Actualización del 25/03/2020: Ernesto acaba de subir este vídeo, que creo resume como pocos la situación]

Llegó la hora de hacer lo correcto para los enfermos, NO lo que dará dinero a las corporaciones.

La vitamina C es una de las terapias más difamadas de la historia, una mancha en esa Ciencia pronunciada con fervor por quienes la consideran una diosa impoluta, y no el receptáculo de las miserias humanas más perniciosas.

La evidencia es insoslayable. Ya está ayudando a los pacientes más desesperados y críticos, los moribundos para quienes no hay solución. Ha demostrado eficacia como tratamiento antitumoral, prolongando la vida y produciendo en combinación algunas remisiones extraordinarias. Su ratio coste/beneficio y riesgo/beneficio es mínimo.

Llegó la hora de dejar de mentir. Llegó la hora de hacer lo que las personas decentes hacen: reconocer que se ha cubierto un manto de infamia sobre ella de manera injusta por no ser patentable, haciendo creer que la ausencia de estudios equivale a ausencia de eficacia.

No es una cura universal ni la panacea, pero debe ser investigada sin prejuicios y empleada como recurso barato y no dañino, que puede producir resultados magníficos sobre todo al ser usado en sinergia con otras muchas medidas.

Llegó la hora de usar TODAS las herramientas razonables que tenemos a nuestra disposición para paliar los efectos del desastre que se está cerniendo sobre todos en general, y sobre los más vulnerables en particular: enfermos y ancianos.

Recuerda que este artículo es un extracto que formará parte del libro Cáncer Integral.

Foto de cabecera de Miguel Á. Padriñán en Pexels

26 Comments

  1. Carlos 24 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 24 marzo, 2020
  2. Raul 24 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 24 marzo, 2020
  3. Estela 24 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 24 marzo, 2020
  4. M Silvan 24 marzo, 2020
  5. Joan Gala 24 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 24 marzo, 2020
  6. Paz Carrasco M 24 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 24 marzo, 2020
  7. Jefer Leon 24 marzo, 2020
  8. Josu 24 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 24 marzo, 2020
  9. Sergio 25 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 25 marzo, 2020
  10. Crisanto Palacios Gavilan 25 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 25 marzo, 2020
  11. Miguel jimenez garcia 25 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 25 marzo, 2020
  12. Fernando Casal 27 marzo, 2020
    • Alfonso Fernández 27 marzo, 2020
  13. Sergio 1 abril, 2020
    • Alfonso Fernández 1 abril, 2020

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