MetabolismoTumoral

Nueva entrega del libro: Metabolismo Tumoral

Ya está disponible la tercera entrega del libro “Cáncer Integral. Un extenso tratado que analiza miles de referencias científicas y todas las particularidades metabólicas del cáncer.

Es el análisis más profundo y exhaustivo del metabolismo tumoral y del cáncer en general publicado nunca.

Un recorrido por todos los “puntos de presión” metabólicos, específicos del cáncer, que permite deducir un amplio listado de acciones terapéuticas.

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No sólo analiza de forma lineal cada particularidad metabólica del cáncer, sino que ofrece una visión global que relaciona los puntos débiles del enemigo. Es decir, no analiza sólo los “árboles” del bosque, sino que “comprende el bosque” en su conjunto: las sinergias e interrelaciones entre los puntos, que permitirán después deducir medidas combinadas, terapéuticamente óptimas.

Además, entiende que el cáncer no es sólo un hecho local, que los médicos atacan “militarmente” sin apenas consideración por el resto del organismo, sino que es siempre un hecho sistémico, que afecta al cuerpo en su totalidad.

Por eso el libro analiza también el impacto que todos los sistemas (hormonal, respiratorio, vascular, muscular, etc) tienen en el inicio y la progresión del cáncer, pero también el recorrido inverso: la influencia que ejercen los cánceres avanzados sobre todo el organismo.

Este libro será útil a quienes quieran entender de verdad en qué consiste esta enfermedad: no sólo a ciudadanos de a pie (enfermos, seres queridos, personas con ansia de saber) sino a científicos, médicos, sanitarios y propietarios de centros médicos que quieren ayudar de verdad a sus pacientes entendiendo a qué se enfrentan conceptualmente y deduciendo combinaciones de tratamientos realmente eficaces.

Ha sido un trabajo muy duro, pero está permitiéndome deducir medidas cada vez más eficaces que, con el tiempo y vuestra ayuda, conducirán a resultados aún mejores de los que muchas personas ya están consiguiendo.

Gratis para precompradores

Para aquellos que ya hicieron la precompra, la entrega es por supuesto gratuita y también todas las entregas futuras y posibles actualizaciones.

El precio se irá incrementando con cada una de las entregas futuras, así que comprar ahora os ahorrará dinero. Lo compréis o no, os pido que lo compartáis, porque tengo una familia muy egoísta, que tiene la necesidad de lujos constantes como, por ejemplo, yo qué sé: comer todos los días 😉.

La tardanza en la entrega

He dividido el capítulo en dos partes porque el número de páginas era enorme y porque la tardanza en entregar nuevo material estaba siendo excesiva. En la próxima, habrá un listado de todas las medidas prácticas que se deducen del análisis previo.

Soy dolorosamente consciente de la tardanza en actualizar el libro, y entiendo la frustración que muchos de los precompradores deben sentir, pero tengo motivos para ello:

Personales

Tras la muerte de Miriam pasé por un período en que me fue muy difícil continuar con el libro.

Soy mentalmente muy fuerte, y el trabajo siempre me ha permitido dejar a un lado los problemas personales, pero en este caso el trabajo era personal, un recordatorio constante de algo muy doloroso. Esa lucha mental fue persistente durante meses.

Me avergüenza hablar de temas personales, pero veo necesario exponerlos en este caso.

Conceptuales

Conforme avanzaba con el libro, entendía que mi ignorancia era enorme y que necesitaría profundizar mucho más en las particularidades conceptuales del cáncer si quería obtener algo realmente disruptivo y valioso. Tenía claro que no podía ofrecer lo de siempre y que mi objetivo era de máxima ambición.

Si mi objetivo es extraordinario, nada menos que curar el cáncer, no me queda más remedio que usar herramientas extraordinarias e ir donde muy pocos han llegado. Eso implica invertir más tiempo en conocer, afilando el hacha como nadie más la ha afilado.

Como consecuencia, he ganado mucho menos dinero del que podría haber ganado, pero el espejo me recompensa con creces, porque ya he conseguido algo nunca antes conseguido, incluso aunque el libro no esté finalizado.

Covid-19

Cuando en 2019 todo saltó por los aires, entendí que los de siempre, los que han estado detrás del freno al avance terapéutico en el cáncer, eran los mismos que dirigían este teatro global. Yo sí creo que el virus y la enfermedad Covid-19 existen, pero todo lo demás ha sido una farsa tras otra para manipular a la población.

Lo mismo que se ha venido haciendo en cáncer durante 8 décadas se ha puesto en marcha de golpe con Covid, condensado en dos años: la manera de silenciar y censurar tratamientos anticovid era la misma como se silenciaron y censuraron tratamientos contra el cáncer; la forma de malinterpretar conceptualmente la enfermedad es la misma que en el cáncer; la persecución contra quienes disentían de las versiones oficiales es la misma que en el cáncer.

Era la oportunidad de desenmascarar a los mismos farsantes y criminales, y de conseguir que muchas terapias anticovid salieran del ostracismo. Eso es de extrema importancia porque TODAS las medidas anticovid son beneficiosas contra CUALQUIER infección y contra CUALQUIER cáncer.

La importancia de ese hecho me obligó a enfocarme en la pandemia, porque TAMBIÉN serían de enorme importancia en el cáncer, aunque para muchos esa relación no fuera evidente.

El resultado fueron artículos con análisis que han servido para que muchas terapias tengan aún mayor evidencia antitumoral que antes: ivermectina, vitamina D, vitamina C, ozonoterapia (artículo 1, artículo 2), hidroxicloroquina y muchas otras, más una serie de artículos que completaré algún día y que tal vez reúna en otro libro (artículo 1, artículo2, artículo 3, genocidio por vacunas Covid).

Hagamos historia

En otro artículo dije que estábamos a las puertas de un reset de la oncología, uno que va en dirección opuesta al que intentan obligarnos los ingenieros sociales que nos gobiernan en todo el mundo.

Este libro implanta los cimientos conceptuales y de tratamiento sobre el cual podremos construir algo nuevo, pero sólo podrá ser útil si se usa en el mundo real: enfermos, médicos valientes y honestos y centros médicos con agallas, que deben afrontar la dura realidad de que sólo nosotros podremos solucionar este problema, que el sistema no sólo es incapaz de conseguirlo, sino que NO quiere solucionarlo, que es en realidad nuestro enemigo.

Yo estoy haciendo poco a poco mi parte y cumpliendo una promesa que hice hace años.

Hagamos historia nosotros, los ciudadanos. Hagamos que las cosas cambien.

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***

A continuación, adelanto el prefacio y la introducción que inician este capítulo del libro “Cáncer Integral”.:

Prefacio del capítulo “Metabolismo tumoral”

Durante décadas se nos ha instado a creer que el cáncer es un “poderoso enemigo”, tan enmarañado e indescifrable como sólo lo arbitrario puede ser.

Toneladas de científicos de pacotilla han usado la palabra “suerte” para racionalizar lo que no comprenden, subidos a una torre de marfil de ignorante orgullo. Culpar a la suerte quiere decir: “si nosotros no podemos descifrar este enigma es porque es insondable y debemos agarrarnos a algo para no culpar a nuestra incompetencia. No es porque el camino emprendido sea erróneo, no, es porque las ‘mutaciones’ son impredecibles y nos vemos obligados a usar máquinas caras, sistemas tecnocientíficos de última generación y nuevos fármacos cada vez más enfocados en las piezas genéticas, las únicas que creemos comprender”.

Esa asunción representa con precisión el memo cientificismo que nos asola. El hombre, convertido, tras el asesinato de dios, en un dios él mismo, pero no en un dios que demuestre, con sus actos, omnipotencia, grandeza, sabiduría suprema, sino en uno de quinta fila, atenazado por sus incompetencias, incoherencias, ignorancias e inseguridades, que trata de ocultar a base de arrogancia.

La visión de tantos “científicos” tratando de convencer de que saben lo que hacen, aún sería soportable si no trataran con aún mayor ahínco de ridiculizar las hipótesis que los contradicen y los desnudan. La “ciencia”, convertida en cuestión de fe, en cosa nostra de grupúsculos académicos, en reunión de manipuladores de probetas y perseguidores de ayudas y prestigio, en conciliábulo que confunde consenso con verdad, da risa, pena y asco.

En 2022, tras dos años de pandemia que han desnudado a la civilización occidental, “la ciencia” se erige en su principal símbolo de deshonestidad y estupidez. Una mera herramienta usada por el poder para justificar sus desmanes, gracias a décadas de caída constante en una espiral de corrupción.

El cáncer, la enfermedad tabú por excelencia, la reina de las dolencias, es el epítome de ese fracaso. Un gigantesco fiasco que permite ganar toneladas de dinero cada día a la industria más corrupta, mientras los enfermos permanecen atrapados en un limbo de miseria ética y cognitiva, donde deben confiar en las autoridades y donde tener criterio propio es desestimado y ridiculizado sin compasión.

Este libro, y muy especialmente este apartado, es el intento de decir basta por parte de un ciudadano demasiado consciente de lo que sucede: el cáncer es comprensible y es tratable, a condición de que quienes deciden cómo se define, cómo se investiga y cómo se trata, se aparten por las buenas o por las malas.

El metabolismo es la clave para tratarlo y ya existen las terapias que, combinadas, permitirían controlarlo a la mayoría de los enfermos.

Para vencer a un enemigo debemos antes conocerlo y eso implica investigar sus puntos débiles, aquello que lo convierte en vulnerable, pero quienes han estado al mando hasta ahora no tienen intención de derrotar a un enemigo cuya existencia justifica sus ingresos. La supervivencia del sistema que lucha contra el cáncer depende de que el cáncer siga siendo incurable. La ligazón entre dolencia y quienes “luchan” contra ella es abrumadora, solidificada durante 80 años, atrozmente envuelta en un halo de mitos, inyectados por los medios y por un estamento médico sectario, para que este status quo persista sin ir a ninguna parte, mientras a la vez consiguen convencer a miles de millones de seres humanos de que realmente hay alguna clase de avance.

Sólo nosotros, los enfermos y sus seres queridos, los ciudadanos cuya meta es realmente curar el cáncer, podremos torcer una tendencia que lleva décadas llena de inmovilismo y manipulación criminal.

Saben que conocer los puntos metabólicos es una terrible amenaza: contra el cáncer y, por extensión, contra ellos, que se nutren de esta inmovilidad conceptual y terapéutica. Por eso se opondrán con todas sus fuerzas a quienes nos dejamos la piel en conocer, con profundidad y criterio realmente científico, los puntos débiles del enemigo. Eso pone en peligro ingresos millonarios, pero, sobre todo, amenaza con derribar, con nucleares consecuencias, su abrumador entramado de ganancia y muerte.

Tratarán de hundirnos, pero les será difícil conseguir algo semejante cuando tienen delante este capítulo de este libro: 700 páginas de acumulación de hipótesis y conocimientos nunca antes escritos, basados en miles de estudios científicos, que ofrecen una visión completa, integral y descarnada del enemigo y que desvelan, como nunca antes, sus intimidades, sus puntos débiles y los medios para derrotarlo definitivamente.

Espero que camines conmigo en esta vía de descubrimiento y cambio definitivo en la historia de la humanidad.

Introducción al Metabolismo Tumoral

El cáncer es una exageración metabólica, una exuberancia energética y anabólica. Eso es algo que reconocen incluso los más acérrimos defensores del paradigma del cáncer como enfermedad genética.

Pero mientras estos consideran que primero suceden las mutaciones y luego las adaptaciones metabólicas, otros científicos tienen razones para proponer otra hipótesis: primero suceden las alteraciones metabólicas y, después, en virtud de mecanismos epigenéticos, se encienden y apagan miles de genes con el objetivo de adaptarse a la nueva situación.

Un vistazo al metabolismo del cáncer: rutas, enzimas, procesos catabólicos y anabólicos implicados. Fuente.

Durante décadas, el paradigma somático ha sustentado conceptualmente a la oncología y dirigido investigación y tratamiento. Según él, diferentes mutaciones en el núcleo celular conducen –todas ellas, y pueden ser miles- a cambios de comportamiento de la célula, que se transforma en neoplásica, y pasa a exhibir una serie de comportamientos comunes basados en proliferación sin freno ni control.

Ese paradigma se ha enfocado en las diferencias de los genes que, según él, son sucesos causales básicos de inicio de carcinogénesis para afirmar que, por todo ello, el cáncer es en realidad “más de 200 enfermedades diferentes”.

No se necesita ir muy lejos para percibir la inconsistencia de ese planteamiento porque, aunque fuera cierto que esas mutaciones nucleares son las responsables de la cancerización celular, incluso la oncología más oficial reconoce una serie de “marcas” que comparten TODOS los cánceres a pesar de proceder, según dicen, de muy diferentes causas genéticas.

En el año 2000 Hanahan y Weinberg propusieron seis marcas en un ensayo seminal y luego fueron revisadas en el 2011 y se han ido introduciendo más, hasta completar la actual lista de 10 marcas (libro).

  1. Señales de proliferación constantes
  2. Insensibilidad a las señales de freno de crecimiento
  3. Evasión de los mecanismos de vigilancia inmune
  4. Potencial de replicación infinita
  5. Inflamación tumoral
  6. Invasión de tejidos y metástasis
  7. Angiogénesis constante
  8. Inestabilidad del genoma y mutación
  9. Evasión de apoptosis y resistencia a las señales de muerte
  10. Desregulación de los procesos energéticos celulares.
Las marcas del cáncer. Fuente

Si nos enfocamos, por tanto, en el comportamiento y no en el origen, este es el mismo en todo cáncer y ya serviría para hallar dianas terapéuticas transversales en toda neoplasia. Enfocarse en miles de mutaciones que, aparentemente, son causa del mismo comportamiento neoplásico sólo tiene sentido comercial, para patentar tantos fármacos sintéticos como mutaciones existan, pero es un camino ineficiente para tratar.

Decir que el cáncer son muchas enfermedades al enfocarse en las diferencias no tiene sentido sin antes enfocarse en las similitudes. No tiene sentido si el objetivo es curar, claro, pero tiene todo el sentido si el objetivo es maximizar beneficios. Ambos fines son INCOMPATIBLES, por tanto.

Si las mutaciones del ADN fueran la clave, habría que enfocarse mejor en las del ADN mitocondrial, que analizaremos también más adelante, por ser mucho más inestable y frágil. Pero conducirían a problemas más acotados, a la patente de menos fármacos y esas mutaciones conducen siempre a problemas metabólicos.

Pero hay más: al analizar dichos comportamientos comunes descubriremos que provienen de las mismas características metabólicas que comparten todos los cánceres y que habrían permitido encontrar dianas concretas que atacar con ciertas moléculas y terapias, muchas de las cuales YA se conocen, aunque no se han trasladado a la práctica clínica, por motivos que explico en otro capítulo de este libro y que convierten a “la ciencia” en un asunto profundamente humano.

Además, comprobaremos que buena parte de las mutaciones descubiertas son, en realidad, adaptaciones posteriores que la célula neoplásica hace a cambios metabólicos PREVIOS. Todas las marcas del cáncer pueden explicarse en realidad a la luz de los cambios metabólicos COMUNES a toda neoplasia, no sólo la que habla de desregulación de procesos energéticos.

Por tanto, si los miles de mutaciones no son causas sino consecuencias, eso implica que los tratamientos en que se ha basado la oncología durante décadas han sido erróneos y habrán atacado demasiado lejos la cadena de causalidad, en vez de ir a la raíz. Algo a lo que la medicina ya nos ha acostumbrado con otras “dolencias diferentes”.

Las consecuencias de este descubrimiento son enormes. Implica que se pueden tratar TODOS los cánceres casi de la misma manera. No sólo eso, sino que descubriremos las raíces de casi toda dolencia crónica, lo cual nos permitiría librarnos a la vez de casi todas ellas, apoyándonos en conocimientos metabólicos e inmunometabólicos similares, salvo de aquellas donde el componente genético de nacimiento tenga mayor peso.

Ese paradigma choca frontalmente con el que la medicina ha instalado en la mente de varias generaciones de médicos, manipulados por una influencia de la industria cada vez mayor y apoyada en una “evidencia” profundamente corrupta. No es extraño que quienes tienen mucho que perder con este cambio conceptual paguen bien a difamadores. Tampoco que muchos médicos se rebelen contra la idea de haber sido engañados y haber dedicado muchos años de su vida a almacenar conocimientos subóptimos en muchos casos, completamente errados en muchos otros.

Las consecuencias son mucho más profundas aún, porque no sólo todos “los cánceres” tienen una raíz metabólica común, un posible origen causal similar, sino que éste puede rastrearse en casi todas las dolencias crónicas: diabetes, hipertensión, Alzheimer, Parkinson, enfermedades cardiovasculares, etc. Poco a poco, los estudios reflejan algo tan enorme que no podrá ser ignorado mucho más tiempo, pero que la industria trata con todas sus enormes fuerzas de enterrar para seguir ganando dinero a espuertas (estudio).

Si añadimos que la inmensa mayoría de las intervenciones prácticas realizadas en escenarios clínicos reales (un 94%) no están basadas en evidencia de calidad, comprendemos la dimensión del problema al que nos enfrentamos (estudio).

Hay razones y estudios que apoyan que existe una participación compartida entre los genes y el entorno pero, incluso aunque el inicio del cáncer no fuera debido en absoluto a problemas metabólicos (es improbable, pero aceptemos temporalmente barco como animal acuático), incluso aunque no pudiéramos justificar que el punto cero del cáncer, su inicio, fuera exclusivamente metabólico, el eslabón inmediatamente posterior al inicio del cáncer es, sin duda alguna, metabólico, y la progresión del cáncer sucede debido a factores metabólicos, controlables, medibles y de los cuales pueden deducirse numerosas acciones terapéuticas de orden práctico.

En este capítulo comprobaremos que el cáncer es un intento de adaptación de las células de un órgano a una situación metabólica excepcional, utilizando las armas ordinarias de la que dispone, y que eso no hace sino aumentar el problema. Soluciones que avivan el fuego construyendo una cadena desastrosa de círculos viciosos, una reacción en cadena que explica el crecimiento exponencial de las neoplasias malignas.

Demostraremos que, entre otras particularidades, la forma de utilizar el oxígeno, el balance redox y la manera de metabolizar los diferentes combustibles metabólicos para la obtención de energía y sustratos anabólicos diferencia claramente a las células neoplásicas de las células sanas, bien sea cualitativa o cuantitativamente. Gracias al conocimiento de esas y otras particularidades podremos deducir medidas terapéuticas basadas en hipótesis razonables.

Los datos de los que dispondremos serán a veces inconexos, ambiguos y hasta contradictorios, de forma que las propuestas de orden práctico nunca podrán estar sustentadas en una comprensión absoluta y cerrada, pero debemos asumir esa incertidumbre.

Porque los estudios que abundan en ese “nuevo” paradigma son ya demasiados como para ignorarlos (revisión, estudio, revisión magnífica de la revista cell: metabolismo de la célula tumoral: talón de Aquiles del cáncer, estudio: entendiendo la patogénesis del cáncer como remodulación metabólica, libro: apuntando al metabolismo del cáncer en la era de la oncología de precisión)

Algunos libros ya abordan el tema proponiendo atajar algunos “puntos de presión” similares a los que yo propongo en este libro, aunque mi intención es ser mucho más exhaustivo (libro)

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Antes de abordar las características específicas del metabolismo tumoral debemos entender, aunque sea de forma muy sucinta, cómo funciona el metabolismo del organismo.

El cáncer no es un hecho que suceda desligado de lo sistémico, sino que probablemente sea una respuesta a algún desequilibrio orgánico. A su vez, el hecho “local” que representa el cáncer termina por ejercer notable influencia en el cuerpo entero, poniendo a veces a su disposición recursos que deberían estar reservados para funciones habituales del cuerpo sano. La caquexia, que estudiaremos más adelante, es el ejemplo supremo de este hecho.

Analizaremos datos que nos permitirán concluir que una neoplasia es una especie de embrión aberrante que el organismo cree que debe nutrir y proteger y cuyo crecimiento cree que debe facilitar pero que, paradójicamente, lo conduce a su propia extinción.

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4 Comments

  1. Francisco Genil Màquez 11 mayo, 2022
    • Alfonso Fernández 12 mayo, 2022
  2. Alba 11 mayo, 2022
    • Alfonso Fernández 12 mayo, 2022

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